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AMÉRICA DEL SUR: UN ESTADO CONTINENTAL POSIBLE

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El pasado domingo 15 de noviembre falleció Methol Ferré. La prensa ha dato cuenta de esta pérdida para el país y para nuestra región y en el anterior número de BUSQUEDA se publicaron sendas cartas de las profesoras Bárbara Díaz y Lucía Cruz, que trasuntan cariño, lucidez y respeto por el magisterio de Methol. Asimismo, Guillermo Vázquez Franco, en BRECHA del pasado viernes 20 y Lincoln Maiztegui Casas, en El OBSERVADOR del sábado 21 han realizado dignas semblanzas de Tucho Methol.
            Quisiera sumar a estos homenajes, el mío propio, como parte de una generación en la que Methol ejerció una influencia formativa fundamental. Tucho dirigió mi tesis de doctorado sobre La política exterior en el Mercosur en la Universidad del Salvador, de Buenos Aires, y estuvo presente en su defensa pública, el 21 de abril de 2007. Corolario de un largo diálogo que había comenzado dieciocho años antes.
            Nuestra relación comenzó hace veinte años, en 1989, cuando lo conocí junto a otros jóvenes militantes universitarios, invitado por el profesor Elbio López, a participar en un diálogo con Methol en el colegio católico de Salto y Soriano. Mi único contacto previo con él había sido tan solo la lectura de un cuadernillo de la serie de “Nuestra Tierra”, de fines de los sesenta, sobre las corrientes religiosas en Uruguay. En ese momento, a fines de los ochenta, Methol dirigía y editaba la segunda época de la histórica revista NEXO, consagrada esta vez a desplegar una perspectiva histórico-política latinoamericana y católica.
            Methol ejerció en quienes allí estuvimos una inmediata fascinación. La originalidad de su pensamiento, la singularidad de su historia intelectual, y la reflexión sustantiva sobre el telón de fondo nada menos que de la globalidad mundial, de la ecúmene planetaria, (una actitud francamente subversiva frente a la raquítica modestia de un pensamiento limitadamente municipal, concentrado ombliguísticamente en problemas exclusivamente locales) convocaba naturalmente a quien, especialmente en la generosa juventud, aspiraba a comprender, a implicarse, a actuar, a servir.
            ¿Como había llegado Methol a esa notable auto-conciencia intelectual? Me lo pregunto muchas veces e identifico algunos factores: hijo de un una clase social ligada al comercio internacional de frutos del país, querido por sus padres, afectado de una tartamudez que lo hubiera predispuesto al aislamiento social, pero en todo caso a una percepción dolorosamente autoconsciente del mundo, Methol se empapó tempranamente en la vida política. A los quince años, dos epopeyas políticas lo marcaron para siempre: la interpelación herrerista que aventó la amenaza de las bases yanquis y la notable emergencia de las masas argentinas en respaldo al coronel Perón (el histórico “17 de octubre”). Comprender el pensamiento de Herrera, comprender el sentido de la epopeya peronista, en un contexto de transformaciones mundiales pasó a representar una tarea vital que seguramente el centenario de la muerte de Artigas, en 1950 contribuyó a agudizar. La revista Nexo, editada por él, Reyes Abadie y Ares Pons hacia 1955, testimonia el primer ensayo de una visión política e intelectual de marcos más amplios. En ese trayecto intelectual y vital tiene lugar un hecho decisivo, del que estas otras posturas, más o menos atípicas, eran una señal anticipatoria: su conversión al catolicismo, en el seno de un país laicista y hasta jacobino. Methol varias veces ha referido su conversión como su liberación de una historia nacional limitada a los marcos del Uruguay. Como cristiano –católico- Methol pasó entonces a formar parte de un pueblo universal y de una historia global, la historia de la humanidad. Su pensamiento se adensó y se diferenció a niveles intolerables para la tibia siesta de un país autocomplaciente, que se precipitaba por entonces en el tobogán de la crisis y de las luchas ideológicas entre oriente y occidente.
            Activo participante en el nacionalismo herrerista y en movimientos políticos terceristas (ruralismo, Unión Popular, Frente Amplio, siempre con talante herrerista) Methol se oponía en los sesenta a un frente político con el Partido Comunista, pues con lucidez advertía que, en el rígido contexto de la guerra fría y en el área de hegemonía norteamericana, la alianza con el partido pro soviético aceleraba el golpe de estado que se anunciaba en el horizonte tras la emergencia de la guerrilla. Tucho fue protagonista, a través de su entrañable amigo, Gutiérrez Ruiz, del intento para unir al PDC y al Partido Nacional, a los senadores Juan Pablo Terra y Wilson Ferreira Aldunate en el intento de alejar el peligro. Pero era muy tarde y las condiciones políticas volvieron imposible ese lúcido intento de un frente democrático, capaz de postergar o disolver la amenaza dictatorial. Advenida la dictadura, destituido Methol de su cargo gerencial en la Administración Nacional de Puertos, Methol pasa como asesor al Consejo Episcopal Latinoamericano. Si “El Uruguay como problema”[1] había sido su despedida al Uruguay, para comenzar a pensar en los marcos históricos contemporáneos, su periplo latinoamericano como asesor eclesial, concretiza aquella despedida. Una despedida que, claro está, sigue siendo un diálogo con el país y con su rol internacional de nexo, de bisagra regional, pero que cada vez más, sitúa al Uruguay en una reflexión más amplia, que permitiera inteligir las opciones y los derroteros históricos. Una frase de Luis Alberto de Herrera, refleja esa actitud intelectual: “las costas se defienden en alta mar”. No hay mayor compromiso con el Uruguay que salir de sus problemas para identificar su ínsita condición problemática, para intentar situarlo en los contextos contemporáneos en los que deberá procesar su itinerario. En este sentido, tengo un pequeño matiz de disenso con Maiztegui y con Vázquez Franco, pues “El Uruguay como problema”, pese a su centralidad en la trayectoria de Methol, es solo una estación: su madurez y su gloria intelectual están asociadas a la democratización y a la creación del Mercosur, y más recientemente a la creación de UNASUR. Tucho tuvo la alegría de vivir los últimos quince o veinte años de su vida, no solo en compañía de sus hijos de madurez, sino en un proceso histórico que ratificaba sus lúcidas percepciones. América Latina en el Siglo XXI, un diálogo con el periodista italiano Alver Metali, editado en 2006[2], da cuenta de su pensamiento de madurez. Finalmente “Los estados continentales y el Mercosur”[3], obra de 2009 (que presentamos con él exactamente un mes antes de su muerte en la sede de ALADI, con la presencia de su Secretario General, el ex canciller paraguayo Fernández Estigarribia), constituye un gran legado intelectual: la idea de que nuestra región –y también el Uruguay en ella- no tendrá destino en el siglo XXI, si no es capaz de transitar los caminos que la conduzcan a conformar una gran confederación continental que la incluya con vigencia en el mundo contemporáneo. Las condiciones de esa construcción, reservan un lugar clave a Uruguay como protagonista, en tanto sea capaz de encarnar (junto a Bolivia y Paraguay) su rol de gran frontera cultural viva entre la Argentina y el Brasil, que permita que los socios hispanoamericanos de Brasil, desarrollemos junto a él una alianza estratégica en gran escala.
            En este sentido, Methol nos sigue ofreciendo una hipótesis de resolución de los “problemas” del Uruguay: el acceso a los mercados, la relación armoniosa con la región, probablemente no tienen resolución planteados de manera atomística o recurriendo a la vieja y desgastada tecnología del enano gruñón -que no puede ser seriamente un planteamiento permanente de política exterior nacional- pero sí en el marco de una perspectiva estratégica que, desde hace ya una década el Uruguay ha abandonado.
            Esta muy breve semblanza quiere ser también el tributo a mi maestro, con quien he contraído una deuda intelectual impagable. Tal vez una posible estrategia de pago de esa deuda sea imitar su capacidad de estudio, de comprensión “a lo grande” de los marcos históricos y políticos contemporáneos, de profundo compromiso con el destino último de nuestra región y de nuestro país.
            A lo largo de su vida y hasta su muerte, Methol no dejó de consagrarse con conmovedora radicalidad a trabajar y profundizar en los temas que le daban sentido a su peripecia vital. Su testimonio no deja jamás de recordarme la magnífica frase de Sören Kierkegärd: “el colmo de la pureza es querer una sola cosa”. Y Methol, reunió en una sólida unidad su alma y su vida, al servicio de la Magna Patria de Rodó, nuestra América.


[1] Methol Ferré, Alberto (1967) El Uruguay como problema. Montevideo: Banda Oriental).
[2] Methol Ferré, Alberto y Metalli, Alver (2006) América Latina en el siglo XXI. Buenos Aires: Ediciones Edhasa.
[3] Methol Ferré, Alberto (2009) Los estados continentales y el Mercosur. Buenos Aires: Ediciones Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche - SADOP
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