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METHOL FERRÉ, UN HOMBRE PARA TODOS LOS TIEMPOS.

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Hugo Manini

            “Di tu mensaje y desaparece”, parecería resumir en una frase, la hirsuta filosofía de Nietzche, con un dejo de heroísmo inhumano. Alberto Methol Ferre en el momento de su muerte, el pasado domingo 15 de noviembre, a pesar de sus joviales ochenta años, tenía aun mucho para decir. Y su ausencia va a significar una pesada carga, y este si, un heroico desafío, para los que compartimos su devoción por la Patria Grande.
            Cuando sus sobrinos, Fernando y Diego, me comunicaron que estaba internado en un sanatorio sin posibilidades de sobre vivencia, me embargó un profundo dolor, y abandoné mi actividad de siembra para superar los 400 Kms. que me separaban del lugar donde se apagaba la vida de este formidable sembrador de ideas.
            En los días que precedieron al inexorable desenlace --fueron horas interminables- medité mucho sobre el significado de este hombre singular, que no medía el costo político de sus afirmaciones y que hubiera soportado el martirio antes que apostatar de de sus grandes verdades.
            Me sentí muy triste. Desde fines de la década del noventa, no transcurría una semana sin que nos comunicáramos, aunque más no fuera telefónicamente. ¡Que privilegio el mío, el de tener acceso tan fluido, a esta mente tan esclarecida! Más allá del parentesco político que tenia con Tucho, me unía a él, una amistad que había heredado de mi padre. Y me daba cuenta con tristeza, que se me cortaba el último contacto viviente que mantenía con aquella fecunda generación del 45.
            Lo conocí joven, cuando yo era aun niño. Allá a comienzo de los años 50, en medio de un grupo de mentes fermentales que alguna vez  le tocaba reunirse en mi casa. Carlos Real de Azua, W.Reyes Abadie, J.Claudio Williman, Pedoja Riet, Zunin Padilla, los hermanos Abadie Aicardi,etc. El mas joven de este grupo, y tal vez el más profundo era Methol Ferre. Sus reuniones duraban hasta altas horas de la madrugada en verdaderos torneos de aquellas inteligencias tan originales. Hablaban del Tercer Mundo. Discutían a quien le correspondería el liderazgo de esa nueva entelequia política, si a Tito o a Nasser (alguno mas audaz proponia a Mao). Todos  sentían admiración en el barrio suramericano por Juan Perón, Getulio Vargas y Paz Estensoro. Y dentro de fronteras creían  haber encontrado el referente, en un locutor de radio que se presentaba con el seudónimo de Chicotazo y movilizaba a las clases medias rurales…
            Tucho arrastraba desde su niñez una dificultad para hablar que se traducía en tartamudez. El siempre decía que eso fue lo que lo ayudo a pensar. Lejos de tomarlo como un estigma, él todas las veces que hablaba en público con la modestia que siempre lo caracterizó, lo anunciaba con sentido del humor, pidiendo disculpas al auditorio, por la paciencia que iban a tener al escucharlo.
            Toda disertación de Methol elevaba el nivel de los tópicos y despertaba un gran interés en la concurrencia. Apenas comenzaba a hablar se producía un absoluto silencio. Siempre fue de una generosidad desmedida con su tiempo. Conciente del arsenal de conocimientos que poseía, nunca desechaba una invitación, sobretodo si se trataba de hacer un aporte a la causa de la unidad Suramericana.
            Quisiera recordarlo en dos oportunidades. Una fue el 9 de septiembre del 2004 cuando lo invité --en mi calidad de dirigente del gremio arrocero- para que nos acompañara al Congreso para formar la Cámara Sectorial de la Cadena de Arroz del MERCOSUR en la ciudad de Paraná , como solución a un largo diferendo que manteníamos con los productores de arroz brasileños, sobre el libre tránsito de las mercaderías que se producen en el espacio común y las restricciones no arancelarias que pretendían restringir el comercio (de arroz) entre los miembros del Bloque. Tucho ya nos había acompañado en julio del 2001 a un encuentro en Rivera, que bajo el lema POR UN MERCOSUR AGROEXPORTADOR, intentamos tres años antes sentar las bases de cómo resolver el diferendo.
            Junto a las organizaciones gremiales de productores e industriales de Argentina y Brasil en el congreso de Paraná, iban a estar presentes las autoridades públicas de sus respectivos países, como era habitual. Por Argentina asistió el Gobernador de la Provincia de Entre Ríos y su gabinete, mas el Secretario de Agricultura argentino, y de Brasil el Secretario de Agricultura  de Rió Grande, el Presidente de IRGA, etc. En esa oportunidad nuestro gobierno no podía enviar a ningún funcionario para que nos acompañara. Y Methol que se desempeñaba como profesor de la Academia Diplomática de la Chancillería (aunque asistía a titulo personal), lleno ese vació.
            Hizo una disertación magistral, habló de geopolítica, citó a Ratzel que preconizó el fin de la era de los estados nación y el advenimiento de los estados continentales, de la importancia de los sistemas de integración vertical como el sistema arrocero uruguayo, de la industrialización apoyada en la escala que potencializaba la integración regional. Recordó el “Nuevo ABC” de Perón y Vargas y la bi-oceanidad con la participación del chileno Ibáñez. Cuando finalizó fue muy aplaudido. Había elevado el punto de mira y dibujado horizontes de grandeza, como para sublimar los parroquialismos de las mezquinas chicanas corporativas que enturbiaban las aguas del naciente mercado común. Lo siguió en el uso de la palabra, el Secretario de Agricultura  Javier Urquiza. No se si todos lo entendieron… El que se me acercó y me hizo un comentario acertado fue el Secretario de Agricultura de RG Odacir Klein y me dijo, el Profesor reveló una gran verdad, el martirologio de Getulio, el estadista que fundó el Brasil moderno, se debió a ese fato, quiso adelantarse a la época.
            La otra historia que quiero evocar fue un mes después, con motivo del homenaje a Jorge Abelardo Ramos, a los 10 años de su muerte. Había cultivado una gran amistad con el historiador y dirigente político de lo que se denominaba la izquierda nacional argentina. Lo comenzó a tratar con motivo de la vecindad del barrio Malvín, donde ambos residían. Posiblemente Ramos era en ese entonces un exiliado político.
            El homenaje se realizó en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, en la sala Jorge Luis Borges. Había  tres disertantes, el primero que habló fue el director de la Biblioteca Horacio González. El segundo Ernesto Lacleau, académico de la Sorbonne que viajó especialmente para el evento, y que hizo un análisis filosófico-ideológico del pensamiento de Ramos sobretodo en sus inicios. Estos dos primeros disertantes no despertaron mayor entusiasmo.
            Methol como era su costumbre se puso de pie y cerró el acto centrando su discurso en la obra cumbre de Ramos “La Nación  Latinoamericana”, de la cual sacó todas las analogías que mantenía con su pensamiento. La  espaciada sala estaba colmada, hasta los pasillos estaban repletos de gente. En un momento cuando Tucho comenzó a historiar aristas autobiográficas de su vida, de que a pesar  que su padre era blanco independiente, él se hizo herrerista por la firmeza con que el caudillo blanco rechazó las bases norteamericanas en territorio oriental, cuando fue a decir la palabra Japón se tranco en la “J” y permaneció unos segundos (que parecían minutos) con la lengua trabada. El público lo ovacionó con un cerrado aplauso. Luego de ese pequeño contratiempo, prosiguió con la amena disertación que duró más de una hora, seguido con más atención que antes .Y cuando terminó lo aplaudieron de pie por un buen rato. Como a los grandes divos del teatro. Al ver tanto entusiasmo pensé en aquello de que nadie es profeta en  su tierra…
            ¿Qué era Methol Ferre? ¿Un historiador, un ensayista, un filósofo, un teólogo, un geopolítico? Sin duda que su pensamiento incursionó en todas esas disciplinas.
            Pero por encima de todo era un Maestro. Era un pensador profundo que hacía pensar, que también hacía dudar para llegar a las grandes certezas existenciales. Tenía una increíble capacidad para leer el futuro, de anticiparse a lo que iba a ocurrir. Como los antiguos augures de las culturas mediterráneas siempre adivinaban en los ciclos humanos cual era la etapa que estaba por venir.
            Mas de una vez me decía, hay algunos compatriotas tan mediocres que me ven haciendo un camino zigzagueante. Yo siempre seguí el mismo derrotero. Abro uno de sus últimos libros que tengo sobre mi escritorio, “América Latina en el siglo XXI” que escribió junto a Alver Metalli y leo en su dedicatoria de puño y letra, “Este libro sobre mis dos amores (América del Sur y la Iglesia de Cristo) con la amistad…” Y sus dos amores se complementaban porque la posibilidad de lograr la unidad de esta (nuestra) América reposara siempre, en respetar los ingredientes básicos que la componen.
            Yo me convertí al cristianismo cuando tenía 19 años, solía contar Tucho. Mi padre era agnóstico, pero fue leyendo a Chésterton y a Unamuno que me hice católico. El primero me trasmitió la alegría por la vida. El segundo me hizo comprender su sentido trágico.
            Pero sería un simplismo imperdonable encasillar a Tucho Methol como un pensador católico-qué sí lo era- a secas. En ese camino rectilíneo que fue su vida, las praxis de sus opciones estuvieron siempre pautadas por los matices. El derrotero que trazó en su primer  juventud y que lo plasmó en la revista “Nexo” fue como la Cruz del Sur de los navegantes. Uruguay estaba llamado a ser el nexo entre los dos más grandes estados de América del Sur y de esa forma devolverle la unidad a la cuenca del Plata que sería el eje de la Unión Suramericana. Cuando se desvaneció su sueño de la Liga Federal de Acción Ruralista se encontró con “Nuevas  Bases” y de ahí la fundación de la Unión Nacional y Popular  (luego UP). La revista “Víspera” marcó otro jalón en su vida, desde allí pudo conciliar su fe católica con la nacional y lo popular. Y al constatar que esos ingredientes habían defeccionado de los partidos tradicionales, se constituyó en uno de los fundadores del Frente Amplio, y fue uno de los asesores del Gral. Liber Seregni. Pero siempre fue muy sensible en escuchar la voz de su conciencia y el vendaval de los sesenta no le hizo perder los puntos de referencia de su concepción cristiana de la vida. Se opuso con argumentos de mucho peso a la “teología de la liberación” y a la teoría del “foco”, postura que a la postre los trágicos desenlaces de la década del setenta le dieron la razón. A partir de la irrupción de los militares en el año 73 comienza su etapa en el seno del episcopado latinoamericano ocupando destacadas posiciones.
            Hay  un pensamiento de derecha y un pensamiento de izquierda. El de Methol desborda los casilleros de las tesis ramplonas, de los compartimentos estancos, de las teorías grises. Parafraseando a Goethe su pensamiento oxigenador de las ideas era verde y lleno de dorados frutos, como el árbol de la vida.
            Methol por su calidez humana, por su caballerosidad, era respetado y amado por todos los que lo conocieron. Por su dedicación y por su paciente apostolado en la magna tarea de edificar la Patria Grande, es un hombre para todas las estaciones.

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ALBERTO METHOL FERRÉ

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