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PROLOGO DE RAMIRO PODETTI A “ALBERTO METHOL. SU PENSAMIENTO EN NEXO” DE JAVIER RESTAN

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La revista Nexo, pese a su relativamente corta existencia –diecinueve ediciones en seis años- fue una singular plataforma de ideas y debates en la década de 1980 en América Latina. La investigación realizada por Javier Restán en 1992, a pocos años del cierre de la revista, representa una valiosa contribución a la recuperación y relectura de ese proyecto, de las redes intelectuales que lo animaron, y en particular de las ideas de Alberto Methol Ferré, su inspirador y director. La circunstancia de la muerte del original y libérrimo pensador uruguayo, el 15 de noviembre de 2009, nos ha privado de la posibilidad de contar con sus propias observaciones sobre esta obra, de la que puede decirse que es la primera escrita sobre su pensamiento, con la salvedad de estar circunscripta a Nexo, aunque es innegable la importancia que la revista tiene como fuente para ese estudio.

 

Por otra parte, la historia de Nexo, y en especial la elaborada reconstrucción y el análisis crítico al que la somete el autor, representa una contribución de interés para la historia de las ideas en América Latina. A pesar de que se trate de una historia circunscripta a los seis años que van de 1984 a 1990, los debates que se reflejan en Nexo corresponden a un período bastante más amplio, que podría enmarcarse entre 1950 y 1990. Es decir, representa el ciclo histórico correspondiente a la posguerra y en especial a la llamada Guerra Fría, con sus efectos y respuestas en la región.

 

El análisis de la revista en cuanto a su origen como proyecto, así como su organización, financiación, sistema de distribución, si bien menos importante desde una perspectiva de historia de las ideas, no deja de aportar datos relevantes, en especial en torno a la red de colaboradores latinoamericanos que contribuyeron a su realización y difusión.

 

Entre ellos se cuentan varios de los expertos que participaron activamente en la preparación y desarrollo de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla (1979), como Lucio Gera, Joaquín Alliende, Pedro Morandé, Gerardo Farrell o Luis Meyer. Desde este punto de vista, Nexo fue vehículo de expresión de una corriente de pensamiento que participó de un singular momento de la teología en América Latina. Restán alude a esa corriente utilizando la denominación que en su momento le diera Joaquín Alliende, como “escuela del Plata” o “escuela argentina”, y que por sus tópicos y enfoques ha sido también aludida como “teología desde la praxis de los pueblos latinoamericanos” (J. C. Scannone) o “teología del pueblo” (J. I. Saranyana, S. Politi). También se han señalado los aportes de esta corriente a la teología de la cultura (C. Galli), estrechamente vinculados con la teología de la historia, y se la ha llamado asimismo “teología de la pastoral popular” y a su enfoque, “históricocultural” (J. C. Scannone). Alberto Methol la definió en un texto de 1982 como la “línea nacional y popular” dentro de la Teología de la Liberación,[1] y la obra de Restán destaca de modo especial los esfuerzos de Methol por conectar su reflexión teológica con la “tradición nacional-popular” latinoamericana, al punto que el autor considera a Nexo como expresión de un “populismo católico”. Más recientemente, Methol aludió a este “núcleo” o “línea teológica” como aquélla que “puso el acento en la historia, en la religiosidad popular, en la cultura latinoamericana”.[2]

 

Tal vez sea conveniente precisar un poco más el aporte que el presente estudio de Nexo, por su propio contenido y por las amplias referencias que ofrece sobre su contexto eclesial, representa. Me interesa destacar en primer lugar la expresa voluntad del autor de recuperar una línea de pensamiento que no ha sido justamente la más recibida en Europa dentro de las manifestaciones de la reflexión teológica latinoamericana, entre otras cosas por su entronque con la “tradición nacional-popular”. Advierte por otra parte Restán cierta “incomprensión crónica” de la realidad latinoamericana debido a la aplicación de “esquemas que no responden al objeto estudiado”:

 

El pensamiento que se expresa en las páginas de Nexo es profunda e intrínsecamente latinoamericano, y por tanto no asimilable a muchos de los esquemas que se han tratado de imponer sobre la realidad del continente. Por ello siempre ha resultado un pensamiento incómodo, en cierta manera inasimilable y, en consecuencia, se ha silenciado o ignorado. Éste ha sido, en parte, el destino de toda la tradición nacional-popular latinoamericana.

 

Uno de los asuntos que ha sufrido esa incomprensión es el espacio significativo que desde estos pensadores se le dio a la “religiosidad popular” (o “catolicismo popular”, como a veces lo denomina Joaquín Alliende), y que los diferenció claramente de los teólogos de la liberación de influencia marxista. Ahora bien, Restán advierte, con acierto, que en Nexo no tuvo un destaque significativo el tema de la religiosidad popular; está presente, desde ya, pero no en proporción a la importancia que el tema ha tenido en esta línea de reflexión teológica. Más allá de las razones, tal vez circunstanciales, de este hecho, es conveniente reiterar –como lo hace el propio autor que el tema ocupa un lugar importante entre las ideas de Methol, tal como lo definía, por ejemplo, en su diálogo con Alver Metalli en 2006, citado más arriba, al distinguir los tres “acentos” de su pensar teológico: la historia, la religiosidad popular, la cultura latinoamericana.

 

Una referencia valiosa al respecto es el marco de análisis propuesto por Fermín Labarga García para las interpretaciones latinoamericanas de la religiosidad popular,[3] donde distingue cinco modos: interpretaciones desde la sociología, la historia y la antropología (Aldo Büntig, Enrique Dussel, Manuel Marzal), interpretaciones pastorales (Segundo Galilea, Lucio Gera, Fernando Boasso, Juan Carlos Scannone), interpretación culturalista (Alberto Methol Ferré), interpretaciones desde la Teología de la Liberación (Raúl Vidales, Tohikiro Kudó, Diego Irarrázaval) e interpretaciones teológicas (Alfonso López Trujillo, Javier Lozano, Joaquín Alliende, Maximino Arias).

 

Es de destacar la singularidad que se atribuye en este análisis a la manera cómo Methol asumió la cuestión de la religiosidad popular, al punto de recibir por sí sola la denominación de “interpretación culturalista”. Me permito transcribir in extenso la manera como Labarga define la cuestión, porque contribuye a mostrar el rol principal que jugó en el pensamiento de Methol:

 

En un ambiente teológico y pastoral en el que día a día iba haciéndose más importante la reflexión sobre la identidad cultural latinoamericana, Alberto Methol Ferré fue una figura clave. Gracias a sus estudios podemos comprobar la relación existente entre la religiosidad y la cultura, la historia y la identidad de Latinoamérica.[4]

 

Después de considerar los diversos aspectos bajo los cuales Methol trata la cuestión, concluye el autor:

 

Methol Ferré fue uno de los grandes valedores de la religiosidad popular entendida en el contexto eclesial y de su consiguiente revalorización que, según indicaba, ‘implica sacudir los prejuicios más asentados de las vigencias secularizantes de las actuales sociedades industriales. Nos exige una revisión a fondo de los significados de la imaginación simbólica, del mito y el rito, de la razón y la poesía, del gesto, el teatro y la fiesta. De la presencia de lo eterno en la historia, del sentido de la contingencia, del mesianismo y la mística, de política y oración. La religiosidad popular está en el engarce de teología y antropología, de naturaleza y Dios’.[5]

 

La importancia del tema de la religiosidad popular en las ideas de Methol, y del grupo de teólogos y pensadores que participaron de modo decisivo en la preparación de la Conferencia de Puebla, es manifiesta, pero además ha sido considerado uno de los rasgos que caracterizó la época. Según Juan Carlos Scannone, “el aporte universal de la teología latinoamericana en los últimos años puede quizás condensarse en dos conceptos: liberación y religión popular”.[6] Y al decir de Josep Ignasi Saranyana, la “teología del pueblo” otorga especial relieve a las categorías de “pueblo”, “cultura” y “religiosidad popular”.[7] Solo quiero agregar a estas consideraciones, que la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida –la primera realizada en un santuario mariano- retomó y amplió el tratamiento del tema de la religiosidad popular. En este sentido, se ha afirmado que Aparecida “representa el punto más alto en la consideración del magisterio sobre la piedad popular latinoamericana”.[8]

 

Es claro que el libro de Restán, sin ser una obra de teología, ha debido incursionar reiteradamente sobre conceptos de fuerte presencia en la reflexión teológica que se suscita en América Latina con posterioridad al Concilio Vaticano II. Era inevitable al ocuparse de una revista que nació vinculada al movimiento teológico-pastoral que animó la preparación de la Conferencia de Puebla y pretendió contribuir a la recepción de sus documentos y orientaciones.

 

Ahora bien, Javier Restán interpela muchos de los juicios de Methol, y ése es tal vez uno de los principales méritos de esta obra, que no es una recapitulación, ordenamiento y síntesis de las ideas presentadas en Nexo –lo que de por sí tendría ya un gran valor sino que al confrontar con ellas permite apreciarlas mejor e instalarse “adentro” de cada uno de los problemas. También permite discernir asuntos que hubieran requerido de mayor desarrollo y elaboración para su plena explicitación (que en algunos casos el autor conjetura que hubieran alcanzado ese necesario despliegue de no haberse interrumpido la edición de la revista).

 

Más allá del juicio sobre sus observaciones a algunos de esos conceptos, es altamente encomiable la voluntad del autor de interpelar a esa reflexión teológico-pastoral, de dialogar vivamente con ella, incluyendo sus propias dudas y objeciones. Tal actitud acredita notablemente su esfuerzo por recibir, desde una perspectiva no latinoamericana, esa reflexión; esfuerzo que luce muy coherente con las observaciones, ya señaladas, que el autor hace sobre los reparos que le merecen ciertas lecturas de la realidad latinoamericana.

 

Por otra parte, hay aspectos del pensamiento de Methol que seguramente se pueden comprender más ampliamente en el contexto de otras aportaciones de la “escuela argentina”, tales como la relación entre la Iglesia como “Pueblo de Dios” y cada pueblo particular, o entre teología y cultura. Un aporte sustantivo para ello ha sido la reciente publicación de los Escritos Teológico-Pastorales de Lucio Gera.[9]

 

Se trata de dos cuestiones sobre las que la reflexión teológica latinoamericana, y en especial la del cono sur, realizó algunos aportes reconocidos. En las palabras de Carlos Galli:

 

Es un dato evidente que la autocomprensión de la Iglesia como Pueblo de Dios es uno de los aportes nuevos y decisivos de la eclesiología conciliar. Este concepto, base indispensable de toda reflexión eclesiológica actual no ha sido, sin embargo, desarrollado de un modo homogéneo, profundo e integral –en la totalidad de sus dimensiones- por la eclesiología postconciliar europea. Pareciera que en este punto la Iglesia latinoamericana, a través de las conferencias de Medellín y Puebla, ha captado mejor aquella novedad conciliar y que la misma teología latinoamericana postconciliar ha hecho esfuerzos por desarrollarla, tanto en la línea de la llamada “iglesia popular” como en la línea de la llamada “pastoral popular”.[10]

 

En la indagación acerca de las causas del fenómeno, Galli trae a colación un comentario del propio Methol:

 

Desde una perspectiva latinoamericana, ya observaba Methol Ferré un cierto eclipse del tema del Pueblo de Dios en las eclesiologías de la pequeña comunidad y su desaparición en las teologías de la secularización, a la vez que proponía un nuevo desarrollo a partir de la Iglesia latinoamericana.[11]

 

Yendo al minucioso análisis que el libro ofrece sobre los contenidos de la revista, y haciendo una enumeración parcial de temas, deben destacarse 1) la interpretación del Concilio Vaticano II como recuperación de lo mejor de la Reforma y de la Ilustración, lo que implicaba también su superación y no su mera negación, como lo había hecho el tradicionalismo; 2) la afirmación de las raíces católicas de la cultura en América Latina, recuperando analítica y críticamente todos sus significados; 3) la interpretación del momento histórico latinoamericano en analogía con el Risorgimento italiano y el papel de laicos católicos en él; 4) la interpretación católica de la revolución francesa y el linaje del socialismo cristiano; 5) la interpretación de los movimientos “nacionales y populares” en América Latina y su enlace tanto con la generación arielista del 900 como con la tradición social cristiana europea; y 6) la revolución industrial latinoamericana como necesidad histórica.

 

La diversidad temática se corresponde con el propio perfil intelectual de Methol, quien se ocupó de asuntos teológicos cuanto de problemas históricos, sociales y culturales, con una envidiable capacidad de articulación. Más allá de estos tópicos, el análisis de los contenidos de Nexo resalta una y otra vez la importancia que para Methol tenían las genealogías intelectuales, un elemento útil para el descubrimiento de las “lógicas históricas”, tras las cuales iban siempre sus análisis y estudios. Es interesante apreciar por ejemplo cómo personajes de segunda línea como Philippe Buchez (adelantado del cooperativismo obrero y partícipe de la revolución de 1848 en París) pueden adquirir de este modo una luz insospechada.

 

Podría decirse que en Nexo se integraron las dos dimensiones principales del pensar de Methol: la teológica y la geopolítica. Puede resultar curiosa esta combinación, y de hecho es bastante original. En realidad no es fácil definir el pensamiento de Methol, por la diversidad de disciplinas que abarcó como por las distintas corrientes que lo influyeron. Por otra parte fue un autodidacta -vale recordar esa definición de sí mismo que solía ofrecer, la de un “tomista silvestre, sin academia y sin seminario”- y su relación con la teología creo deriva de un modo directo de dos circunstancias: una fe vivida de un modo muy explícito y consecuente, y el enorme impacto que en su persona tuvo el Concilio Vaticano II.

 

Creo que Methol da el tipo del laico católico del posconcilio, que asume en profundidad la idea del “sacerdocio universal de los fieles”. De allí la naturaleza de su compromiso con la Iglesia, que tiene vocación de incidencia, de una participación en la vida eclesial que sin desconocer la función del clero –lo que sería un contrasentido- se propone cumplir un rol mucho más activo que el que asumían en general los laicos antes del Concilio. Y justamente la razón de ser de Nexo era el apoyo a la difusión, recepción y aplicación de las orientaciones pastorales de la Conferencia de Puebla, pero como destaca muy bien Javier Restán, desde una ubicación totalmente laica. ¿Y cuál fue la razón de ser de su último libro, surgido de sus diálogos con Alver Metalli, La América latina del siglo XXI? Contribuir a la preparación de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, en 2007, también desde su condición laical y sin pertenencia a ninguna organización eclesial.

 

Pero, ¿cómo puede relacionarse esto con la geopolítica? Methol solía decir que la Iglesia le había abierto la mente a la comprensión de lo universal. Y más allá de su formación política juvenil bajo la influencia de Luis Alberto de Herrera, el gran caudillo e intelectual nacionalista del Uruguay, o de su temprana recepción de las ideas de Perón, a partir de conocer el proyecto del ABC que se proponía establecer una alianza estratégica entre Argentina, Brasil y Chile a principios de la década de 1950, creo que Methol halló también en la geopolítica la mirada universal que le atraía –y vale aquí recordar otra ironía sobre sí mismo, cuando se definía como un “especialista en generalidades”. Porque la geopolítica escapa a las percepciones hiperespecializadas -que dominan en profundidad un aspecto de la realidad pero al costo de aislarlo en extremo ya que integra la geografía, la cultura, la economía y la política; y por otro lado porque es una disciplina que nació tomando como asunto el acontecer global, considerando al mundo en su conjunto, discerniendo el rol de los “grandes espacios”, de los “grandes actores”, en ese acontecer.

De allí esa rara conjunción de Methol, que fue, puede decirse, un “militante del posconcilio” desde el punto de vista eclesial, y un abanderado de la “tradición nacionalpopular” latinoamericana desde el punto de vista secular. En la primera dimensión, fue partícipe de la corriente teológica ya mencionada; en la segunda, fue un intérprete consecuente de la tradición política en la que ubicaba en primer lugar a Víctor Raúl Haya de la Torre, y en la que incluía a Lázaro Cárdenas, Getulio Vargas y Juan Perón, y a la que enlazaba con la generación arielista, desde José Enrique Rodó a Manuel Ugarte y José Vasconcelos. Sus contribuciones escritas se reparten entre ambas perspectivas, aunque le quedó pendiente la elaboración de una historia contemporánea de América Latina, que seguramente hubiera ampliado y sistematizado su exégesis de la “tradición nacional-popular” de América Latina, y que fue su inquietud los últimos tiempos, sin que lamentablemente pudiera alcanzar a realizarla.

 

Más allá de cómo puedan articularse teología y geopolítica -algo que tal vez a algunos suene provocativo- es un hecho indiscutible que en ambos campos Methol pudo expresar su vocación latinoamericanista. Entendió que la recepción y aplicación del Concilio Vaticano II daba la oportunidad a la Iglesia latinoamericana de dar un salto en su crecimiento y madurez que era consistente con otros que debía dar en el campo secular; no había contraposición en ello sino convergencia. Usando la distinción del teólogo y filósofo brasileño Henrique de Lima Vaz entre “Iglesias-fuente” e “Iglesias-reflejo”, entendía ese salto como el de una Iglesia latinoamericana que había sido hasta entonces sólo reflejo, y que empezaba a caminar por el rumbo que para la Iglesia universal habían impulsado los últimos papas y que se había abierto con fuerza a partir del Concilio Vaticano II: el crecimiento de todas las Iglesias particulares.

 

Fiel a su estilo de indagar la actualidad desde sus raíces históricas –se valía con frecuencia de una frase que atribuía a Hölderlin: el origen de los procesos determina su naturaleza- llevaba el comienzo de ese rumbo, más allá por supuesto de los variados antecedentes que podrían señalarse, al mensaje que Pío XII irradió en la Navidad de 1945.[12] Veía en este mensaje, pronunciado en el año del fin de la segunda guerra mundial, el anuncio de una nueva época para la Iglesia. En las palabras de Pío XII:

 

En otros tiempos, la vida de la Iglesia, en su aspecto visible, desplegaba su vigor preferentemente en los países de la vieja Europa, desde donde se extendía a lo que podía llamarse la periferia del mundo: hoy día se presenta, al contrario, como un intercambio de vida y energía entre todos los miembros del cuerpo místico de Cristo sobre la tierra.[13]

 

Sin embargo, sostenía entonces Methol,

 

 [L]as afirmaciones de la “reciprocidad” mundial entre las Iglesias no eran todavía un hecho, sino más bien el programa de Pío XII. Pío XII se proponía poner o acelerar las condiciones para que esa reciprocidad fuera posible. Había que lograr que las periferias se fueran volviendo “centros”. Gestar una multipolaridad eclesial mundial unificada en Roma.[14]

 

Esta participación creciente en la Iglesia universal, ya no como mero reflejo, será la novedad de la Iglesia latinoamericana del postconcilio, que empieza a producirse en las conferencias del episcopado latinoamericano de Medellín y Puebla.

 

La otra dimensión latinoamericanista de Methol se inició en su juventud, cuando se sintió interpelado por el proceso histórico uruguayo y latinoamericano. Desde la primera época de la revista Nexo, a principios de los cincuenta, hasta El Uruguay como problema, en 1967, fue elaborando y reelaborando sus ideas en torno a la naturaleza, problemas e historia de la patria, que en su definición última, rodoniana y ugartiana, era la “patria grande”. Pero curiosamente es su experiencia de participación en el CELAM, entre 1975 y 1992 -donde integró el Equipo de Reflexión Teológico Pastoral, fue asesor de la Secretaría General y Secretario del Departamento de Laicos- la que le permitió perfeccionar su visión latinoamericana.

 

En la experiencia de Methol se conjugan entonces los dos procesos, el de una creciente autoconciencia de la Iglesia latinoamericana en el momento en que emerge como “Iglesia-fuente”, y el del latinoamericanismo que reaparece en lo que él llamará la “tercera ebullición totalizadora” del continente.[15] Esta tercera “ebullición” corresponde al proceso de integración, anunciado desde el arielismo pero comenzado realmente con posterioridad a la segunda guerra mundial y al que dedicó buena parte de sus esfuerzos intelectuales de la última década. Las dos primeras “ebulliciones” habían acontecido con la conquista y con la independencia. Tenían en común que habían generado procesos continentales, que aunque de algunas décadas de duración, habían marcado en cada caso un cambio de época.

 

Múltiples testimonios, registrados en sus escritos y en su constante y variado magisterio oral, dan fe de que la reflexión de Methol derivaba de su conocimiento y participación en esos dos procesos, ambos de alta significación histórica: uno que era parte de la historia universal del “Pueblo de Dios” y otro que era parte de un “pueblo” particular, el latinoamericano. Ambos, desde su convicción, en íntima unión, y que él existencialmente también reunía.

 

Antes de concluir, no podría omitirse aquí el valor que tiene este libro para el conocimiento de la obra de Alberto Methol, cuyo magisterio fue sustantivamente oral y cuya parte escrita se encuentra dispersa en infinidad de publicaciones, muchas de difícil acceso. Entre otras cosas que debemos a esta obra, no es vano señalar que asegura una mucho más amplia difusión de la parte de ese magisterio que quedó registrada en Nexo, una revista cuya colección no es hoy justamente de fácil acceso.[16]

 

Finalmente solo me queda expresar mi hondo reconocimiento y gratitud para con Javier Restán, ya que su investigación representa, para todos quienes nos sentimos unidos al legado intelectual y al testimonio de vida de Alberto Methol, un estímulo para seguir trabajando sobre los rumbos abiertos por él.

 

J. Ramiro Podetti

Montevideo, 25 de marzo de 2010



[1] METHOL FERRÉ, A. “Da Rio de Janeiro a Puebla. 25 anni di storia”: Incontri 4 (1982), p. 4.

[2] METHOL FERRÉ, A. y METALLI, A.: La América Latina del siglo XXI. Buenos Aires, Edhasa, 2006, p. 75.

[3] En el capítulo VI, “La religiosidad popular” de SARANYANA, J. I. (dir.), ALEJOS GRAU, C.-J. (coord.): Teología en América Latina. Vol. III, El siglo de las teologías latinoamericanistas (1899-2001). Madrid-Frankfurt, Iberoamericana-Vervuert, 2002, pp. 393-441.

[4] Ibidem, p. 415.

[5] Ibidem, p. 416. La extensa cita de Methol pertenece a: METHOL FERRÉ, A.: “Marco histórico de la religiosidad popular”, en CELAM: Iglesia y religiosidad popular en América Latina. Bogotá, CELAM, 1977, p. 19.

[6] SCANNONE, J. C.: Evangelización, cultura y teología. Buenos Aires, Guadalupe, 1990, p. 179. Cit. por Labarga, “La religiosidad popular”, en SARANYANA, J. I., ob. cit., p. 416.

[7] SARANYANA, J. I. (dir.): Teología en América Latina., ob. cit., p. 326.

[8] BIANCHI, E. C.: “El tesoro escondido de Aparecida: la espiritualidad popular”. Teología, Revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, XLVI, 100 (2009), pp. 557-576.

[9] AZCUY, V. R., GALLI, C., GONZÁLEZ, M. y CAAMAÑO, J. C.: Escritos Teológico-Pastorales de Lucio Gera. 1. Del Preconcilio a la Conferencia de Puebla (1956-1981) y 2. De la Conferencia de Puebla a nuestros días (1982-2007). Buenos Aires, Universidad Católica Argentina-Ágape, 2006 y 2007. Una excelente síntesis histórica y temática de esta corriente teológica es la ofrecida por SCANNONE, J. C.: “Perspectivas eclesiológicas de la ‘Teología del Pueblo’ en la Argentina”. En: CHICA, F. (et al, eds.): Ecclesia tertii millenni advenientis. Omaggio al P. Ángel Antón. Casale Monferrato, Piemme, 1997, pp. 686-704.

[10] GALLI, C. M.: “Tres precursores de la eclesiología conciliar del Pueblo de Dios”. Teología, Revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, 52 (1988) 171-204, p. 171.

[11] Ibidem, p. 171. La referencia de Methol proviene de METHOL FERRÉ, A.: “Actualidad de la Iglesia en América Latina”. En Conflicto social y compromiso cristiano en América Latina, Documentación CELAM 25, Bogotá, 1976, pp. 201-231.

[12] METHOL FERRÉ, A.: La Iglesia en la historia de Latinoamérica. Buenos Aires, Cuadernos de Nexo, 1987,

p. 3 y ss.

[13] Ibidem, p. 4.

[14] Ibidem, p. 4.

[15] METHOL FERRÉ, A.: “Nuestras tres ebulliciones totalizadoras”. Cuadernos de Marcha, Montevideo, 2001.

[16] Para los interesados en la historia de Nexo, cabe señalar que la revista aparece referenciada, con una descripción de sus colaboradores, propósitos y otros datos, en el capítulo IX, “Revistas teológicas de América Latina”, de la obra ya citada de SARANYANA, J. I. (dir.), Teología en América Latina, p. 581.

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