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RESEÑA DE HUGO GIOVANETTI SOBRE "LA AMÉRICA LATINA DEL SIGLO XXI"

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ALBERTO METHOL FERRÉ (1929-2009)

Tener que prologar un fragmento de este libro con una despedida terrestre a su autor principal no es gracioso ni triste. Es trilce, diría Vallejo.

Pero el Tucho Methol vivía tan completamente lleno de Gracia que sería casi una traición obituarlo con una paginita donde no festejáramos el esplendor que irradian los crepúsculos empurpurados por la fe.

Y allá ellos, Señor: los que lloran mirando el cielorraso.

El Tucho vivía en un ex-palacio familiar construido durante labelle époque en la mítica proa de Brecha y Reconquista. Vale decir: incrustado entre el fantasma de la muralla perforada por los ingleses con el sadismo de quien viola un altar sanmariano y la desérticamente montañosa Torre de los Panoramas.

En los últimos tiempos alquilaba los dos primeros pisos y nos recibía en el cucho donde seguía dándose el lujo de agregarle el rebrillo de su cabeza propia al desmadre global. Y siempre sonriendo, antes y después de sus volcánicos tartamudeos.

Una cosa que le gustaba mucho era mostrar un cuadro de Guillermo Fernández,El ángel de Asunción, que su hermano del alma pintó para que lo protegiera durante un peligrosísimo viaje sotto voce que tuvo que hacer al Paraguay representando a la Iglesia en los años 70.

Y lo que más me gusta recordar a mí es un póster donde se lo anunciaba hablando junto a Juan Pablo II en un acto italiano.

Tucho fue un verdadero sabio de la tribu y su material ensayístico es maná, porque siempre manó desde la Voz Profunda que nos habita a todos con nuestras incanjeables facciones, siempre que tengamos la humildad de sondear en el espejo del estrellerío interior con pobreza de espíritu.

Y la pobreza de espíritu no se conforma con menos del atisbo de la arquitectura cósmica impregnando a los pueblos.

Alberto Methol Ferré -como Julio Herrera y Reissig- fue un matrero finísimo, y nunca buscó honores de pelucón ni dejó que lo arrearan los adoradores (disimulados o descarados) de la caca imperial. El oro, para él, era el color de la resurrección.

Nos gustaría entonces despedirlo recordando una estrofa de la milonga de Pino Solanas que cantó Zitarrosa en la película Sur:

Milonga del tartamudo / que siempre dijo que no / sigo pobre y no me vendo / la puta que los parió.

Pero siempre sin odio.

Hugo Giovanetti Viola.

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