Skip to main content
Testimonios

UN PENSADOR ORIGINAL DEL RÍO DE LA PLATA

Hace un año, el 15 de noviembre, falleció Alberto Methol Ferré, historiador y filósofo con una larga carrera docente en Uruguay, su país natal. En el breve espacio de tiempo transcurrido desde su desaparición ya son numerosos los homenajes que han recibido su persona y su pensamiento. En Uruguay, José Mujica lo recordó al asumir recientemente la presidencia de la República, refiriéndose a ese gran proyecto de nación Latinoamericana “desde el Río Bravo hasta las Malvinas” al que Methol Ferré consagró la mayor parte de su vida. La Universidad de Montevideo ha inaugurado un ciclo de jornadas de estudio dedicadas a recorrer la visión histórica de América Latina de este prolífico compatriota, y en Argentina, donde Methol Ferré se sentía como en su casa, un simposio organizado por el Centro Cultural Charles Péguy de Buenos Aires repasó las etapas de su formación intelectual y los temas recurrentes de su interpretación histórica. Durante el 2010 Methol Ferré recibió el Premio Morosoli a la Cultura que otorga la Fundación “Lolita Rubial”, desde México y Ecuador llegaron distinciones y reconocimientos a través de sus respectivos embajadores en Montevideo, y el gobierno argentino le confirió la Orden de Mayo al mérito. A pocos meses de su desaparición comenzaron también a publicarse los primeros libros, el más reciente de los cuales, escrito por el español José Restán Martínez, sintetiza las grandes líneas del pensamiento de Methol Ferré tal como emergen de los escritos publicados en la revista Nexo durante el período en que fue su director. Asimismo, un grupo de amigos de varia nacionalidades le ha dedicado un sitio en internet – http://www.metholferre.com/ – que recoge su producción intelectual dispersa a lo largo y a lo ancho de toda América Latina.

Algunas evocaciones que se hicieron en el curso de este año captaron con precisión los aspectos más singulares del pensamiento de Methol Ferré. “Sabía mirar en perspectiva, tanto los fundamentos como las utopías –afirmó el cardenal Bergoglio recordándolo en una carta-, lo que hacía de él un hombre fiel a la realidad profunda de los pueblos”. Era así. Methol Ferré identificaba el origen de los procesos de transformación de las sociedades latinoamericanas captando en ellos las raíces ocultas. El encuentro-desencuentro de los pueblos ibéricos y lusitanos con las poblaciones del Nuevo Mundo, el mestizaje, la implantación de la Iglesia, la formación de las naciones latinoamericanas, la época de las dictaduras y de las revoluciones mesiánicas, el Concilio Vaticano II en América Latina, la modernidad, la globalización contemporánea y la integración de Sudamérica son solamente algunos de los títulos de un índice temático que podría ocupar numerosas páginas.

El brasileño Helio Jaguaribe, unido a Methol Ferré por lazos de amistad y de una vasta actividad académica, miembro de la Academia Brasileña de Letras desde 2005, definió a su colega uruguayo como “uno de los más eminentes representantes del pensamiento Latinoamericano”, el primero que ha relacionado “el crecimiento de las dos vertientes, Argentina y Brasil, en el proceso general de desarrollo del continente”. Eso también es muy cierto. Methol Ferré fue un precursor del Mercosur. Lo auspició al captar, en la lectura de la historia contemporánea de América Latina, la presencia constante de la dialéctica unidad-fragmentación que la atraviesa en las diferentes circunstancias históricas; lo propició – el Mercosur- buscando los elementos unificadores en el pensamiento del siglo XX latinoamericano; y de la misma manera valorizó los primeros intentos, comprendiendo antes que muchos el valor político y proyectivo de las primeras teorizaciones de Perón y Vargas en los años ’60.

La unidad fue la pasión declarada de Methol Ferré: “Para mí es uno de los temas esenciales, o bien es lo esencial de mi vida intelectual y personal”. El proyecto de unificación de América del Sud tenía para Methol Ferré una trascendencia histórica. A la luz de los avances y retrocesos en el mismo, juzgaba los programas ideológicos y políticos que el continente había ido adoptando desde que terminó la Segunda Guerra mundial en adelante.

Otro aporte sobre Methol Ferré, indudablemente comprometido, llega desde Roma a través del Subsecretario del Pontificio Consejo para los laicos. “Este sorprendente autodidacta ha sido el más grande y original pensador católico latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX”, afirmó el Dr. Guzmán M. Carriquiry Lecour, uruguayo de nacimiento, señalando la capacidad de Methol Ferré para “conjugar conocimientos teológicos, filosóficos e históricos en juicios sintéticos de rara potencia, capaces de abrazar las realidades más diversas y las más variadas situaciones para demoler críticamente las máscaras ideológicas y señalar caminos de transformación social más humanos”.

Methol Ferré estuvo estrechamente relacionado con el organismo de la Iglesia latinoamericana que por su mismo estatuto fundacional debía cumplir un rol preponderante en función de la unidad y de una visión global de la Iglesia en el continente. En 1969 le propusieron integrar el Departamento para los Laicos del CELAM. Fue el primer “seglar” que formó parte de una institución esencialmente eclesial con responsabilidad general sobre América Latina. Comienza para él una época de viajes, encuentros, seminarios y publicaciones que se intensificará en 1979 en la vigilia de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Puebla, México. Era el momento colegido por excelencia de toda la catolicidad del continente. Un momento de unidad y para la unidad. “En el ámbito católico, sobre todo el jerárquico, no era para nada normal “pensar” la América Latina como un todo, referirse a ella como a una sola realidad”, recordaba luego Methol Ferré. “Un obispo era en primer lugar peruano, argentino, mexicano o chileno; su horizonte se agotaba dentro de las fronteras nacionales”. Methol Ferré colaborará durante veinte años con el Consejo Episcopal Latinoamericano, favoreciendo en él esa apertura de horizontes que estaba tan en sintonía con el apostolado de los dos papas que amó, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Hijo, el primero, del Concilio Vaticano II, “que vació desde adentro la fascinación del mesianismo marxista volviendo a proponer la novedad del cristianismo”; e hijo, el segundo, “de un pueblo que ha llevado hasta sus extremas consecuencias el mesianismo comunista y el mesianismo racista derivados de Chamberlain y de Nietzsche, y que por esa razón estaba en condiciones de comprender a fondo el triste destino de la modernidad y también de dialogar con ella para salvarla”.

A un año de la muerte de Methol Ferré ya se está trabajando en la creación de cátedras universitarias que se proponen el estudio sistemático de su herencia intelectual. Herencia que consiste –tal como dijo el periodista Jorge Raventos- “en una pasión continental de búsqueda de nexos entre movimientos y países de la región, y de construcción de estrategias que proyecten a América del Sur en el concierto planetario”. Juan Carlos Espeche Gil, ex embajador argentino ante la Santa Sede, afirmó recientemente que Methol Ferré merecería “un título post mortem Honoris Causa de la Universidad Católica Argentina” y el profesor Héctor Ghiretti en la Revista Iberoamericana ubicó a Methol Ferré “en una posición única, no asimilable a la de ningún otro pensador o estudioso latinoamericano”. Julio Fernández Baraibar, escritor, lo llamó humorísticamente “el Hegel de la calle Brecha”, refiriéndose a la pequeña calle del puerto de Montevideo donde Methol Ferré transcurrió muchos años de su vida.

Methol Ferré es patrimonio del mejor pensamiento latinoamericano, del que los países de América Latina deben sentirse orgullosos.