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EN TORNO A "EL URUGUAY COMO PROBLEMA"

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CIEN AÑOS DE SOLEDAD y EL URUGUAY COMO PROBLEMA nacieron el mismo año. La novela de Gabriel García Márquez y el ensayo de Alberto Methol Ferré se editaron en 1967. Se estaban cumpliendo entonces casi exactamente cien años de soledad del Uruguay. Desde el "Drama del 65" -1865- la caída de la heroica Paysandú, la Guerra infame de la Triple Alianza contra el Paraguay y la consiguiente consolidación del Uruguay solitario. Los países de la Cuenca del Plata quedaron "cada uno en su casa" al decir de Herrera. Cada uno en el laberinto de sus cien años de soledad. Todos mirando al océano y amnésicos, olvidados de la frontera sudamericana, como esperando la pócima de Melquíades que les devolviera la memoria. Pero al mismo tiempo que se cumplía el siglo solipsista de la balcanización, se estaba acabando el Uruguay solitario.
            En la década del 60 soplaban fuertes los vientos de la latinoamericanización. Desde la CEPAL y sus propuestas de integración de América Latina para la industrialización y el desarrollo. Con los múltiples acuerdos de integración como la ALALC de 1960, en cuya conferencia preparatoria de 1959 participó Methol, URUPABOL, el Tratado de la Cuenca del Plata, el Parlamento Latinoamericano, la gestación del Pacto Andino, entre otras iniciativas unificadoras.
Al mismo tiempo la Revolución Cubana provocaba el deslumbramiento apasionado de las juventudes estudiantiles del continente de un modo contradictorio y contrapuesto al desarrollismo cepalino y los acuerdos regionales, pero en otro sentido convergente con la integración a través de la formación de una conciencia latinoamericana extendida como nunca antes desde la independencia.
También la Iglesia Católica a partir del Concilio Vaticano II engendrará su propia latinoamericanización que se manifestará en la teología latinoamericana, de la que Methol es un precursor desde la revista Víspera, y en Medellín y posteriormente en Puebla, donde Methol tuvo un papel protagónico.
El boom de la literatura latinoamericana será una de las manifestaciones culturales de este mismo proceso de reencuentro regional.
Aquellos vientos se iban convirtiendo en tempestades y la gran esperanza que esparcían iría acompañada de sangre y enfrentamientos convulsivos. En gran medida guerras calientes de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
En medio de ese clima de los años sesenta Methol escribe EL URUGUAY COMO PROBLEMA para despedirse del Uruguay solitario, desmembrado de la Nación latinoamericana. Así le llamó a Nuestra América su gran amigo Jorge Abelardo Ramos, a sugerencia de Methol. El libro le dice adiós a Lord Ponsonby, el inglés creador del Estado tapón uruguayo en el Plata, y vuelve a Artigas y su federalismo.
            La obra está dedicada a un argentino, Arturo Jauretche, y un brasileño, Paulo Schilling, como expresión del propósito de convertir al Uruguay en un nexo unificador entre argentinos y brasileños. Schilling y Erro habían hecho la primera edición. Methol refiere en la dedicatoria que con Arturo Jauretche habían proyectado hacer juntos un libro sobre geopolítica rioplatense. De ese emprendimiento frustrado nacen por separado "Política y Ejército" de Jauretche y "El Uruguay como Problema" de Methol.
            La tercera edición del libro que nos convoca se hizo en 1973 Buenos Aires con el título GEOPOLÍTICA DE LA CUENCA DEL PLATA y como subtítulo El Uruguay como Problema. Lo publicó don Arturo Peña Lillo, el chileno radicado en Argentina que se convirtió en el gran editor del pensamiento nacional. Argentinos, brasileños, chilenos y uruguayos aparecían desde el principio ligados a la peripecia de la obra de Methol, en sintonía con su significado esencial.
La edición argentina tiene un prólogo de don Arturo Jauretche en el que éste relata el vínculo profundo que mantuvo con el Uruguay desde su adolescencia. Sus exilios en Montevideo después de los Golpes de Estado en Argentina en 1930 y 1955 contra Yrigoyen y Perón. La incomprensión que experimentó tras el '55 en un Montevideo que no entendía a Perón y al peronismo. Cuenta don Arturo que aprendió a conocer al oriental verdadero un poco lejos de Montevideo, bajo el alero de algunos ranchos, al caer la tarde. Así le pareció ver en las cuchillas a la gente de Aparicio Saravia, revoleando sus ponchos blancos. Desde allí aprendió a conocer y querer a los montevideanos. En ese segundo exilio, a comienzos de 1956, el gran intelectual argentino se hizo muy amigo del joven Tucho Methol, uno de los raros uruguayos peronistas de aquellos tiempos, quien pocos meses antes había conocido en Buenos Aires a Jorge Abelardo Ramos, su otro gran amigo argentino.
            El gran afecto de Jauretche por su amigo uruguayo lo llevó a decirle al propio padre de Methol que si hubiera tenido un hijo hubiese querido que fuese Tucho. Aquél deseo de don Arturo en un sentido simbólico se hizo realidad cuando a través de su obra Methol se convirtió en un heredero intelectual, un hijo espiritual de Jauretche. Hijo espiritual de don Arturo y hermano intelectual de Abelardo Ramos desde el comienzo de su navegación latinoamericana.
            Estamos recordando los 40 años del libro del profeta Methol, como Gerardo Caetano lo llama a Tucho, porque necesitamos con urgencia reflexionar sobre nuestro presente y nuestro futuro. Hoy es más acuciante el mensaje de EL URUGUAY COMO PROBLEMA (título que rinde implícitamente homenaje al pensamiento de Pedro Laín Entralgo) que hace 4 décadas. Hace 5 años que el Uruguay se debate entre el TLC y los acuerdos bilaterales con Estados Unidos o la profundización del MERCOSUR y la unidad sudamericana. Methol ha dicho que un Mister Ponsomby texano quiere sustituir al Lord Ponsomby inglés para asegurarse una cuña contra la unidad sudamericana. Es que el "Uruguay es la llave de la Cuenca del Plata y el Atlántico Sur" como comienza diciendo el libro de Methol. Hoy es tan verdad como en tiempos de Lord Ponsomby, en 1828 o en 1967. Pero antes de detenernos en los desafíos del presente y para comprenderlo mejor quiero hacer algunas reflexiones sobre el libro que nos convoca.
            Methol se formó bajo el magisterio fundamental de Herrera, su lucha contra las Bases militares norteamericanas en el Uruguay, levantando el Principio de No Intervención, por la Tercera Posición –con su lema: "Ni la sovietización de las patrias americanas, ni una estrella más en la bandera de ningún imperialismo" - y la defensa de Perón y las masas obreras peronistas contra Braden. En consecuencia le dedica un capítulo fundamental de su obra al análisis del pensamiento de Herrera. Paradójicamente ese capítulo que lleva el título de uno de los libros de Herrera "El Uruguay Internacional", culmina con la despedida de Methol a Herrera. Sin embargo no se despedía Methol del viejo Herrera, con el que se había formado, sino del primer Herrera. Por fidelidad al viejo Herrera se despedía del primer Herrera. Aunque no queda plenamente explicitado en el libro, quizá porque el análisis que hace Methol se centra en el libro "El Uruguay Internacional" obra característica del primer Herrera y no del viejo Herrera.
            El primer Herrera está marcado por su formación probritánica y anglicana, en el Templo Inglés de Montevideo, bajo la influencia de su madre. A la vez pertenece a una tradición paterna blanca que no había aún reivindicado a Oribe y a Rosas. El primer Herrera estaba mucho más cerca de Urquiza que de Rosas. La tradición familiar probritánica se trasformó en admiración por la cultura y el pueblo de Estados Unidos, como lo evidencia el temprano libro de Herrera "Desde Washington". A pesar de ello esa obra desliza una advertencia contra el naciente poder norteamericano. Anuncia el amanecer de una "Nueva Roma" . Simultáneamente en despachos a la Cancillería uruguaya, no publicados en la edición original de "Desde Washington", expresa su alarma sobre la amenaza que la orientación internacional de Estados Unidos representa para los países de América del Sur.
            Sin embargo esta conciencia del poder imperial norteamericano naciente no desemboca para el primer Herrera en una política articulada en respuesta a ese desafío. Porque Herrera estaba al mismo tiempo obsesionado por la independencia del Uruguay, del Uruguay solitario, del Uruguay de Lord Ponsonby, y las garantías para ella. Veía el primer Herrera como garante de la independencia a "amigos poderosos y lejanos". Primero Gran Bretaña y luego Estados Unidos.
            La pregunta clavada en la frente del Uruguay que Herrera sentía como esencial lo hacía poseedor de una conciencia desgarrada entre la evidencia del poder y la amenaza norteamericana y la necesidad de un amparo para la independencia del Uruguay solitario. Esto se evidencia con intensidad en dos discursos parlamentarios que pronuncia con pocos días de diferencia.
            En 1914 cuando se produce la intervención norteamericana contra México, hay en el Uruguay una manifestación de estudiantes e intelectuales contra Estados Unidos. El gobierno de Batlle disuelve violentamente la manifestación. El diario El Día defiende el derecho a la intervención de los grandes Estados. Y Batlle manda a su Ministro a presentarle excusas al embajador norteamericano.
            Entonces Herrera desde el parlamento -junto con Beltrán- cuestiona duramente la acción de la policía al disolver la manifestación, cuestiona duramente la defensa del derecho a la intervención hecha por el diario oficialista, cuestiona duramente que el gobierno mandara a su Ministro a ofrecerle excusas al Embajador de Estados Unidos. Al mismo tiempo recuerda el pedido de Batlle y Ordónez a Theodore Roosevelt para el envío de una flota durante la Guerra Civil de 1904.
            Sin embargo apenas un par de días después el mismo Herrera hace otro discurso parlamentario en el que expresa su admiración por Estados Unidos, defiende la Doctrina Monroe y sostiene que la potencia norteamericana ha sustituido a Gran Bretaña como garante de la independencia del Uruguay.
            Parecen, vistos desde hoy, dos discursos de dos hombres distintos. El primer Herrera estaba tironeado entre la conciencia antiimperialista y la idea de que solo "amigos poderosos y lejanos" podían preservar la independencia del Uruguay.
            Ese es el primer Herrera que en cierto sentido es fiel a las ideas de Lamas y del que se despide Methol en su libro.
            Pero en 1928 Herrera publica el libro que probablemente marca el giro copernicano de su pensamiento y su trayectoria política. Un libro con el muy sugestivo nombre de "Sin Nombre". Se llamaba Sin Nombre probablemente porque Herrera se adentraba en territorios nuevos, ignotos, innominados, y dejaba atrás algunas de sus certezas anteriores.
            En "Sin Nombre" Herrera defiende a Sandino y cuestiona las intervenciones norteamericanas en América Central y el Caribe. Dice sin anestesia "Estados Unidos es el árbitro del mundo" y agrega casi a continuación "caerá ese imperio como han caído todos los que lo precedieron". ¿Era esto nuevo para Herrera? No. Ya había hablado de la Nueva Roma en 1902, más de un cuarto de siglo antes. En cambio señala la creciente caducidad de la Doctrina Monroe, doctrina que antes había defendido, y agrega que esto es así porque, cito textualmente : "las patrias del Sur, en apretada familia, se bastan solas". Repito: "las patrias del Sur, en apretada familia, se bastan solas" . Este es a mi entender el núcleo del giro del primer Herrera al viejo Herrera. América del Sur se basta sola. Ya no más "cada uno en su casa", ni más amigos poderosos y lejanos.
            ¿Por qué se produce este cambio en su pensamiento? Porque Herrera fue testigo del suicidio de Europa en la Primera Guerra Mundial. Y percibe y anuncia la inminencia del segundo suicidio de Europa en la Segunda Guerra Mundial. Tanto que dice en el libro de 1928 que Europa está en una "¡simple tregua!", porque, sostiene textualmente, "Europa está balkanizada". La expresión de Methol sobre América Latina que tanto escandalizó a algunos, ya la empleaba Herrera casi 40 años antes, nada menos que respecto de Europa. Aplicada a la totalidad de Europa y no meramente a la península balcánica. Es comprensible que viendo la catástrofe europea pasada y previendo la que se avecinaba quisiera evitarle al Uruguay y a América del Sur el mismo destino y dijera en consecuencia: América del Sur se basta sola. ¿Guiaba a Herrera un idealismo al modo de Rodó? No lo creo. ¿O un enfoque económico a la manera de Carlos Quijano que defendía la unidad latinoamericana para lograr un desarrollo autónomo? Tampoco parece ser el caso. Herrera tenía clavada en su frente la pregunta por el Uruguay en la forma de la interrogación por la independencia, es decir por las condiciones de la guerra y de la paz. Y es desde esa lógica que antes lo llevó a buscar "amigos poderosos y lejanos" manteniendo a "cada uno en su casa", para alejar la guerra y asegurar la paz, desde esa misma lógica es que llega a sostener, a la luz del curso histórico mundial, que América del Sur se basta sola en apretada familia. Más que la confianza lo guía la conciencia del peligro extremo. Y la conciencia de la necesidad de no repetir la experiencia europea. La balcanización europea.
            Esa conciencia se acrecentará cuando su pronóstico se cumpla con el segundo suicidio de Europa en la Segunda Guerra Mundial.
            Entre tanto verá una guerra sudamericana. La Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia, que lo conmueve hondamente y lo lleva al Paraguay. Así la conciencia del peligro del retorno de los tiempos revueltos del siglo XIX se acrecienta.
            En el mismo sentido lo empujan las intervenciones norteamericanas en América Latina. Herrera comprende que desde la balcanización europea -y en consecuencia desde la latinoamericana- no hay paz perdurable. No hay forma de evitar la guerra desde la balcanización.
            Desde este realismo geopolítico su conciencia anti-imperialista adquiere una nueva significación. La acumulación de las agresiones norteamericanas contra América Latina tomarán una nueva luz. Enfrentará a la Nueva Roma que ya había identificado en el 900, como luego a la URSS, desde una nueva perspectiva, con otra libertad. Quizás no hubieran sido posibles, al menos no exactamente de la misma manera, las batallas de Herrera por la No Intervención, contra la instalación de Bases militares norteamericanas en el Uruguay, y por la Tercera Posición, sin el giro del viejo Herrera fundado en el imperativo de una América del Sur que se baste sola.
            El "León" como lo llamaron a Herrera los servicios de inteligencia norteamericanos llega al último drama de su peripecia política cuando tras la victoria de 1958 el embajador de Estados Unidos se asegura con la complicidad de Nardone la marginación de Herrera del nuevo gobierno electo. Este final amargo es sin embargo un signo magnífico de la grandeza del viejo Herrera que muere fiel a sí mismo. Así como es la demostración de que los norteamericanos sabían muy bien quién era el viejo Herrera, el León. Y su discípulo Methol se despide del primer Herrera en EL URUGUAY COMO PROBLEMA precisamente por fidelidad al viejo Herrera.
            Quiero referirme a otro aspecto del libro. Al final del último capítulo de la primera edición y al final del epílogo de 1971 de la segunda edición Methol hace un pronóstico. Dice: "a despecho de las apariencias y de la distracción común, el Uruguay es virtualmente el punto más potencialmente explosivo de América Latina" y repite "para la década del 70 el Uruguay es el lugar más potencialmente explosivo por repercusión, de América Latina".
            Methol advirtió claramente, con mucha antelación, el advenimiento de la dictadura. Los uruguayos somos conscientes de los crecientes enfrentamientos de la época, la guerrilla, las medidas prontas de seguridad, la represión, el Golpe de Estado y la dictadura con todas sus trágicas secuelas.
            Sin embargo no forma parte claramente de la conciencia colectiva ni el fraude electoral de 1971, ni la amenaza de invasión de la dictadura militar brasileña, ni la concatenación de esos hechos con el Golpe y la dictadura.
            Hace ya 5 años que los documentos norteamericanos desclasificados confirmaron tanto el fraude electoral del 71 como el plan de invasión brasileña en esos años.
            Pero por alguna razón los uruguayos preferimos no pensar en eso.
            La dictadura militar brasileña operaba como el satélite privilegiado de Estados Unidos en América del Sur, tal como lo confirman los mismos documentos desclasificados. Nixon alentaba a la dictadura militar brasileña a regentear América del Sur en beneficio de los intereses norteamericanos. Sin embargo se evidencia en los documentos desclasificados que el plan de invasión brasileña al Uruguay preocupaba a los norteamericanos por la posibilidad de que generase un enfrentamiento entre Argentina y Brasil por el Uruguay. La rivalidad argentino-brasileña anterior a la Guerra Fría podía interferir con la lógica de la Guerra fría si ambas dictaduras militares aliadas de Estados Unidos se enfrentaban por el Uruguay. En consecuencia resolvieron el problema evitando la costosa inversión de una invasión, a cambio de la "caja chica" para un fraude electoral. Lo hicieron con apoyo de la dictadura brasileña y anuencia norteamericana, evitando así el riesgo de un enfrentamiento argentino-brasileño.
            Luego, poco más de un año después algunos de los militares que participaron de la maniobra del fraude, intervinieron en las dos etapas del Golpe en febrero y junio de 1973.
            ¿Por qué no pensamos a fondo en aquellos hechos? Quizás la resistencia a hablar del fraude se deba a pequeñas rencillas partidarias. Los beneficiarios colorados del fraude no quieren saber nada del asunto. Mientras que frentistas y blancos se sienten respectivamente incómodos. A muchos frentistas les incomoda reconocer que la víctima del fraude fue Wilson Ferreira. Y a muchos blancos les incomoda igualmente reconocer que el argumento esgrimido para instrumentar el fraude fue el crecimiento de la izquierda y el nacimiento del Frente, además de la acción de los tupamaros.
            En cambio es más difícil comprender por qué eludimos hablar claramente de la amenaza de invasión brasileña en aquella época.
            Pienso que la causa principal es que permanecemos prisioneros del imaginario colectivo del Uruguay solitario. El imaginario colectivo ponsonbyano se siente demasiado perturbado por la trama profunda de aquellos tiempos revueltos.
            Para mantenernos despreocupados necesitamos inevitablemente eludir el sentido de la advertencia del libro de Methol: El Uruguay es el lugar más explosivo de América Latina.
            Nos mantenemos prisioneros del imaginario colectivo del Uruguay solitario porque al fin de cuentas tampoco queremos reflexionar sobre el presente.
            Sobre las implicaciones de los acuerdos económicos y militares con Estados Unidos. ¿Por qué viene Bush al Uruguay? ¿Por qué vienen incesantes delegaciones norteamericanas? ¿Por qué se interesa el Comando Sur en el Uruguay? ¿Por qué tenemos 5 acuerdos con el Comando Sur? ¿Por qué se negocia con el Comando Sur la instalación de un Centro de Entrenamiento de Tropas multilaterales en el Uruguay? ¿A qué vienen los militares del Comando Sur? ¿A tomar mate y jugar al truco? ¿A tomar sol en la playa del Cerro y pasear por Laguna del Sauce?
            ¿O vienen porque "El Uruguay es la llave de la Cuenca del Plata y del Atlántico Sur" como comienza diciendo el libro de Methol y sigue siendo verdad en el 2007?
            Si es así deberíamos reflexionar seriamente al respecto porque la instalación definitiva de Mr. Ponsomby en el Uruguay puede implicar que volvamos a ser uno de los lugares explosivos de América Latina.
            Pero Methol nos enseña y nos incita a interrogarnos no solamente por el Uruguay y América Latina, por la lógica de los estados Continentales que desde fines del siglo XIX desplazan a los Estados nación como protagonistas de la historia, por la posibilidad de que un concierto de Estados Continentales conforme una Federación Mundial de acuerdo a una Geopolítica de la Solidaridad, para emplear la expresión de un amigo de Methol. También nos incita a pensar sobre el sentido y el fundamento de la existencia. Sobre la trascendencia.
            No logro recordar cuando conocí en mi infancia a Methol. No sé si lo vi por primera vez conversando con mi padre en mi casa, con su amigo del alma Guillermo Fernández, en el Café Sorocabana o en lo de Methol. Sin embargo tengo muy presente el primer impacto. Fue su inmensa biblioteca. A pesar de que en mi familia había grandes bibliotecas, la de Methol me deslumbró. Me recuerdo subiendo aquella escalera en caracol que parecía interminable hasta llegar en el piso más alto a una habitación tapiada de libros del piso al techo. En mi imaginación infantil era como la Biblioteca de Alejandría en la Torre de los Panoramas de Montevideo.
            Sin embargo pasaron varios años hasta que mi padre me diera una gran lección sobre Methol. En una época en que yo era un joven con más rebeldías que discernimiento mi padre una tarde me dijo pausadamente mientras tomaba un café y fumaba un cigarrillo negro : "Viejo, ¿te diste cuenta de quien es el Tucho Methol?" El sentido profundo de la pregunta y la forma en que me la hizo me dejaron mudo. Mi padre continuó diciendo: "Methol es un Hegel cabecita negra. Methol es un filósofo de la historia que piensa el sentido de la historia universal desde la periferia semi-rural de las márgenes rioplatenses y no desde el centro político y cultural mundial. Un pensador que concibe la dialéctica de la historia haciendo de la periferia un centro".
            Aquellas palabras marcaron para mi un nuevo descubrimiento de Methol, al que le siguieron otros, porque todo maestro como cada persona es inagotable.
            Algún día haremos una mesa redonda o quizás un seminario para ocuparnos del Methol filósofo de la historia y teólogo de la historia. Para analizar su obra "La Dialéctica hombre-naturaleza" –anterior en un año a "EL URUGUAY COMO PROBLEMA"- y las tres dialécticas entrelazadas que allí esboza: la dialéctica hombre-naturaleza, la dialéctica hombre-hombre y la dialéctica hombre-Dios. Los tres estados de la relación hombre – cosa, del "progresivo señorío humano sobre la cosa": la captura, la producción y el gobierno o administración de la cosa. La honda relación entre la dialéctica hombre –cosa, y la del amo y el esclavo, porque: "El hombre es señor en cuanto "para sí" y esclavo en cuanto "para otro"". Recordando a Aristóteles: "Si cada instrumento pudiese… trabajar por si mismo… los empresarios prescindirían de los operarios y los señores de los esclavos"
            Tendremos que analizar a la vez sus artículos en la revista Víspera precursores de la teología latinoamericana, citados como tales por casi todos los teólogos latinoamericanos. En particular el paradigmático ensayo teológico "Iglesia y sociedad opulenta. Una crítica a Suenens desde América Latina", con sus consideraciones acerca de la dinámica entre las iglesias ricas de las sociedades opulentas centrales y las iglesias pobres periféricas, pero también trabajos como "Ciencia y filosofía en América Latina".
            Será necesario estudiar la amistad y el diálogo de Methol con filósofos tan disímiles como el italiano Augusto Del Noce y el uruguayo Arturo Ardao. El trabajo de Methol sobre Emilio Oribe que Carlos Real de Azúa destaca en su Antología del Ensayo Uruguayo. Su conferencia "Los cuatro círculos de la Universidad", el estudio sobre la filosofía de la historia de Schlegel o su más reciente libro "La América Latina del siglo XXI", donde reaparece de otro modo el tema de la sociedad opulenta y la "la cornucopia permisiva", así como la distinción entre las "iglesias reflejo" e "iglesias fuente" que retoma de un modo diferente la dinámica centro-periferia .
            Podríamos intentar analizar ahora los rastros sutiles de la filosofía y la teología de la historia en EL URUGUAY COMO PROBLEMA, porque como dice el mismo Methol: "Todo historiador es filósofo a pesar suyo". En especial podríamos examinar la presencia en su libro de la dialéctica hombre-naturaleza. Particularmente a través del análisis económico sobre las sociedades rioplatenses y la renta diferencial agropecuaria. La metáfora acerca de una "cibernética natural", que Methol emplea y Jauretche en el prólogo destaca, es un claro ejemplo de la relación entre los textos metholianos del 66 y del 67.
            La afirmación entre hegeliana y evangélica: "Solo se ama a los iguales", nos exigiría un extenso análisis, pero nos llevaría demasiado tiempo.
            Permítanme en cambio que les lea una breve cita de otra obra de Methol que sintetiza su pensamiento. Dice así:
"La historia es efectivamente una lucha de poderes (que implican siempre determinados valores), una dialéctica diversificada, multiforme, de amigo-enemigo, donde el amor al enemigo es la crítica del enemigo, desde la amistad que hay en el enemigo, para destruirlo como enemigo y salvarlo como amigo. ¡Y en uno mismo habita el enemigo! Esta dialéctica está en la médula del Evangelio".
Allí está contenido gran parte del mensaje de su último libro, "La América Latina del siglo XXI".
            Que en uno mismo habita el enemigo lo dice magníficamente Methol en el poema que escribió hace pocos años para un hijo de su sobrino Fernando González Guyer. La poesía de Methol dice:
EL ORIGEN DE LA REALIDAD

Dato, Don, Regalo

a la comunidad humana

es la realidad

Fluidez del agua, el amor

Encierro sobre sí, el granizo

Nietzche decía que sólo podía

creer

en un Dios que supiera bailar

Pobrecito!

No supo que todos los santos

bailan con Dios los bailes más insólitos

Y esto también

querría el granizo

Lo aprendí de un poeta francés

hace muchos años


Una vez, en el café Sorocabana

en el kilómetro cero de la Plaza Libertad

el Tola Invernizzi me lanzó molesto

¿Qué es eso del infierno?

Le respondí

la infructuosa lucha

del granizo contra y por el agua

Por eso baila y golpea

Y por esto solo,

con el Tola

quedamos amigos para siempre.
            La anécdota memorable del diálogo en el Sorocabana acerca del encierro y el amor entre el pintor comunista y el pensador católico, que el poema relata, tuvo seguramente otra expresión en la pintura del Tola Invernizzi cuando este escribió con grandes letras en una de sus obras: CAZAR MISTERIOS.
            Methol nos enseña la dialéctica del encierro y del amor, del encapsulamiento demoníaco en nosotros mismos a la manera del granizo y la apertura hacia los otros y lo absolutamente otro, con la fluidez divina del agua.
            Methol nos regala en su enseñanza la comprensión del regalo de la realidad y la existencia como comunidad, para que no vivamos otros 100 años de soledad. Ni vuelva el Uruguay solitario, desgarrado de la Patria Grande. Ni padezcamos la multitud de los solos que esperan y desesperan, en una sociedad del desamparo global y nihilista.
            Porque no habrá otra oportunidad en la tierra latinoamericana para la estirpe de Francis Drake y Lord Ponsomby, pero si para la de Artigas, San Martín y Bolívar.
            Methol nos dona en su enseñanza el agradecimiento por el don de la existencia y el misterio de la lucha infructuosa y la insólita danza del granizo contra y por la lluvia.
            Muchas gracias querido maestro Methol, en nombre nuestro y en el nombre de los que ya nos están, porque la Vida es más fuerte que la Muerte. Como escribió Guillermo Fernández poco antes de morir, para "vivir nuestras esperanzas hasta su última gota".
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ALBERTO METHOL FERRÉ

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