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DEL ATEÍSMO MESIÁNICO AL ATEÍSMO LIBERTINO

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Entrevista realizada por Alver Metalli, año 2005.

Capítulo 5 del libro "La América Latina del siglo XXI", Edhasa, Marzo, 2006.

 

Del ateísmo mesiánico al ateísmo libertino

El suicidio del ateísmo mesiánico, el afirmarse del ateísmo libertino - Tirso de Molina, Valle Inclán, Mozart, Losey: distintos rostros del Don Juan - Un paradigma moderno: el "Divino Marqués". Del ateísmo aristocrático al ateísmo de masa - La exaltación de la corporeidad - La derivación sectaria - El recorrido de la modernidad y el desenlace nihilista: del Noce - La modernidad católica -Asunción y superación del ateísmo libertino - Relativismo y derechos humanos - Sustitución del enemigo en la conciencia de la Iglesia latinoamericana.

 

El ateísmo mesiánico -un protagonista del siglo XX en América Latina- ha desaparecido de la escena; no pudo traspasar indemne el umbral del nuevo siglo o, por lo menos, ya no es un actor incisivo e influyente en la representación histórica como lo fue en el siglo anterior. Su desaparición deja en primer plano un sujeto nuevo, que usted llamó ateísmo libertino.

No es fácil identificar bien, en su perfil más ordinario y corriente, este nuevo sujeto. En un momento pensé con cierto grado de aproximación que el enemigo sustituto -para la Iglesia, dando al término "enemigo" el significado ya explicado- hubiera resucitado en las formas primigenias del ateísmo occidental, es decir, las del ateísmo libertino.

¿Qué entiende usted por ateísmo libertino?

La palabra "libertino" fue inventada por Calvino. Alude a una forma atea de la libertad. Adquiere importancia y llega a su culmen en la sociedad cortesana del siglo XVIII: su apogeo se da en Sade, el "Divino Marqués"(1). Sade representa la exaltación y, al mismo tiempo, el agotamiento de un ateísmo de corte aristocrático: cuando Robespierre habla de ateísmo dice "El ateísmo es de los aristócratas; la revolución es deísta"(2).

Los distintos Don Juan literarios que se han representado en las distintas épocas pueden señalar la evolución del ateísmo. El Don Juan de Tirso de Molina(3) expresa un hedonismo aristocrático que no cree más en Dios; el Don Juan de Mozart(4) es mucho más ateo que el de Tirso. El Don Juan de Valle Inclán es distinto de ambos(5). Su Marqués de Brandomín es un seductor extraordinario pero, distinto del de Tirso, es feo, católico y sentimental. Pienso que no es casual que el Don Juan de Valle Inclán sea diferente de los otros donjuanes. El de Mozart es implacable, al menos en la buena versión cinematográfica de Losey(6); pero no sé si Mozart se reconocería en una criatura tan extremizada.

¿Por qué dice que ha pensado con aproximación que el ateísmo libertino pudiera ser el nuevo adversario histórico de la Iglesia?

Porque pensaba que un capitalismo -desde los años ‘60, apoyado más sobre el consumo que sobre el trabajo productivo- fuese orgánico al renacimiento de mitos consumistas. El libertinaje se difunde en las clases altas. Fue así en Europa, donde, durante las guerras de religión, adquirió una connotación escéptica. Frente a los cristianos que se asesinan entre ellos, sectores de la aristocracia renuncian a creer en aquel Dios por el que se masacran.El escepticismo desemboca naturalmente en libertinaje aristocrático. Sancho Panza, en cambio, es un hombre del pueblo, no vive de rentas, pertenece a la plebe. Es en todo caso, un cristiano pecador, no un ateo libertino.

Desde este punto de vista, el ateísmo libertino de un Sade es, sobre todo, "de consumo", factible en un mundo sumamente ocioso. Es necesario gozar de alguna renta para dedicarse al consumo "full time", a la búsqueda de la satisfacción estética, individual, caprichosa. Sade, de un escepticismo primordial, termina generando un verdadero sistema dogmático.

Un libertinaje dogmático es una contradicción de términos.

Sólo en apariencia porque, al final, el ateísmo libertino formula un sistema orgánico de reglas internalizadas por el sujeto, una visión del mundo coherente con las premisas de las que se nutre.

Usted ve en Sade una suerte de arquetipo.

El Marqués de Sade lleva el ateísmo libertino moderno a sus últimas consecuencias; es un "santo" al revés por la rigurosidad con la que empuja al ateísmo hasta el extremo de sus posibilidades. El ápice del eros es "sádico", el deseo absoluto termina en el crimen. No se puede ir más allá. Existen fariseos del cristianismo y fariseos del ateísmo. No es fácil ser cristianos, pero tampoco es fácil vivir sin Dios. Quienes dicen vivir sin Dios, en realidad viven de los restos de una éticaque supone a Dios. La inmensa mayoría de los ateos son de segunda mano.

Por eso pensaba que el ateísmo libertino, la forma primordial de ateísmo moderno,hubiese renacido en las sociedades de consumo capitalista y se expandiera en las formas más simples de hedonismo agnóstico, de consumismo sexista, en la multiplicación descontrolada e incesante de la pornografía, del erotismo y del placer inmediato. El eterno círculo del placer del poder y del poder del placer, en una rueda que se cierne en torno a sí mismo y que el "sadismo" sintetiza en sus últimas expresiones. En el ateísmo no existe un "más allá" de Sade. El mismo ateísmo de Nietzsche, en comparación con el de Sade, es un ateísmo adolescente.

No digo que Sade simbolice la única forma histórica del ateísmo; afirmo que es una de las formas que asume el ateísmo contemporáneo desde un cierto momento en adelante, como sustituto del ateísmo mesiánico que se había suicidado.

¿Dónde está la aproximación de la que hablaba?

En que el ateísmo libertino se transformó en un fenómeno de masas, y esto no me resultó inmediatamente claro en los años ‘60. El viejo ateísmo aristocrático se convirtió en un hedonismo agnóstico cuya lógica última es un ateísmo libertino de masas.

El viejo ateísmo libertino privilegiaba la comunicación personal, se transmitía por emulación en las clases altas, en las cortes; el ateísmo actual vive y se difunde en perfecta simbiosis, a través de la televisión y las nuevas tecnologías. La radio, sola, no realiza plenamente el ateísmo libertino: ser obscenos por radio no es lo mismo que serlo en imágenes. El mundo de las imágenes es orgánico al ateísmo libertino porque puede realizar completamente la apología del cuerpo sensible. En el ateísmo libertino no hay un espíritu que anima el cuerpo; el espíritu es espíritu del cuerpo.

La característica de la pornografía es que detrás del cuerpo no hay nadie; por eso no hay ni siquiera diálogo, no interesa saber quién es el otro, conocer su pasado, su historia, su trayectoria humana. El otro no tiene la consistencia de un Tú.El ateísmo libertino es la exaltación de la corporeidad, la apoteosis del cuerpo sin un tú, puesto al servicio ansioso del eros.

¿Por qué ansioso?

Porque el erotismo del que estamos hablando tiende a la sustitución infinita del objeto que desea ardientemente. Infinitos cuerpos poseídos infinitas veces y sustituidos.

Un psicólogo americano, John Condry, definió la televisión como "ladrona del tiempo, mentirosa emérita y sierva infiel"(7). Se sabe que la investigación sobre comunicación moderna que él condujo, impresionó mucho a un "maître à penser" del ‘900 europeo, adversario y demoledor de cada sistema de pensamiento totalitario, el austríaco Karl Popper. Usted agregaría al trinomio citado, que la televisión es también deformadora del erotismo.

Sería necesario reflexionar a fondo sobre las connotaciones de la televisión: tiene la ventaja indiscutible de ser menos conceptual y abstracta que la comunicación verbal y auditiva; es mucho más concreta, simplificadora y epidérmica. Cada imagen es un concepto en sí mismo y el concepto es siempre una síntesis última y definitiva. La imagen liga estrechamente, más que cualquier otro tipo de código, productos y significados, cosa y función, objeto y uso. Por eso el poder de la imagen asume dimensiones desconocidas en los procesos de la comunicación humana. De hecho, el mercado es el primer interesado en la imagen sexual.

El vínculo de la imagen con lo erótico es, diría, primordial. Por otra parte, lo vemos: lo femenino está en el centro de la comunicación empresarial, prevalece en el trabajo creativo de las agencias publicitarias. La hipertrofia de lo erótico que domina en nuestros días no es anormal en absoluto, es el exceso de un fenómeno. Por eso digo que el ateísmo libertino se conjuga con la imagen más que con cualquier otro medio moderno de comunicación.

Usted dice que el ateísmo mesiánico dejó todo el terreno existente en poder del ateísmo libertino. Si observamos lo que sucede en el continente, sobre todo en el norte, México y América Central, pero también en Brasil, en el sur, se diría más bien que el lugar del ateísmo mesiánico ha sido ocupado por los movimientos evangélicos y los cultos esotéricos.

El antecedente de las denominadas "sectas" han sido las "iglesias libres", iglesias no ligadas ni dependientes de estados nacionales determinados, que se habían anexado a varias iglesias de la Reforma, como ocurrió con el anglicanismo y con algunos países luteranos. Se puede hacer una colorida historia de las "iglesias libres", caracterizándolas en las distintas épocas, pero creo que hoy por hoy, las nuevas sectas -pienso en el carácter exuberante de su entusiasmo- entran en conflicto con el ateísmo libertino aún cuando, en cierta medida, dependan de él.

El de las sectas protestantes de matriz evangelista es un mundo a-histórico, donde la gracia es puntual, personal, irrumpe mecánicamente y con una verticalidad absoluta. Por esto, los adherentes a las sectas no tienen, normalmente, una conciencia histórica de conjunto, no sienten necesidad de tenerla: no necesitan una lectura histórica y por eso no la cultivan. Las sectas son un mundo sin historia. Sólo con historias individuales.

La alarma por la multiplicación de las sectas evangelistas comenzó a resonar en la Iglesia latinoamericana desde un determinado momento, quizás desde la III Conferencia General del episcopado en Puebla.

En verdad, desde antes. En la Conferencia de Río de Janeiro, treinta años antes de Puebla, se aludía al protestantismo y a los distintos movimientos hostiles al catolicismo que se empezaban a ver en acción en varios países(8). Luego, la atención de los participantes se desplazó hacia el espiritismo y la superstición(9). La segunda reunión plenaria de la Conferencia de Medellín se enfrentó con el gran desafío de "la injusticia que grita al cielo"(10) y el tema de la violencia, sobre el cual se pronunció con sorprendente claridad(11). Sólo en forma marginal trató los temas de los nuevos movimientos religiosos evangélicos. Puebla sí; la Conferencia trata las sectas en el tercer capítulo, reservado a "La realidad eclesial de hoy en América Latina". Con aguda autocrítica, los obispos notan que un cierto relativismo religioso favoreció la radicación de las sectas evangélicas(12). La alarma fue muy fuerte luego, en Santo Domingo, hasta en el discurso de apertura pronunciado por el Papa Juan Pablo II. Se dedica entonces un capítulo entero a las sectas fundamentalistas, donde se intenta clasificarlas, captar sus orígenes y dinámica interna, captar los distintos grados de peligrosidad(13).

Después de esto no hubo prácticamente reuniones de organismos eclesiales latinoamericanos -incluso de niveles menos comprometidos que las Conferencias Generales- no hubo documento o síntesis que no reprodujera la alarma frente a las sectas evangélicas. Todavía hoy sigue siendo el tema dominante en tantas reuniones de obispos. Parecería que los nuevos movimientos religiosos de matriz evangélica hubieran sustituido al marxismo mesiánico en la jerarquía de adversarios de la Iglesia latinoamericana. ¿Cree usted que el fenómeno evangélico sectario merece esta preeminencia?

Merece alarma y atención, pero en la medida en que sustituye al enemigo principal, el fenómeno de las sectas termina por ser sobrevaluado.

Es interesante notar que las sectas evangélicas reclutan y se expanden sobre todo en los sectores medio, bajo e indigente. Justamente donde se difunde, a su vez, el ateísmo libertino. Son una manifestación dependiente, no primaria. O al menos cumplen también este rol complementario. En cierto sentido, las sectas son una reacción contra la amenaza de la droga y la pornografía. La gente que va a "Pare de sufrir"(14) lucha contra estas cosas y lo dice abiertamente. Las sectas se expanden porque son una forma de lucha contra lo que se expande más, justamente, el ateísmo libertino con mayor virulencia. Éste también tiene, para las clases indigentes, la máxima suprema "pare de sufrir" que se traduce en la búsqueda del goce sensual frustrado. Las sectas buscan, por el contrario, el amor de Dios y lo proclaman como una especie de medicina infalible.

La vulgarización del ateísmo libertino, su omnipresencia, colabora con la paralela expansión de las sectas. Lo que domina al mundo es esto; es necesario tener conciencia y no perderlo de vista.

Entonces, ¿es un error hacer de las sectas el principal adversario de la Iglesia?

No hay que subestimar su peligrosidad. Incluso se necesitarían algunos estudios más rigurosos que los que se han hecho hasta ahora. Nos daríamos cuenta de que las sectas son mucho más tributarias de la pretensión iluminista de medir el Misterio, de poseer a Dios, de cuanto se piensa. Pero hoy -no quiero decir que siempre haya sido así- las sectas asumen un rol de redención de los estratos más expuestos como víctimas de la sociedad de consumo. Son como un remedio: se expanden por donde el ateísmo libertino genera más destrucción o, desde otro punto de vista, por donde tiene más éxito.

La devastación operada por el ateísmo libertino sobre los sectores más indigentes de América Latina induce a una respuesta que sustituya este fracaso. El ateísmo libertino sigue avanzando y es esto lo que no hay que perder de vista. El límite a su avance puede ponerlo solamente quien sabe captar esta instancia profunda.

¿Qué quiere decir?

Se puede decir también así: las sectas retroceden y mueren en el umbral de la universidad, es decir, de un pensamiento consciente de la totalidad. Los grupos evangélicos generalmente agudizan un aspecto del protestantismo: la falta de conciencia histórica; mientras que una fe consciente es siempre histórica, es conciencia de la encarnación, de la presencia salvadora de Cristo en la historia de la Iglesia como pueblo en camino. La universidad es lugar privilegiado para la maduración de tal conciencia universal e histórica.

Dice que el mundo de las sectas es a-histórico, que viven un puro presente contingente. ¿Qué significa? ¿Que no tienen un futuro?

Una cosa no es idéntica a la otra. De hecho, sobreviven multiplicándose, desaparecen y reaparecen, se diluyen y se vuelven a formar con otros pastores y otros profetas. Su presencia no practica una inteligencia del tiempo histórico; no personalizan y no cumplen una lectura de los signos de los tiempos, un análisis de conjunto, indispensable hoy más que nunca. Las sectas difícilmente conducen a una maduración estable. Son un lugar altamente transitorio, de pasaje. Realizan una erotización del ágape, de la gracia. El erotismo busca el éxtasis a través del eros; las sectas, a través del ágape; algunas filosofías orientales, mediante el aniquilamiento del deseo.

¿Qué relación tienen con esto las filosofías orientales?

Son simultáneas a este ateísmo del que estamos hablando, incluso temporalmente. Más aún: no es una casualidad. Buda es la contracara de Sade: la suspensión del deseo, la disciplina que controla las aspiraciones, la impasibilidad, la no pasión. Mientras Sade es la exacerbación infinita del deseo, Buda es la eliminación del deseo, el Nirvana. La exacerbación del deseo genera las antípodas: el control y el exorcismo del deseo.

Buda era un príncipe, un aristócrata, un Don Juan hindú si queremos, que llevó una vida de placeres en su juventud. Hasta que un día tomó conciencia de que esto generaba sufrimiento. La finitud del placer generaba un vacío angustiante, terminaba en sufrimiento. Así que Buda genera una disciplina espiritual para erradicar el sufrimiento, es decir, el deseo. Sin deseo, no hay sufrimiento.

Las prácticas budistas están orientadas a la eliminación de sí mismo como sujeto de deseos, para alcanzar la quietud, con una suave sonrisa irónica, señorial. En el fondo, el budismo es una ética "de señor", nacida en el mundo de las castas guerreras, de las aristocracias hindúes, no entre los brahmanes. Los hombres guerreros debían someterse a un entrenamiento profundo, hasta llegar al dominio sobre la muerte. Desaparecido el deseo, desaparece la muerte.

En nuestra época Sade y Buda se sostienen mutuamente. He escrito un artículo en el ‘95(15) donde decía que Buda era la otra cara de Sade, pero no percibía qué los unificaba.

¿Es una genealogía percibida por la Iglesia latinoamericana?

Como una sensación dispersa, no tipificada con claridad, no delineada en su perfil de fondo. Personalmente, creo que vendrá una época de gran sincretismo. La "aldea total" tiene necesidad de una religión que asuma el conjunto de las tradiciones religiosas mundiales.

Retomemos el razonamiento principal: culmina el ateísmo mesiánico en su vertiente histórica marxista y se afirma el ateísmo libertino.

El ateísmo libertino, en esencia, es lo contrario del ateísmo mesiánico. Éste busca y persigue la transformación de la Tierra, supone que instaurará la reconciliación entre los hombres, la libertad, la amistad en el seno de la historia del mundo; el ateísmo libertino es indiferente a la justicia universal, crítico con ese particular criticismo que no cree en nada, empeñado en la búsqueda del placer como mero placer.

En este sentido el ateísmo libertino es aliado de un poder de conservación, parasitario del statu quo que tiende a confirmar. Augusto del Noce lo vaticinó hace ya un cuarto de siglo, cuando sostuvo que la sociedad de consumo tecnológica digería el marxismo vaciándolo de su contenido mesiánico. Este es el modo en que veía transformarse al marxismo -en su actuación histórica- en un momento de la construcción de la sociedad tecnológica y opulenta. Y así sucedió.

¿Piensa que la sociedad latinoamericana de hoy se puede interpretar a la luz de Sade?

No estoy diciendo que la sociedad sea "sadista"; pero Sade es un paradigma en el que se lleva al límite una serie de comportamientos que sólo se comprenden a la luz de esta lógica extrema.

¿En qué comportamientos está pensando?

En la incapacidad de aceptar el sacrificio, por ejemplo, tan difundida en nuestros días. El sadismo siente el sacrificio -que en última instancia es dar la vida por el otro- como algo contradictorio. Para Sade la creación es una esencial autodestrucción permanente. El ateo libertino común pone el acento en el placer; Sade va más allá: el placer es un momento del aniquilamiento de la creación.

Acaba de decir que el ateísmo libertino es lo contrario del ateísmo mesiánico…

Ateísmo mesiánico y ateísmo libertino son dos polos antitéticos del ateísmo, se oponen y se atraen mutuamente. En un momento de su historia también el marxismo tuvo la tentación del amor libre, que luego rechazó. Brzezinski también entiende al ateísmo libertino que generan las sociedades opulentas, acuñando la imagen de la "cornucopia permisiva" de la que ya hemos hablado: cuando parece que la democracia liberal va a realizar su victoriosa expansión universal, es entonces que se dilata contemporáneamente algo que estaba en su interior y la devora.

Augusto del Noce fue más allá. Mostró la otra cara de la crisis descripta porBrzezinski: que la decadencia del ateísmo mesiánico -al perder éste su finalidad- se convierte, al mismo tiempo, en el final de la utopía coercitiva y se continúa en la sociedad opulenta, como materialismo vulgar. Marx pensaba que la ideología natural de la burguesía fuera el materialismo vulgar; del Noce afirma que la crisis del marxismo genera dos ramas: el materialismo dialéctico por una parte, revolucionario y mesiánico, y el vulgar de la sociedad victoriosa por el otro, que lleva la irreligiosidad a un grado máximo. La reflexión de del Noce sobre el ateísmo en la post-modernidad aporta un fundamento sistemático y filosófico a la percepción casi solamente política de Brzezinski, quien sostiene que en el instante de la victoria de la democracia liberal se erosiona la base en la que se sostienen los derechos humanos.

Post-modernidad es un término muy usado en ámbitos católicos latinoamericanos. Se utiliza, con frecuencia, con un significado omnicomprensivo, para decir que tal dificultad de la Iglesia, tal problema de los cristianos, tal crisis religiosa, dependen de la modernidad o de la post-modernidad. ¿Le parece un buen uso de esta palabra?

Me parece un uso pésimo. Del Noce, en efecto, no usa nunca este término de esa manera. En cambio, distingue el recorrido de distintas formas de modernidad, diferentes entre ellas y aún opuestas. Examina la modernidad de Descartes y habla de dos herencias del cartesianismo, allí donde éste atraviesa y moderniza anteriores corrientes de pensamiento; el nominalismo medieval cruza el cartesianismo y se transforma en el empirismo de Locke, Berkeley y Hume,por ejemplo, comenzando una nueva tradición. Del mismo modo, el averroísmo latino(16) atraviesa a Descartes y se transforma en Spinoza y en las tradiciones panteístas de Hegel, que derivarán en el materialismo de Marx.

Del Noce afirma que la modernidad se desarrolla bajo la hegemonía de las corrientes panteístas y materialistas, monistas, aunque terminen siendo dialécticas como en Hegel o en Marx, o empiristas y pragmáticas a partir de Locke hasta Dewey y sus sucesores. Pero existe una tercera modernidad que entra también en la tradición católica a partir del mismo Descartes, con Malebranche, Pascal, Vico, Rosmini, etc.

Del Noce, después de haber examinado el pensamiento católico moderno y su crisis, ve en la tradición ontologista cristiana la respuesta que supera y comprende a las demás, y que, al mismo tiempo, está abierta a una nueva filosofía cristiana de la historia que cuenta con una larga preparación, desde Vico, Sleger, Soloviev, a Maritain y a los grandes teólogos del siglo XX como Guardini, Danielou, Rahner, von Balthasar, de Lubac. Esta es su hipótesis. El tema es que la hegemonía está todavía hoy en discusión en todas las líneas filosóficas. Las dos modernidades no cristianas desembocan en el escepticismo, en el nihilismo y en el probabilismo moral. A mi modo de ver llegó el tiempo para una teología y una filosofía de la historia cristiana, globalizante.

¿Qué relevancia tiene lo que dijo de del Noce? Me refiero más a una lectura histórica que a una estrictamente filosófica.

Que mientras que en la opinión general se entiende a la modernidad en contra de la Iglesia, del Noce hace ver que el fundador del pensamiento moderno es un católico, Descartes. No concede paternidades diferentes y no permite que otros se apropien de él.

Existe una tradición empirista moderna, una tradición panteísta moderna que luego continúa en el materialismo, pero también hay una tradición moderna católica. Mientras que la historia de la filosofía escrita por contemporáneos excluye el hecho de que exista un pensamiento católico de la modernidad, y lo clasifica como pre-moderno, con del Noce es lícito concluir que la Iglesia no sólo se sitúa en el origen de la modernidad, sino que no perdió en absoluto una dimensión moderna, incluso cuando, en su seno, ha visto nacer una reacción antimodernista ante la persecución de la Revolución Francesa que, entre otros efectos, obtuvo el de reforzar el tradicionalismo.

Del Noce abrió paso a la reflexión sobre esta tercera corriente moderna católica; y desde esta línea realizó la mejor interpretación filosófica de nuestro tiempo: el suicidio de la revolución y el entronizarse del ateísmo libertino en la sociedad contemporánea y capitalista de consumo. Por lo tanto, es antihistórico pensar en la superación de la modernidad fuera de la modernidad.

¿Siendo usted latinoamericano, cuál es la utilidad del pensamiento de del Noce para entender la América Latina de hoy?

Me considero un tomista silvestre, sin academia ni seminario; para mí el epicentro de todo reside en el argumento ontológico: la inteligencia del hombre se crea ligada al esplendor de la idea de Dios.

En el último libro de Gilson sobre el ateísmo leí con enorme satisfacción y sorpresa una nota sobre el ateísmo en la que justifica el argumento ontológico, algo considerado como un exotismo para un tomista. Pero esta relación me permitió entender y unirme a del Noce en su reasumir la modernidad no como una línea hecha de pasajes sucesivos que conducen a la Iglesia, contra su voluntad, desde lo pre-moderno a lo post-moderno, sino de una Iglesia con sectores que atravesaron la modernidad modernamente, con otros que sí fueron tradicionalistas.

De esto resulta que no sólo somos los padres de la modernidad, sino que hemos co-participado en su definición -como ya he dicho, con el católico Descartes- no siendo perpetuos antimodernos pero sí en contra de ciertas tendencias de la modernidad. Los antimodernistas clásicos fueron los tradicionalistas del siglo XIX. Es una especie que se extinguió con el Vaticano II.

Insisto: ¿en qué sentido lo iluminó a usted el pensamiento de Augusto del Noce? ¿Qué le debe un latinoamericano a este filósofo italiano contemporáneo?

En primer lugar, me guió hacia una revalorización del barroco, considerando que el barroco europeo funda la cultura mestiza latinoamericana. El mismo Descartes es barroco, aún con todo el declamado clasicismo francés que sin embargo lo define, como hoy reconoce la crítica más autorizada. Me explico mejor: en el momento en que cae el Imperio Español, España pierde la Guerra de los Treinta años y comienza su decadencia; en este momento empieza a producirse la revolución intelectual de la ciencia físico-matemática por una parte, y la formación de los estados modernos por otra. El Imperio Español es periférico a ambos procesos. Esto significa que nosotros, latinoamericanos, somos hijos y herederos de la primera potencia global del siglo XVII justo en el momento en que se produce la modernidad científica que la ve desde los márgenes.

América Latina no hereda el barroco de Descartes, Pascal, Vico, Leibniz. Hubo restos en nuestras universidades del siglo XVIII y nada más.

A un adversario, a un enemigo, se lo vence superándolo, es decir, encontrando los límites de su posición y yendo más allá. Es una idea suya…

Así fue con la reforma protestante, así fue con el iluminismo secular, y luego con el marxismo mesiánico. Podríamos decir que se vence a un enemigo asumiendo lo mejor de sus intuiciones y yendo más allá de ellas. El error siempre funda su raíz en una insuficiencia que los hombres acusan a nivel de la experiencia sensible.

¿En qué sentido?

En que un error se vuelve exigente y sólo puede atraer por el bien que contiene, ya que los hombres, en el fondo, tienen un inextirpable deseo de bien. Si creen que en el error hay un bien, lo asumen así como es, como mezcla de lo justo y lo errado, de verdad y mentira, no exclusivamente como error.

El mal carece de consistencia propia. El error es un bien que se busca realizar en perjuicio de un bien superior. En este sentido, se transforma en la privación de un bien superior. El error es la sobrevaloración de un bien que en sí no es un absoluto. Por ello digo que el repudio del error implica saber cuál es el atractivo que el error ejerce a causa del bien que contiene.

¿Qué significa esta consideración para un historiador, o simplemente para quien quiera entender el presente de América Latina?

Señala la necesidad imprescindible de comprender el núcleo de bien que puede generar males. Un buen historiador debe entender el valor del error, o se condena a no entender la historia. En el fondo, así es en la vida de todos los días: si no me entiendo con mi mujer y pienso que ella comete errores de valoración al relacionarse conmigo, debo darme cuenta del fundamento bueno de su equívoco, si quiero tener alguna posibilidad de sanar el error que comete. Si es que hay error.

En el caso del ateísmo libertino, ¿qué debe asumirse y qué superarse?

La verdad del ateísmo libertino es la percepción de que el existir tiene un íntimo destino de gozo, que la vida misma está hecha para una satisfacción. Sin esta base existencial nadie soportaría el sufrimiento de vivir, salvo que sea sometido a terribles extremos de tortura. En otras palabras: el núcleo profundo del ateísmo libertino es una necesidad recóndita de belleza. La vida misma es gozo: una prostituta, una loca, un perverso, un asesino viven por lo que contiene de bello el mismo acto del vivir. La creación es buena: «Omne creatura bona», declamaba Jacopone da Todi.

Identificó el núcleo íntimo del ateísmo mesiánico en la exigencia de justicia, el del ateísmo libertino funda, dice usted, sus raíces últimas en la exigencia de una belleza.

Del placer de la belleza, se podría decir. Es decir, de una satisfacción. Es el acto mismo del ser.

¿Con qué apariencia se presenta esta exigencia?

La del ateísmo libertino es una satisfacción atormentada por la contingencia, por el sufrimiento, por el dolor. Por la indigencia. Es una satisfacción imposibilitada por la insuficiencia.

¿Qué es lo que provoca la distorsión? ¿Por qué se vuelve un ateísmo libertino?

Porque divorcia la belleza de la verdad y del bien (de la justicia); rompe la unidad de belleza, de verdad y de bien. De este modo, pervierte la belleza. La plenitud de la belleza es también la plenitud de verdad y de bien. Si no, es una belleza disminuida, indigente.

Una belleza sin amor como la del ateísmo libertino falla en el momento de reconocer a cada uno lo suyo, es decir, a nivel de la justicia.

¿Entonces la exigencia de la que usted hablaba es rescatada por la contradicción que le espera en un cierto punto del camino?

Este es el núcleo de la cuestión. El ateísmo libertino no cree en la justicia, no tiene causas que perseguir, defender, promover, excepto la búsqueda del gozo y de la imagen de belleza que se ha formado. Lo bello, sin embargo, tal y como se concibe en el ateísmo libertino, sufre una tergiversación, porque la esencia de lo bello es su nexo con la verdad y el bien; es inseparable de la primera y del segundo. Algo bello separado, arrancado, se vuelve esteticismo; vitalidad pura que afirma el placer a toda costa. Al final, se vuelve cómplice de la injusticia.

Se vuelve algo monstruoso.

En el fondo, elimina la consistencia del tú. No existe una persona, un ser real y concreto con el que relacionarse. El ateísmo libertino es una subjetividad que goza sin ley y sin otro límite que el erigido por los límites de la propia voluntad.

¿No le parece extraño tener que hablar de estas cosas? Hace veinticinco años, cuando lo conocí, los temas de diálogo eran muy diferentes. Se hablaba de revolución en Nicaragua, de guerrilla en El Salvador, del factor Cuba en los movimientos de liberación de América Latina, de los movimientos populares en Perú y en Venezuela, de teología de la liberación, del futuro del peronismo, de democracias y regímenes militares…

La revolución se ha suicidado, lo hemos visto, pero en los finales de la modernidad había otra cosa, de la que ahora estamos tomando conciencia. Agotada la respuesta panteístico-hegeliana-marxista de la utopía inmanente al desarrollo dialéctico, concluido el mesianismo del ateísmo, volvemos al punto de partida: el ateísmo libertino.

En veinticinco años hemos asistido a un cambio que, en otras épocas, hubiera tardado siglos en consumarse. La historia sufrió una aceleración impensable ante nuestros ojos de hombres contemporáneos. Y al final, lo que emergió, es algo que podemos calificar como "primordial"; en el fondo el ateísmo libertino, tal y como lo está presentando en estas conversaciones, es la gran alternativa a Dios. Paradójicamente, es como si la historia se hubiera simplificado.

El ateísmo mesiánico era una contaminación judeo-cristiana, el ateísmo libertino no tiene esta herencia, o la tiene mínimamente. El ateísmo mesiánico se proponía cambiar el mundo, el libertino es orgánico al poder. En regímenes democráticos desmoviliza al demos con una característica: lo transforma en reivindicación, ante todo del placer. El hedonismo en su límite se desentiende del otro; es la multitud de los solos.

Más exactamente, desmoviliza las reivindicaciones que caminan hacia un cambio verdadero y favorece las que refuerzan el poder.

Coloca la satisfacción universal como razón de libertad. Pero esto es contradictorio con un trabajo de construcción de la sociedad porque el fundamento radical de una colectividad es siempre el primado del tú y de la amistad.

Asumir y superar el ateísmo libertino quiere decir identificar el núcleo de verdad, oculto, y salvarlo de un destino inexorable y ruinoso.

San Francisco es uno de los ejemplos más extraordinarios de la belleza captada y reflejada en una figura humana histórica. En San Francisco la potencia de la belleza del ser es esplendorosa. Calvino no supera el ateísmo libertino, simplemente porque lo niega, lo rechaza, elude lo que lo mueve en profundidad. El ascetismo protestante, aún siendo generoso, no puede responder. El catolicismo, en cambio, sí puede hacerlo.

La mayor belleza es el amor. Y el amor es la unidad perfecta de verdad, bien, belleza. Es una atracción incesante, e incesantemente amenazada por su contrario. La vida es así.

¿Recurriría al término "nihilismo" para obtener el rostro moderno del ateísmo libertino?

El nihilismo es el "no" dicho frente a todo; el ateísmo libertino es el "sí" a gozar a toda costa. En este sentido el ateísmo libertino es más orgánico al poder, porque le ofrece el punto clave de instrumentalización: el eros y los placeres ligados a él se vuelven objeto de una mayor ganancia del mercado.

El nihilismo tiene en sí un disgusto…

…Una angustia trágica por el hecho de que el mundo sea como es, un horror por el hecho de que no tenga sentido. Para Sade el sentido es la autodestrucción; no tiene nostalgia de lo positivo.

La idea de rescatar el fondo de placer del ateísmo libertino para salvarlo exalta la misión de la Iglesia.

Históricamente la Iglesia es el único sujeto presente en la escena del mundo contemporáneo que puede afrontar el ateísmo libertino. No digo que siempre lo haya sido, pero un examen de nuestro tiempo me lleva a decir que hoy sí lo es. Para mí, la Iglesia es verdaderamente post-moderna.

El hecho es que rescatar el núcleo de verdad del ateísmo libertino no es posible humanamente hasta sus últimas consecuencias. No se puede hacerlo con argumentos o con una dialéctica; y menos aún lanzando prohibiciones, órdenes, y dictando reglas abstractas.

No puede ser una ideología que se opone a otra ideología.

El ateísmo libertino no es una ideología; es una práctica. A una práctica es necesario oponer otra práctica; una práctica autoconsciente bien entendida, es decir, intelectualmente preparada. Se debe entrar en relación con el ateísmo libertino a nivel experiencial o moral. La ideología puede ser la caricatura del pensamiento así como el moralismo es la caricatura de la moral.

En los ambientes eclesiales es muy usado el término secularización. A la luz de lo que viene diciendo, ¿se puede decir que el ateísmo libertino es una connotación, un componente esencial de la secularización moderna?

La secularización no comenzó con Sade, pero Sade es el rostro actual de la secularización, la etapa final del proceso que se vive en el imperio absoluto de la subjetividad, la afirmación más audaz del "todo está permitido".

Deténgase en esta idea de permisivismo, refiriéndola a América Latina. ¿En qué piensa? En la liberalización del aborto que toma cada vez más espacio en las legislaciones nacionales, en una cierta reivindicación de derechos civiles semejantes a los ya adoptados por la sociedad europea y estadounidense…

En esto y en otras cosas. Pensemos también en la idea de sacrificio y en su degradación. La oscuridad de la antropología moderna para definirla es sintomática, cuando el sacrificio es dar la vida por otro. En este sentido es la esencia de la amistad. Una sociedad se constituye solamente sobre la base de un sacrificio, el de dar espacio al otro. En el origen de toda construcción, para que pueda durar, debe haber una épica, es decir, un sacrificio.

No estoy diciendo nada específico; es una afirmación general que no sólo vale para la Iglesia sino para toda nación o pueblo. Se manifiesta hasta en la memoria estereotipada de las batallas de la independencia, que se celebran en nuestros países no como ejemplos de belicismo sino recordando una sociedad en la que hubo hombres dispuestos a dar la vida por la libertad de los demás.

El sacrificio es un salir de sí para cuidar al otro, hacer que se desarrolle. Donde no hay sacrificio no puede haber ni siquiera solidez en la existencia de la sociedad, ni inteligencia para construir un desarrollo eficaz y lo más justo posible.

Amistad y sacrificio no pueden estar disociados. En nuestras ciudades el momento de la adolescencia, es decir de toma de conciencia de la polis, está lleno de reivindicaciones que en el fondo tienden a remover justamente el sacrificio. Sin capacidad de sacrificio -lo mejor de sí mismos es amor e inteligencia, disciplina y perseverancia- nuestras sociedades latinoamericanas no sólo no mejorarán a nivel de convivencia civil, sino que no alcanzarán ni siquiera a progresar para desarrollarse.

¿Otra idea fuerte que tuvo el mismo destino triste que acaba de constatar en la idea de sacrificio?

La idea de fatiga en el trabajo. Se puede hablar del trabajo de muchas maneras, pero la experiencia muestra que en el trabajo la persona debe salir de sí misma y dedicarse a lo que está haciendo, por justo o injusto que sea, bello o feo. Los jóvenes ya no aceptan esto, ni en América Latina ni en otros lugares. Hay horror a la fatiga, al sacrificio, al peso de la realidad, a los riesgos inherentes al futuro. De hecho, en el ateísmo libertino "el otro" es eminentemente instrumental. Por ello es destructivo para una sociedad y atenta contra el desarrollo de un pueblo: desmantela las bases de una relación y de un trabajo humano.

Estamos hablando de la condición existencial más común de la sociedad de hoy, también en América Latina.

Común sobretodo -agregaría- en los sectores más pobres. No nos olvidemos de lo dicho: el ateísmo libertino de la primera fase de la modernidad, anterior a la Revolución Francesa, reaparece en la sociedad de consumo como agnosticismo libertino de masa. El ateísmo libertino aristocrático se apoyaba sobre condiciones de vida que lo ponían a resguardo de las necesidades, de las limitaciones. El noble podía permitirse concluir el ocio en el placer. La evolución hacia una sociedad de masa democratiza esta misma posibilidad. Pero no en todo el mundo. En países enteros y vastos sectores de la población resta el simulacro de sobreabundancia que genera frustración, y por lo tanto violencia. Bienes y servicios en cantidad desconocida antes en la historia se difunden en sociedades que siguen siendo desiguales económicamente. La frustración que de ello resulta es explosiva. De aquí, uno de los motivos de la formidable expansión de la droga a la que asistimos en las ciudades latinoamericanas.

En una sociedad aristocrática la droga es un epifenómeno, está ligada a las oportunidades, a ciertos momentos, la vida de un aristócrata no es una vida drogada. En nuestras sociedades la vida drogada es algo cada vez más normal. Sobre todo en los sectores empobrecidos, en sus jóvenes. Las favelas son bosques de antenas televisivas que difunden la imagen de un bienestar al que se tiene derecho, que debe ser accesible a todos. Pero con la imaginación, no en realidad. En la puerta hay un sustituto: la droga, su distribución y consumo.

Ha dicho que el ateísmo libertino destruye el fundamento de todos los derechos.

El derecho o implica una base universal o no se puede proponer como derecho; pero esta base universal se puede rastrear en la naturaleza de todos los hombres. Si cada uno es la ley de sí mismo, homo homini lupus. Justamente, el Papa Ratzinger observa que el relativismo conduce al totalitarismo(17). Hobbes ponía en evidencia que la lógica inexorable del ateísmo era la guerra de todos contra todos con la máxima: «La autoridad, no la verdad hace la sociedad». Lo que significa: cada hombre es libre autor de su propia ley, no forma parte de una común "ley natural", participación de la ley eterna, Dios. El ateísmo libertino es intrínsecamente relativista. Cada sujeto humano es dios de sí mismo, lo que significa la guerra de todos contra todos; el hombre lobo para el hombre, de donde nace la conocida sentencia de Hobbes: sólo el absolutismo, el poder que se impone, puede fundar la sociedad de los hombres. Hobbes fue el primer gran teórico ateo.

En el anticristianismo de las guerras de religión ha nacido Hobbes; la expansión del ateísmo libertino en la otra punta de la modernidad nos devolverá a Hobbes y al absolutismo. Se realizaría así la victoria de la "cornucopia permisiva" de Brzezinski.

¿A qué se refiere al hablar de "derechos"?

Los derechos implican el reconocimiento de una estructura ontológica común a todos los hombres, cada uno configurado por la participación en una misma ley o exigencia. Si hablamos de un hombre que no reconoce una ley común superior inherente a todo ser humano; cada uno será dios de sí mismo, una libertad absoluta. Por esto Sartre decía que el infierno son los otros.

 

 

(1) Donatien Alphonse François de Sade en el registro civil parisino, cuyo nacimiento está anotado el 2 de junio de 1740. "Divino" es el adjetivo que usa Valle Inclán al referirse a su Marqués de Bradomín, que ciertamente era un ángel en comparación con Sade.

(2) En este sentido, ejerce presión sobre la Convención Nacional, hasta que ésta proclame como religión oficial el culto al Ser Supremo, basado en el deísmo de Rousseau.

(3) Pseudónimo de Gabriel Téllez. En "El burlador de Sevilla" perpetúa el mito de Don Juan, que retomarán luego Molière, Mozart, Byron, Shaw. Tirso de Molina muere en Almazán en 1648.

(4) "Don Giovanni (o il dissoluto castigato)" se representó por primera vez en el Teatro Nacional de Praga el 29 de octubre de 1787. Se trata de la segunda de las tres óperas de Wolfgang Amadeus Mozart, basada en los escritos de Lorenzo Da Ponte. Éste elaboró su ópera a partir de Tirso de Molina, Molière, Goldoni e Bertati. Mozart, por su parte, llegó a crear musicalmente un personaje, el del libertino, con un señorío incomparable con el resto de los personajes.

(5) El nombre registrado en el anágrafe civil es Ramón Valle Peña. El personaje del Marqués de Bradomín pertenece a los años mexicanos de Valle Inclán, después de que una riña con el escritor Manuel Bueno le provocara la amputación de un brazo. Transformará este episodio doloroso en un motivo literario, a través del protagonista de las "Las Sonatas", el Marqués de Bradomín.

(6) El Don Juan de Joseph Losey es de 1979, y pertenece a los años del exilio. Joseph Losey, americano de La Crosse, Wisconsin, terminó bajo la mirada de la justicia a causa de sus actividades antiamericanas, junto con Bertolt Brecht. Tuvieron que abandonar los Estados Unidos y establecerse en Europa.

(7) "Ladrona del tiempo" ya que este estudio de 1993, contabilizaba una media de 40 horas semanales de exposición de los menores ante la TV, con 25 actos de violencia por hora; "mentirosa emérita" porque la imagen de la realidad transmitida por la TV resulta innegablemente distorsionada, tanto en los hechos como en los valores; "sierva infiel" porque la tarea de educadora que le fuera confiada por las familias tiene resultados absolutamente dañinos para el público infantil.

(8) Cfr. documento conclusivo de la primera Conferencia General del episcopado latinoamericano, punto 79.

(9) El primer parágrafo del punto 75 del documento conclusivo recomienda incluir "en los catecismos un capítulo especial sobre el espiritismo y sobre el mandamiento divino que prohíbe las supersticiones, la magia y la invocación a los muertos y a los espíritus".

(10) Pablo VI, Populorum Progressio n. 30.

(11) "Entre los distintos caminos hacia una justa regeneración social, no podemos elegir ni el del marxismo ateo ni el de la rebelión sistemática, ni mucho menos el del derramamiento de sangre y la anarquía" (n. 161).

(12) "Debemos confesar humildemente que en gran parte, incluso en muchos sectores de la Iglesia, una falsa interpretación del pluralismo religioso ha permitido la propagación de doctrinas erradas o discutibles con respecto a la fe y a la moral, generando confusión en el Pueblo de Dios" (n. 80).

(13) "La presencia de estas sectas religiosas fundamentalistas en América Latina aumentó de manera extraordinaria desde Puebla hasta nuestros días".

(14) "Pare de sufrir" es el slogan de la potente "Iglesia Universal del Reino de Dios" de origen brasileño.

(15) Alberto Methol Ferré, Desafíos del espíritu ante la hegemonía mundial del capitalismo, Montevideo, 1995; La revolución religiosa en el umbral del Tercer Milenio, conferencia en Belo Horizonte, Brasil, 14-18 octubre 1989, publicada en el libro Eclesiologie, Centro Publicaciones CELAM, 1990, Bogotá.

(16) Una orientación filosófica de la segunda mitad del siglo XIII. Hace referencia a Averroes, el principal intérprete de Aristóteles en la filosofía árabe.

(17) «Las teorías relativistas desembocan todas en la no-obligatoriedad y se vuelven muy superfluas, o bien pretenden una normativa absoluta, que hoy se sitúa en la praxis, erigiendo un absolutismo» (Conferencia sobre la situación de la fe y la teología).

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