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LA AVENTURA DE LA GLOBALIZACIÓN

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Entrevista realizada por Alver Metalli, año 2005.

Capítulo 2 del libro "La América Latina del siglo XXI", Edhasa, Marzo, 2006.

 

La aventura de la globalización

Colonización prehistórica, memoria y escritura. De la isla ecuménica al globo - España y el comienzo de la primera globalización autoconsciente - La partición católica de la Tierra - Del estado-nación al estado-continente: Ratzel - La visión unitaria: la generación latinoamericana del ‘900 - De los congresos universitarios a los movimientos nacional-populares - Los albores políticos del proceso de integración - Un latinoamericanismo católico - Hacia la ecúmene definitiva - Iglesia "fuente" eIglesia "reflejo" - La centralidad romana.

 

Globalización es un término moderno, de uso común desde hace poco tiempo. Las diecinueve comisiones en las que se subdividió la segunda Conferencia General del episcopado, en Medellín, durante 1968, tenían conciencia de una época que se terminaba(1); pero en aquel encuentro la globalización tenía como rasgo fundamental ser un "imperialismo internacional del dinero", en palabras de los obispos. Para alcanzar un uso más adecuado del término debe esperarse la Conferencia de Puebla.

Allí se habla de "desafío global", haciendo referencia a una nueva época de la historia humana(2). En el lenguaje de Puebla el término globalización se asocia a expresiones como "nueva universalidad" o "cultura universal", casi siempre percibidas como una amenaza que avanza, nivelando y uniformando(3).

La invitación del Papa Wojtyla en Santo Domingo -en el año 1992- a "escrutar los signos de los tiempos", impulsa a los obispos a ver en la "interrelación planetaria"(4) uno de los lineamientos principales también para América Latina, lo que los llevará a insistir sobre el valor positivo de la integración del continente. Pero Santo Domingo se inclinó a celebrar los cinco siglos del descubrimiento y la evangelización del continente antes que a entender el nuevo orden unipolar que se estaba consolidando. En este sentido, el término "globalización" sigue siendo nuevo para la Iglesia latinoamericana.

Es un vocablo que se populariza definitivamente en los años ‘90, también en la Iglesia. Comienza a adquirir ciudadanía a partir del intelectual católico canadiense Marshall McLuhan, durante el Concilio Vaticano II, con su conocida y ampliamente comentada perspectiva de la"aldea global", formulada en 1964(5).

En 1992, durante la Conferencia de Santo Domingo, el escenario ya era global: el colapso de la segunda potencia mundial, la URSS, era reciente, y el modelo económico neo-liberal-capitalista se imponía ideológicamente sin competidores; la misma China, heredera del mundo socialista, asimilaba a un ritmo cada vez más estable la economía de mercado y abría las puertas a los capitales occidentales…todo esto era fenoménicamente visible, pero no se percibía a fondo la estructura compleja del nuevo escenario mundial.

Antes del ‘89 el término globalización se teñía, a lo sumo, de una cierta alarma hacia una economía de mercado liberal con pocos frenos y todavía menos vínculos.

Pero fíjese bien: la economía de mercado tenía vigencia sólo en una parte del planeta; en el resto prevalecía el régimen de planificación centralizada del estado. Sólo después del ‘89 el término globalizaciónpudo designar con propiedad todo el conjunto, y entrar en el lenguaje común y corriente.

Por eso, en 1992, estamos todavía en los comienzos de la circulación de este vocablo.

Sin embargo, la palabra "globalización" designa una realidad no tan reciente.

El primer movimiento globalizador se representa en el largo proceso de difusión de la presencia humana sobre el planeta, que duró doscientos cincuenta mil años. Se trata de un fenómeno que se puede rastrear hasta los orígenes de la humanidad, con el homo sapiens que desde África Oriental se desplaza, a pie, hasta Medio Oriente, y luego hasta Europa y Asia, pasando por las islas de Indonesia hasta Australia; casi contemporáneamente una segunda corriente migratoria llega a Bering y desde allí a América.

Es la primera globalización mundial hecha a pie, lentamente, en el arco de decenas de miles de años, que la memoria humana privada aún de la escritura no pudo registrar y fijar en el tiempo como crónica. Sólo pocos hombres designados para esta tarea, una elite especializada en cada tribu, pudieron conservar repitiendo oralmente algunas memorias que alcanzarán, como mucho, algunos fragmentos de hechos de vida con 300-400 años; pero a medida que el tiempo transcurría, la historia conocida se deshilachaba hasta perderse en fragmentos, es decir, flecos de siglos de historia. Hasta que el hombre puebla toda la Tierra y, llegado un momento, inventa y perfecciona la escritura.

La escritura amplía en forma gigantesca la capacidad y la exactitud de la memoria; escritura y memoria son el secreto de la segunda globalización, esta sí histórica y autoconsciente. Además, no ya a pie sino sobre el océano. Las naves -carabelas, galeones, bergantines- convirtieron a Europa en el centro del mundo.

¿De dónde partiría para hacer entender, hoy, el extenso recorrido que está detrás del término globalización?

Desde Portugal y Castilla. Si la primera globalización, la que se hizo a pie, terminó en el continente americano, la segunda globalización, la oceánica, comienza justamente con América. Puede haber muchos otros puntos de partida, pero para nosotros, latinoamericanos, el más cercano es el descubrimiento. Cuando los españoles llegaron a estas tierras encontraron las ecúmenes inca y azteca, dos unidades con un determinado grado de desarrollo, en cierto sentido análogas al imperio romano, aunque no estuvieran tan avanzadas como este. Los españoles, tocando tierra en estas latitudes, se encontraron con Imperios que unificaban múltiples pueblos y variadas lenguas, como parte del movimiento que tendía a la paulatina reunificación de la ecúmene definitiva.

Globalización y ecúmene; ¿los está usando como sinónimos?

En cierto sentido lo son; la globalización moderna es la perfección de las ecúmenes antiguas, escasamente o para nada comunicativas entre ellas, como Europa, China, India, los Incas, los Aztecas. Aquellos sujetos históricos no podían saberlo porque no tenían una idea precisa de los límites del globo. Los Incas y los Aztecas dominaban grandes zonas(6), en cuyos márgenes estaban los "bárbaros", los "incivilizados"; ignoraban la existencia de otras ecúmenes; no tenían noticia de China, no sabían de la existencia de África, no podían imaginar la existencia de Roma; por lo tanto no podían pensarse sino como centro del mundo.

Es decir, se trataba de "islas ecuménicas", muy vastas en ciertos casos, pero siempre islas.

Entonces la globalización tiene como característica singular el que sólo pueda ser entendida a posteriori...

A posteriori, es verdad. Existe globalización cuando un círculo se cierra y se vuelve imposible que exista otro. Para el planeta Tierra, el círculo se cerró en los comienzos del siglo XX, excepto por los dos polos de hielo. Desde ese momento se debe hablar de una sola ecúmene mundial, hoy dividida en casi doscientas entidades estatales.

A fines del siglo XV, Castilla y Portugal rompen con el asedio musulmán y comienzan las grandes navegaciones oceánicas, emprendiendo la ruta hacia las Américas. ¿Está diciendo que este es el comienzo den la perfección de la ecúmene, es decir, de la globalización moderna para América Latina?

Esto se verá con Magallanes y con Elcano, un portugués y un hombre de Castilla. Ambos circunnavegaron la Tierra entre 1519 y 1522(7), cuando ya se tenía conciencia de que la Tierra era un globo, aunque todavía no se sabía bien cómo era. Por eso digo que nosotros, los latinoamericanos, estamos en el origen del descubrimiento del camino hacia la ecúmene total. La conciencia unificada del mundo comienza en el siglo XVI y madura en los grandes filósofos de la historia universal del siglo XVIII. Cuando Voltaire comienza a escribir una filosofía de la historia mundial, empezando con China -porque tenía noticias sobre este inmenso país de parte de los jesuitas que habían estado allí- tenía también algún conocimiento sobre África, y poseía información de todas las latitudes conocidas en la época.

Allí comienzan las historias mundiales, y se vuelve operativa la conciencia de poder transmitir un mensaje de redención de toda la humanidad; la Iglesia adquiere una mayor conciencia global y globalizante, y esto establece las condiciones para un rol más incisivo en el devenir de la historia universal como conjunto de lo visible y lo invisible.

¿Cuándo sucedió el cierre del círculo del que usted habla? ¿Cuándo se puede decir que este cerco se cerró?

Cuando Colón descubre "la isla América" -la consideraba como una antesala de las Indias de Oriente, y murió sin saber que había encontrado un continente nuevo- surge la disputa por la repartición. En realidad, la disputa es anterior, existe ya en la competición entre Castilla y Portugal para llegar al otro extremo de la "isla mundial", es decir, a China y las tierras de las especias. El tratado de Alcaçobas,del 1479, trece años antes del descubrimiento, realiza una primera repartición: Castilla reconoce que la ruta africana es de los portugueses empeñados en la búsqueda del pasaje interoceánico hacia las Islas de las especies asiáticas; Portugal reconoce la soberanía de Castilla sobre las Islas Canarias, ignorando que el sistema de vientos y corrientes marítimas la convertían en la puerta de acceso a América. Cuando Colón vuelve de su primer viaje, explota el litigio entre Portugal y Castilla, y para dirimirlo, los dos reinos piden el arbitraje del Papa.

Confían a Alejandro VI la correcta y definitiva interpretación de los alcances del tratado de Alcaçobas, un poco como hicieron Argentina y Chile en la disputa del Canal de Beagle(8), si queremos establecer una analogía con este siglo.

Como puede verse, descubrimiento, disputa, partición del globo terráqueo, son acciones casi simultáneas. Es interesante hacer notar que la primera división del globo terráqueo la realiza la Iglesia, con una Bula papal que reclama a Portugal y Castilla a que diriman el conflicto de la interpretación del Pacto de Alcaçobas, es decir: dónde comenzaba la zona española, que todavía era oceánica, y dónde la portuguesa. La Intercaetera de Alejandro VI(9) señala la primera repartición global de un espacio que todavía no había sido explorado, pero que, se sabía, era de un globo, finito. Es decir, traza una división mundial del globo: establece qué pertenece a Portugal y qué a España.

Podemos considerarlo también el primer arbitraje planetario. Las dos potencias marítimas de la época lo aceptan; luego lo pondrán en discusión y lo modificarán en Tordesillas(10), haciéndolo llegar hasta lo que será Brasil, que nace como una estación-puerto de la aventura asiática de Portugal, por su camino africano.

¿Es decir que Castilla y Portugal, los italianos de Génova y de Florencia, Américo Vespucio y Cristóbal Colón...son los símbolos del comienzo de la ecúmene definitiva?

Cuando se descubre que la Tierra es efectivamente lo que algunos habían intuido: un globo cerrado. Ya no es posible expandir la ecúmene, salvo en las hipótesis de colonizar otros planetas similares al nuestro.

La segunda globalización, la "consciente"como usted la llama, cierra un círculo.

Y permite que se pueda designar como mundial la que, en 1914, en realidad era una guerra fundamentalmente europea. La segunda, en 1939, fue mucho más mundial, porque involucró escenarios asiáticos y africanos que la primera guerra prácticamente no tocó.

La bipolaridad que les siguió implica el mundo global, dos polos en un solo mundo, pero donde prevalece lo dual. Mientras que después del ‘89, con el final de la bipolaridad, se realiza la globalización bajo la insignia de una unidad relativamente homogénea del mundo, con su centro principal en los Estados Unidos.

Las órdenes mendicantes que desembarcaron en América Latina de las naves de los conquistadores y más aún con la llegada de los Jesuitas en la segunda mitad del 1500, son, de alguna manera, el punto visible de la conciencia globalizante de la Iglesia(11). ¿Usted encuentra esta conciencia en la Iglesia que actuó en los comienzos del descubrimiento y de la conquista?

Especialmente en el siglo XVI. La Iglesia latinoamericana es la primera gran Iglesia hija de la misión ad gentes de la cristiandad europea que, de hecho, llegó a todo el mundo.

El historiador Elio Jaguaribe(12) habla de tres corrientes globalizadoras: la primera en el siglo XV, como resultado de los descubrimientos (revolución mercantil, modificación de las formas de producción del medioevo); la segunda, con la Revolución Industrial y, gracias a la electricidad, la transformación del modo de producir; la tercera, motivada por los descubrimientos científicos y las innovaciones tecnológicas de la primera mitad del siglo XX(13) .

Me inclino a pensar en la revolución científica moderna como una etapa de la Revolución Industrial. De hecho, esta última no es sino una aceleración progresiva y vertiginosa de la globalización. El vapor, el tren sobre rieles, el telégrafo, imprimen velocidad a la capacidad humana de encuentro, superando de golpe las distancias.

Es decir que hubo dos grandes corrientes globalizadoras.

El proceso de globalización contemporáneo -como hemos visto- comienza con el descubrimiento luso-castellano de América en el camino hacia el extremo oriente asiático. En ese momento comienza también la relación entre el centro de la Europa atlántica y la periferia del resto del mundo.

América Latina venía a ser la periferia transatlántica más inmediata del viejo continente, una suerte de hinterland que se estructuraba alrededor de los dos virreinatos indios de México (con capital México en la ecúmene Azteca, en América Central y en las Antillas), del Perú (con capital Lima en la ecúmene Inca, que se extendía sobre la mayor parte de América del Sur) y de la gobernación del Brasil portugués. Este descubrimiento significó para América el momento en que comienza una relación mercantilista de monopolio con Europa.

A finales del siglo XVIII, las trece colonias inglesas obtienen la independencia de Inglaterra, apoyadas por Francia y España. Se unen, forman un estado federal, con un mercado común interno y una sola política tarifaria. En contra de Adam Smith, aquellas impulsan una política proteccionista que permite el despegue de la industria y la expansión continental hacia el Pacífico. Con América Latina sucedió a la inversa. Las guerras de la independencia y el fracaso del Congreso de Panamá disgregan el continente en estados aislados y separados entre sí. Un resultado que está bien lejos del que Bolívar buscara: unificar a América Latina en una "nación de repúblicas".

Es así que Gran Bretaña, cuna de la industrialización, instaura la era liberal del comercio mundial con una serie de tratados comerciales estipulados con los estados individuales, comenzando con Brasil en 1810. Se puede decir que en este momento comienza la historia de la deuda externa latinoamericana, que continúa ejerciendo su presión sobre el continente hasta nuestros días(14). En síntesis, la independencia inaugura una fragmentación que depende de Inglaterra, el segundo poder global, sucesor del imperio español que nace de la unión entre Castilla y Portugal.

Un argentino, Juan Bautista Alberdi, es el primero entre nosotros en tener una visión de centro-periferia en 1837. Y en un ensayo de 1870 ya habla de los estados continentales(15). Con agudeza, sostiene que la evolución lógica del mundo tiende a la formación de "estados-continente" como parte de un único "Pueblo-Mundo" del futuro, prefigurando con ello la superación de los estados-nación clásicos. Los Estados medianos o pequeños ya no tendrían destino propio.

¿Usted usa el concepto estado-nación como algo precario, como una fase histórica superada?

Para explicarme recurriré a una de las concepciones más lúcidas de finales del siglo XIX, la del alemán Federico Ratzel(16). Su viaje, por los Estados Unidos, reviste fundamental importancia para su visión del mundo; visión que se encarga de transmitir en una excelente obra(17). Este insigne geógrafo viaja por el país en pleno boom industrial; observa locomotoras mucho más potentes y con más vagones que las alemanas; ve el territorio de los Estados Unidos atravesado de costa a costa por tres o cuatro líneas ferroviarias transcontinentales. Él, alemán, admirador de la industrialización de su propio país, se encuentra un poco como Gulliver en el país de los Gigantes. En los Estados Unidos reencuentra, sí, todo lo que ya existía en Europa, pero en proporciones, por lejos, mucho más grandes, gigantescas. A sus ojos, las dimensiones cuantitativamente más vastas determinaban también un salto cualitativo.

Sus siguientes reflexiones muestran todo el impacto que Ratzel recibe del mundo que se abre ante sus ojos. Afirma que la era de los estados nacionales industriales del tipo Gran Bretaña, Francia, Inglaterra, Alemania, Italia y Japón fue superada por un nuevo paradigma emergente. Para él, el siglo XX abría la era de los "estados continentales" industriales. A su parecer, los Estados Unidos de América eran el nuevo arquetipo que determinaría el curso de la historia futura. Europa dejaba de ser el centro hegemónico, salvo que alcanzara una acelerada unificación como estado-continente. Ratzel señala otro candidato posible en el número de los estados-continente: Rusia, si pudiera acelerar la propia industrialización.

A mi juicio, Federico Ratzel entrevió la lógica profunda del siglo XX, que continúa en el siglo XXI. Quien no forma parte de un estado-continente terminará, y más que nunca en un mundo globalizado, constreñido a expresarse como lamento, furia o silencio.

A precipitarse en el "coro de la historia", como dijo en otras ocasiones(18).

El coro de la historia, es verdad. Como en el teatro griego, donde el coro interviene para comentar la gesta de los protagonistas. En los siglos XX y XXI sólo los estados-continente son protagonistas.

Metáforas aparte, ser "coro de la historia" ¿es una realidad o un peligro para América Latina?

América Latina depende ahora, en gran medida, de hechos que no produce, y no tiene los instrumentos para controlar.

¿Quién es el Ratzel de América Latina?

No hay un Ratzel estrictamente hablando; pero sí podemos señalar un núcleo de pensadores que comienza a encuadrar los procesos históricos en un horizonte más amplio que los nacionales. Una generación, que se puede llamar la del ‘900, que emprende el cambio de una visión nacionalista a una latinoamericanista. De las "patrias chicas" a la "Patria Grande".

Éstos, aún no conociendo a los hombres de pensamiento europeo que entrevieron el surgimiento del nuevo poder mundial, como Federico Ratzel, se dan cuenta de que los veinte paisitos agro-exportadores de América Latina están condenados a un rol insignificante frente al emerger de un gran poder con proyección mundial. Entienden que, para sobrevivir, América Latina debe realizar algo análogo a lo que hizo Estados Unidos, pero partiendo de ella misma, de su originalidad de círculo cultural católico, no como imitación de un proceso ajeno.

Esta generación del ‘900, con una intensidad sin igual, repropone la unidad de América Latina. Con acentos diversos, formula una única respuesta al tiempo en el que vive: la necesidad de superar la fragmentación, pasando de ser los "estados desunidos del sur" a los "estados unidos del sur". Para ello no elabora un programa político, pero sí fija objetivos, prevé etapas, indica con fuerza una exigencia, apunta a una dirección precisa y afirma que el conjunto de América Latina tiene que ser pensado desde adentro de América Latina.

Del momento de la Independencia en adelante no hubo una generación que se haya dado cuenta, con mayor lucidez, de que para evitar el perpetuarse de la dependencia, el paradigma al que referirse debía ser Estados Unidos,el nuevo estado continental industrial.

Hasta entonces nuestras historias, también las de buen nivel, eran historias "nacionales"; se circunscribían a lo interno de la disgregación que caracterizó el ciclo de la independencia latinoamericana. En la primera mitad del ‘900, en cambio, esta generación de hombres produce un conjunto de obras que tienen un denominador común: consideran a América Latina como un todo.

¿En quién está pensando puntualmente?

Uno de los que más ha dado un horizonte unitario a su pensamiento fue José Vasconcelos, un gran intelectual mexicano. Mientras en Normandía el Conde de Gobineau presentaba la historia como una lucha entre razas superiores e inferiores(19) y reivindicaba sus orígenes vikingos, mientras el inglés Chamberlain(20) se jactaba de ser ario y tildaba a la Iglesia Católica de "religión del caos étnico", mientras en América Latina las oligarquías ligadas a Europa tenían comportamientos abiertamente racistas con los indios y los negros -contra la tradición católica que no lo aceptaba-, Vasconcelos escribía una obra, "La raza cósmica"(21), en reacción contra el racismo alemán y anglosajón y contra el racismo dependiente y mimético de sectores de las elites liberales latinoamericanas. Allí, Vasconcelos argumentaba que América Latina, por el contrario, era el espacio donde se fundían todas las razas -la blanca, la negra, la amarilla-, que eran todas iguales, que en estas tierras comenzaba el proceso de mestizaje que generaría la "raza cósmica" en la que, justamente, no habría más negros, blancos, amarillos. Se fusionarían.

No es casualidad, sostiene Vasconcelos, que el primer lugar donde se realice la fusión sea justamente América Latina, preñada de la herencia católica recibida con la evangelización. Su raza cósmica es profecía latinoamericana de la globalización racial.

Será también Vasconcelos, en el año 1921, quien convoque al primer congreso mundial de estudiantes, en el que incluso participaron estudiantes chinos(22).

Pero usted habla de generación.

Porque se trata de un "coro" de voces que se hace escuchar en la primera mitad del siglo, del cual Vasconcelos es un destacado exponente. La primera voz es Rodó, uruguayo, con su célebre Ariel, publicado en febrero de 1900. A él le sigue una nutrida fila de intelectuales: el argentino Ugarte que intenta a su vez una visión unificadora(23), luego Blanco Fombona, venezolano, quien escribe un libro sobre América Latina como un conjunto. El peruano García Calderón insinúa con cierta fuerza que el destino unificado de América del Sur tiene su eje emergente en Brasil y en Argentina(24). Con el mexicano Carlos Pereira y su gran obra de los años ‘20, culmina este esfuerzo por revisar y representar nuestra historia como historia del conjunto, aproximación que -debo decirlo- se realizaba por primera vez con tan lúcida conciencia.

Todos ellos sentían, ya desde la vigilia de la primera guerra mundial, que América Latina debía pensarse unitariamente, superando y sintetizando las distintas historias nacionales. Tras casi cien años de historiografías solitarias, se recuperaba intelectualmente la unidad histórica de América Latina.

Hasta aquí ha nombrado a algunos pensadores, a algunos intelectuales de distintas latitudes, mancomunados por este hilo rojo que es el redescubrimiento de un horizonte latinoamericano unitario. ¿Puede decirse que este pensamiento haya tenido consecuencias prácticas?

Esta generación se formó principalmente con pensadores y hombres de letras, pero se dirige al mundo estudiantil de entonces y logra movilizarlo. Rodó, a través de Próspero, un profesor universitario -personaje central del Ariel- dialoga con sus estudiantes. Se percibe una fuerte tensión educativa en su exposición; quiere ayudarlos a identificar la idea nueva, el mensaje original que pueden aportar a la historia. Esta idea surgía de su gran preocupación: recuperar la unidad intelectual y moral de América Latina, perdida desde los tiempos de la independencia.

Rodó-Próspero lanza implícitamente este mensaje a su público de estudiantes: conocen la historia de Uruguay, conocen la de Argentina, sus compañeros paraguayos conocen la historia de Paraguay, los ecuatorianos la de Ecuador…pero así no irán a ningún lado, no se levantarán nunca de las ruinas de la historia. Tienen que repensar todo a partir de la unidad.

Rodó-Próspero señala un horizonte inédito: pensar y actuar a partir de América Latina como globalidad, apoyándose en la conciencia común de la historia íntegra.

Compara esta tarea -una tarea que suele ser ardua- con la lucha por la unidad nacional en Italia, concluida apenas treinta años antes(25). Una nota interesante: en la visión de Rodó, Brasil era parte integrante, como dirá en más de una ocasión.

Le preguntaba acerca de los efectos -también políticos- producidos por esta nueva predicación.

El mensaje del Ariel tuvo una repercusión inigualable entre los intelectuales y la juventud de América Latina.Es por inspiración suya que en 1908 se desarrolla en Montevideo el primer congreso americano de estudiantes. Sólo vinieron a Montevideo de América del sur: Bolivia, Chile, Perú, Argentina, Paraguay y Brasil(26).

Algunos años después, en 1918, los estudiantes argentinos se reunieron en la ciudad de Córdoba, desde donde lanzaron un importante manifiesto para toda América Latina. Esto tuvo una enorme repercusión, que fue recogida por el gran líder Víctor Raúl Haya de la Torre. Este peruano iluminado funda la Alianza Popular Revolucionaria Americana, APRA, y dicta las bases de lo que podemos llamar la primera teoría general de los movimientos nacionales y populares de América Latina, hasta llegar a un verdadero programa político dirigido a superar las "polis oligárquicas" agroexportadoras latinoamericanas y levantar la sociedad industrial.

Para responder a su pregunta, con Haya de la Torre, la exigencia intelectual de la generación del ‘900 se convierte en acción política.

Haya de la Torre explica por qué no podemos imitar repetitivamente lo que realizan las sociedades europeas, que era el vicio de las clases dirigentes de la época: trasladar mecánicamente a América Latina las respuestas europeas, sin percibir los diferentes niveles históricos de desarrollo de las respectivas sociedades. Así postula las tres exigencias de base: democratización, industrialización e integración. La primera no se cumplirá sin la segunda y ésta no se completará sin la tercera.

En el momento de la crisis mundial del capitalismo, en 1930, Haya de la Torreinaugura la lucha consciente por la construcción de una sociedad industrial moderna en América Latina. Esta lucha hoy está lejos de haber terminado; por eso mantiene su necesidad la perspectiva de los movimientos nacionales populares en esta apertura del siglo XXI.

¿No existe el riesgo de idealizaresta generación de intelectuales y políticos?

No estaba exenta de ambigüedad, de un exceso de "idealidad". Pero luces y sombras, genialidad y caídas, no apagan la extraordinaria, positiva influencia de esta generación, verdaderamente nacional. Será la "generación nacional" latinoamericana, refundadora por antonomasia. Creo que todavía no se la ha estudiado a fondo, como se debería(27). Pero lo nacional-popular todavía no ha cerrado su ciclo.

Me explico mejor. Habrá dos fases de los movimientos políticos nacional-populares latinoamericanos. La primera, fundadora desde la crisis de 1935, con Haya de la Torre, Vargas, Cárdenas y Perón. A mi criterio culmina en la visión estratégica continental de Perón. Ahora estaríamos en la necesaria segunda fase nacional-popular que es la integradora propiamente dicha, y sin la cual no habrá sociedad industrial en América del Sur, base de toda unidad posible de América Latina. Si el nacional-populismo se empantanaraen la primera fase, que fue sólo poner la piedra fundamental, quedaríamos en el fracaso de un edificio inconcluso. ¿Qué sucedería después? Sólo Dios lo sabe.

¿Por qué la llama "generación nacional"?

Un aspecto distintivo de las generaciones posteriores al ciclo de las independencias nacionales fueron justamente sus "modelos ideales" inferidos desde fuera del continente: desde Inglaterra, Estados Unidos, Francia. Como área periférica, a América Latina le costaba trabajo pensar en sí misma desde adentro. Adoptaba, más o menos conscientemente, algunos modelos civilizadores que terminaban por destruir las bases históricas de los propios pueblos, tratados como "bárbaros": las razas indígenas, el mestizaje, la herencia española, la Iglesia Católica, todo entremezclado.

El elemento humano indígena era considerado retrasado por definición; en vez de apoyar sobre y desde él el desarrollo, se lo tenía que extirpar para poder ir detrás de un progreso que tuviera alguna posibilidad de éxito. Más que del progreso de nuestros pueblos, se trataba de anularlos para poder avanzar. El "mal", en síntesis, éramos nosotros mismos. ¡Es imposible imaginar una dependencia mayor que esta! Pero fue justamente esta la mentalidad de las oligarquías liberales del siglo XIX, bien expresada en el "Civilización y Barbarie" de Faustino Sarmiento.

La corriente nacional de la que hablo echaba por tierra tal impostación: partía de los fundamentos, no de los modelos; los modelos, en todo caso, tenían que ser la expresión potenciadora desde y para las raíces, no el afirmarse en contra de ellas. Lo nacional, aquí, partía del pueblo real, no de un sujeto abstracto.

En la generación del ‘900, la primera latinoamericanista desde la época de la independencia, confluían pensadores de varias tradiciones nacionales. ¿Se puede hablar de un latinoamericanismo católico?

Sin duda puede hablarse de un círculo histórico-cultural latinoamericano en cuya base existe el ethos católico, así como en Estados Unidos existe el ethos protestante.

Me refiero a un latinoamericanismo católico explícito, organizado, con formas y expresiones propias. Quizás una corriente de pensamiento dentro del más vasto latinoamericanismo del ‘900.

Rodó no es católico pero valora la herencia del catolicismo. En un determinado momento, sale en defensa de los crucifijos en los hospitales, en contra de su remoción, pedida por los liberales de la época. Ugarte, en cambio, era católico y socialista al mismo tiempo; una figura importante en Argentina. Vasconcelos también era católico.

Todos tenían que vérselas con las elites de intelectuales anticlericales, cuyo modelo más evolucionado era el laicismo de la tercera república francesa. Es sobre la base de este modelo que se da la mayor parte de las separaciones Estado-Iglesia en los estados de reciente formación.

Efectivamente, en el proceso de formación de una conciencia nacional latinoamericana se observa una estrecha mezcla de catolicismo y anticlericalismo.

Y continúa existiendo. Hoy mismo existen quienes quieren imprimir una impronta anti-católica, marxista, masónica, a la unificación y quienes quieren animarla con valores católicos.

En esta miscelánea de aportes que confluyen, ¿qué lugar y qué peso tiene un pensamiento como el que se aglutina en torno a "Latinoamérica"(28)? Fue una revista importante en aquellos años.

La primera entre las revistas católicas en tener una dimensión latinoamericana. "Latinoamérica", desde 1949, refleja bien la autoconciencia del catolicismo anterior a la Conferencia General del episcopado en Río de Janeiro(29). Nótese que la publicación es bilingüe: en español y portugués; y en francés cuando se trata de Haití. El nombre mismo de la revista es significativo: "Latinoamérica". Recién después de la segunda guerra mundial se generaliza la expresión "América Latina"; antes el uso oscilaba entre Hispanoamérica (más común) e Iberoamérica. Los católicos preferían mayormente Iberoamerica, queriendo comprender en esta designación a España y Portugal.

La Iglesia reivindicaba de este modo la herencia católica e hispánica en sentido amplio, contra la leyenda negra de raíz liberal y anglosajona que describía a la Iglesia Católica como una fuerza histórica retrasada y opresiva.

Es así en modo tal que la primera cosa que los lectores piden a la revista es que aclare y justifique la elección del nombre. Y la revista recuerda que ya en 1862 se instituía en Roma un colegio con este nombre, Pío-latinoamericano, y que León XIII, en 1899, había reunido en Roma el primer Concilio Plenario Latinoamericano. La revista invocaba y se refería explícitamente aesta tradición de la Iglesia. Y con justicia: el Colegio Pío-latinoamericano es la primera institución en la historia que usa tal denominación. Luego serán las nacientes Naciones Unidas las que adopten este nombre de latinoamericano en sus divisas y que lo difundan.

¿Cómo ve "Latinoamérica" la problemática eclesial?

Basta con citar a Pablo Antonio Cuadra y a Christopher Dawson; un apreciado intelectual católico de Nicaragua, el primero, y un gran pensador inglés, el segundo. Ambos escriben artículos que dan cuenta del estado de postración y disgregación eclesial que se vivió desde la independencia hasta principios del siglo XX y de los crecientes síntomas -a partir de los años ‘30- de un catolicismo más vigoroso que se consolidará después de la segunda guerra mundial(30).

¿Cuáles son los adversarios que la conciencia de los católicos percibe como peligrosos en aquellos años?

Los dos enemigos espirituales e ideológicos más temidos son el protestantismo y el comunismo(31). Pero también la preocupación por lo social se percibe como creciente(32).

Hemos hablado de que la Iglesia acompaña la formación y la fragmentación de las nuevas naciones independientes en la primera mitad del ‘800, hasta el punto que ella misma se desarticula a nivel continental.

No puede ser de otra manera. La Iglesia es interna a los Estados. Y el papado, el centro romano de la catolicidad, ha hecho de modo que siempre existiera cohesión.

La Iglesia latinoamericana ¿sigue también los sobresaltos de la conciencia unitaria?

Durante el transcurso del siglo XIX, la Iglesia de América Latina intenta recrearse dentro de veinte realidades nacionales nuevas y diferentes, con estructuras republicanas cuyo modelo de base es el que resulta de la descomposición de la cristiandad europea, que se vuelve también descomposición de la cristiandad en América Latina.

El último año del siglo XIX, 1899, es el año del primer Concilio latinoamericano en el que también participa Brasil. En la época de la formación de la América española, se habían desarrollado varios concilios provinciales, cuyo punto principal fue el tercer Concilio de Lima que inserta el de Trento dentro de la misión en las Indias Occidentales. De este Concilio limense, el Concilio latinoamericano de fin de siglo XIX se siente heredero. En ese momento, la Iglesia estaba desestructurada y el Concilio sirvió para volver a interconectar una estructura eclesiástica continental, tan separada entonces como sus respectivos países.

El Concilio no desarrolla un juicio sobre la totalidad de América en términos históricos porque ni siquiera existía un pensamiento histórico sobre la totalidad. Como ya hemos dicho, será la generación del ‘900 la que empiece a pensar en el continente como conjunto, más allá de las generalidades.

La Iglesia latinoamericana de hoy, la que se reunirá para la V Conferencia General, debería mirar con simpatía la globalización.

La Iglesia es intrínsecamente globalizadora; su vocación católica es global, tiende a la totalidad; el reino de Dios es la globalización simultánea de toda la humanidad de todas las épocas.

Según esta visión, la globalización es un movimiento íntimo de la historia.

Los "Cielos nuevos y la Tierra nueva" son la apoteosis de la simultaneidad de todo con todo.

¿A qué se debe entonces la existencia de cierta sospecha de la Iglesia sobre la globalización?

Es comprensible. Por lo mismo que ya señalé: la globalización se perfecciona después de la caída de la URSS y de la reunificación del mundo en un solo polo. En aquel mismo año se redacta el así llamado "Consenso de Washington"(33), que marca el apogeo neo-liberal en el globo. El victorioso liberalismo se extiende por todo el mundo, ostentando además una cierta seguridad arrogante. El neoliberalismo se traslada con la globalización, se mezcla con ella, le da el tono.

De hecho, quien mira con aversión la globalización, mira con aversión al neoliberalismo. Los grupos antiglobal que se reúnen asiduamente en Porto Alegre -de los que participan muchos católicos- identifican globalización con neoliberalismo. Pero las dos cosas no coinciden totalmente.

¿Hay alguien en el ámbito del pensamiento católico contemporáneo que haya captado en profundidad el proceso de globalización en acto y sus consecuencias?

Juan Pablo II. El papado en cuanto tal -por misión y por definición- es el punto de conciencia del conjunto. Este último lo ha sido en modo particular. Juan Pablo II pensó en la totalidad, intervino sobre el conjunto, fue notablemente ecuménico.

En este sentido, un nexo con el Papa debería revestir un valor particularmente significativo para un intelectual católico. Es mirando la totalidad como mejor se ve también lo particular. El todo en el fragmento, para parafrasear el título de una obra célebre de von Balthasar sobre la teología de la historia(34).

Ha habido años en los que la relación con el centro de la catolicidad no era muy popular entre los intelectuales latinoamericanos.

La base católica latinoamericana fue desde siempre romana. No se desarrolló un "complejo anti-romano" en América Latina. El catolicismo de estos pueblos ha sido -y es- apostólico y romano.

Ser "romano" hoy es una cosa más respetable que en el pasado, es algo "inteligente".

No existe nación sin "ciudad capital", es decir, sin cabeza unificadora. En la capital se sintetiza la multiplicidad de una sociedad, de modo que la "capital" es quien reunifica constantemente el conjunto disperso.La misma ley vale para el papado romano: es el reglobalizador incesante de la convergencia de todas las Iglesias católicas del mundo. Todas se comunican con Roma y Roma se comunica con ellas, y les devuelve nuevas síntesis del conjunto.

¿Dónde encuentra usted focos de pensamiento católico significativos? ¿Cuáles son los puntos de mayor inteligencia histórica sobre el continente y sus caminos en estos comienzos de milenio?

Nos encontramos en un momento de cansancio; es innegable. La gran generación del Concilio se ha casi extinguido.De Lubac, Von Balthasar,Congar, Chenu, Danielou, Rahner... Han sido años de un esplendor intelectual entre los más grandes de la historia de la Iglesia. No veo movimientos intelectuales comparables a estos, aunque sea como eco.

La sensación es la de cierta atonía en el conjunto de la Iglesia de América Latina. El papado se distingue como un gran centro -si no el único- de permanente actividad.

Lo que está diciendo puede leerse como una crítica al papado.

No es la intención.

En un ensayo suyo usted habló de iglesias protagonistas e iglesias receptoras...

El teólogo brasileño de Lima Vaz(35) ha trazado una distinción entre "iglesias reflejo" e "iglesias fuente" donde las primeras son las que están más determinadas por otras iglesias que por ellas mismas y las segundas, las que encuentran en sí mismas las vertientes de su propia renovación.

Existen muchos grados intermedios entre estas dos categorías: de algún modo, todas las iglesias son al mismo tiempo "fuente" y "reflejo". Pero, históricamente, puede observarse cómo un término prevalece poco o mucho sobre el otro. En la historia del catolicismo se han visto iglesias volverse áridas y convertirse en reflejos de otras y viceversa: iglesias que emergían e iluminaban a otras iglesias en otro tiempo florecientes. Desde siempre ha sido así y así será siempre. El movimiento de la Iglesia no es uniforme, homogéneo. Ha habido y siempre habrá iglesias que en un determinado momento son un fuego que irradia a las otras.

Durante 1500 años estos desplazamientos han sucedido en el Mediterráneo y en Europa. En el siglo XVI, España e Italia fueron iglesias "fuente". El Concilio Vaticano II fue, en gran medida, una empresa franco-alemana. Al mismo tiempo, fue el último Concilio europeo. La Iglesia Católica, la mundial, acusa la presencia de otras iglesias locales que antes eran más reflejo.

¿La Iglesia latinoamericana es una Iglesia fuente?

Estamos en un tiempo de transición de "reflejo" a "fuente". La próxima Conferencia General del episcopado latinoamericano podrá responder a su pregunta.

¿Cree usted que el término globalización -casi ausente en los anteriores encuentros continentales- puede ser un instrumento útil para la próxima V Conferencia General del episcopado latinoamericano?

Entendido en su significado exacto y profundo, sí.

Recuerdo un amigo, un marxista latinoamericano atípico, Abelardo Ramos, que me comentaba un día sobre la expansión del neoliberalismo tras la ruptura de los diques provocada por el ‘89. Uniformidad, globalización, neoliberalismo, parecían un único movimiento y esto lo entristecía. En un momento de su conversación se detuvo e hizo una observación que todavía recuerdo. Me dijo que, de hecho, el único que tenía el coraje de denunciar abiertamente el capitalismo salvaje era Juan Pablo II. Creo que fue en los días del viaje del Papa a México y de ciertas palabras que estaba dirigiendo a los obreros de Monterrey.

La Iglesia no repudia el mercado; rechaza la hegemonía del mercado en el gobierno de la sociedad, es decir, el imperio absoluto del mercado. Afirma que existe un bien común por encima del mercado, un bien que, justamente, debe ser impulsado y garantido por parte del estado. Juan Pablo II no fue anti-mercado; tampoco lo es su sucesor. Ambos repiten con el catolicismo social, que el mercado debe ser regulado y conducido a realizar el mayor bien común ciudadano permitido por la situación histórica.

La Iglesia debe tomar posesión de una perspectiva correcta de la dinámica globalizadora. Es un punto que le permite comprender el tiempo histórico que vivimos.Si no retoma el término globalización y el proceso de formación del pensamiento unitario latinoamericano, se condena a no captar los signos de los tiempos. Y esto forma parte de su vocación católica.

Se necesita siempre leer la realidad históricamente.

«Inteligencia y amor son inseparables». Lo dijo usted cuando hablábamos de enemigo principal y enemigo secundario en la conciencia de la Iglesia de hoy.

La inteligencia es histórica, es siempre una inteligencia de las direcciones que toman los hombres en camino, o de la dirección del camino del hombre, que es lo mismo. El amor impulsa la inteligencia sobre el camino del hombre como una madre empuja a su hijo hacia el futuro. Cristo es el camino, pero a través de muchos caminos históricos siempre nuevos que exigen nuevas lecturas del tiempo. Desde este punto de vista, ninguna generación podrá nunca descansar.

 

 

(1) "América Latina se encuentra evidentemente bajo el signo de la transformación y el desarrollo. Transformación que, antes que producirse con una rapidez extraordinaria, alcanza y tiene que ver con todas las dimensiones del hombre, desde la económica hasta la religiosa.Esto indica que nos encontramos en la orilla de una nueva época histórica de nuestro continente…" (n. 4).

(2) "La Iglesia se siente llamada a hacerse presente con el Evangelio, particularmente en períodos en que caen y mueren los viejos modelos según los cuales el hombre organizó sus valores y su vida común, para dar lugar a nuevas síntesis […] Este es el actual desafío global que está afrontando la Iglesia" (Documento final, n. 393).

(3) "La Iglesia no acepta esta instrumentalización de la universalidad que equivale a una unificación de la humanidad, mediante la ofensiva e injusta supremacía y dominación de algunos pueblos o categorías sociales sobre otros pueblos u otras categorías" (Documento final, n. 424).

(4) Documento conclusivo, n. 280.

(5) Marshall McLuhan, La aldea global. SugarCo, 1992.

(6) Las zonas costeras de México y el área correspondiente a la actual América Central, los Incas; el altiplano de México, los Aztecas.

(7) El viaje comienza en 1519; al año siguiente Magallanes y Elcano se internan en el estrecho bautizadoDe Todos los Santos. En noviembre, parten hacia el mar del sur, al que llaman Pacífico; en enero de 1521 llegan a las islas Marianas o De los Ladrones. Muerto Magallanes en las Filipinas, Elcano comanda la expedición hacia las Molucas, donde llega a finales de 1521. Allí, en la isla de Tidore, embarca una importante carga de especias, cumpliendo con el objetivo del viaje. La cercanía de los portugueses, dueños comerciales de la zona, lo empuja a tomar rumbo Este. En 1522 llega a Timor, dondese entera de la existencia de las actuales China, Java e Indonesia. Con una sola nave, la Victoria, atraviesa el Océano Índico, supera el Cabo de Buena Esperanzay alcanza las islas de Cabo Verde, propiedad de la Corona portuguesa. Tras casi tres años de navegación, el 6 de septiembre de 1522, la expedición entra en el puerto de Santa María con la nave Victoria cargada de especias.

(8) Un primer arbitraje inglés reconoce la soberanía chilena sobre las tres islas reivindicadas por Argentina (Picton, Nueva y Lennox). Argentina rechaza esta resolución. La mediación de Juan Pablo II separa a los litigantes poco antes de que sus respectivas flotas se enfrentaran, y comenzaran con una guerra imprevisible. El 28 de noviembre de 1984 se llega a un verdadero tratado de paz entre los dos países.

(9) La primera de tres Bulas pontificias de 1493; le seguirán la "Eximiae Devotionis" y la "II Intercaetera", todas tendientes a perfeccionar la repartición.

(10) La línea oceánica trazada de uno a otro polo se hace pasar a 370 leguas al este de las islas de Cabo Verde.

(11) Los franciscanos llegan a México en agosto de 1523, con los "doce apóstoles" -como los llamaban- encabezados por Martín de Valencia; los dominicanos desembarcan en 1526, estableciéndose, preferentemente, en los actuales estados del sur; los jesuitas llegan al nuevo mundo en 1572; en 1580 se forma la primera comunidad jesuita en Tepotzotlán.

(12) Director emérito del Instituto de estudios políticos y sociales de Río de Janeiro.

(13) Elio Jaguaribe, El nuevo escenario internacional: ensayos. México, Fondo de Cultura Económica, 1985.

(14) Para una visión sintética, Cfr. La obra de José Flavio Saravia, De la construcción del mundo liberal a la globalización. De 1815 a nuestros días, 1997.

(15) Juan Bautista Alberdi, El crimen de la guerra,Buenos Aires, Editorial W. M. Jackson, 1938.

(16) Nace en 1844 en Baden, Alemania. Basta recordar aquí que realizó viajes por Europa (1869) y luego a Cuba, México y Estados Unidos entre 1872 y 1875.

(17) Federico Ratzel, Los Estados Unidos de América, 1880.

(18) Alberto Methol Ferré, Conciencia histórica e integración, Archivos del Presente, Buenos Aires, n. 3, 1996, pp. 109-116; La batalla por América Latina, Cuadernos de Marcha, Montevideo, abril 1997, p. 26; América Latina en la era de los Estados Continentales, El Estante, Montevideo, agosto-septiembre 1999, pp. 9-10; América del Sur: de los estados-ciudad al estado continental industrial, Cuadernos del Foro San Martín, Buenos Aires-Montevideo, 2002, p. 20; El MERCOSUR va hacia la unidad sudamericana o al fracaso absoluto, entrevista de Adolfo Garcé, Juan Martín Posadas y Germán Wettstein, Semanariode Crónica, Montevideo, 16 de Julio de 2004.

(19) Joseph Arthur de Gobineau, Ensayo sobre la desigualdad entre las razas humanas, Milán, Rizzoli.

(20) Houston Stewart Chamberlain, Fundamentos del siglo XIX, 1899.

(21) José Vasconcelos, La raza cósmica, 1925.

(22) En aquel momento, José Vasconcelos desempeñaba el cargo de Secretario de Educación, por voluntad del presidente mexicano Álvaro Obregón.

(23) Manuel Ugarte, El porvenir de América Latina, 1910; El destino de un continente, 1923; El dolor de escribir, 1933; La dramática intimidad de una generación, 1951.

(24) Significativas, en este sentido, las dos obras: Las democracias latinas de América de1912 y La creación de un Continente, de 1913.

(25) La primera sesión del nuevo Parlamento italiano que ratifica el advenimiento de la unificación de las naciones es del 18 de febrero de 1861.

(26) El movimiento estudiantil latinoamericano siguió gestando congresos: Montevideo (1931, 1955), México (1931), Costa Rica (1933), Chile (1937 y 1943), La Plata (1957), Caracas (1959).

(27) Otras referencias en: Alberto Methol Ferré, América del Sur: de los estados-ciudad al estado continental industrial, Cuadernos del Foro San Martín, Buenos Aires-Montevideo, 2002, p. 20; Las religiones y la geopolítica mundial, apuntes, mayo 2003; Juventud universitaria y MERCOSUR, noviembre 2002, Rio de Janeiro, p.10.

(28) Surge por iniciativa de los jesuitas residentes en México pero pronto recibe el auspicio de los cardenales latinoamericanos y del propio Pío XII, que impulsa este esfuerzo unificador y apostólico.

(29) El primer editorial escrito por José Vasconcelos, indicaba los objetivos y el programa de Latinoamérica: "Esta revista realiza la exigencia impostergable para el futuro de los pueblos hispánicos de reintegrarse a una conciencia continental. La viva esperanza de nuestro destino se afianza hoy en el incremento de las comunicaciones que nos permitenvincular y reconstruir lo que desde hace más de un siglo permanece disperso y desconocido.Las corrientes de pensamiento que en los últimos años han derrumbado la conciencia nacional de norte a sur, inducen a un redespertar lleno de promesas. Al mismo tiempo, un ambiente internacional sacudido por la tragedia nos permite afirmar nuestra personalidad, que sólo encontrará significado si actuamos unidos. Y esta cuestión se funda sobre la conciencia de nuestro pasado y sobre la voluntad de crearnos un futuro autónomo, decidido a superar la condición de satélites."

(30) En las páginas de Latinoamérica conviven las más diversas corrientes intelectuales; aparecen con frecuencia autores como Vasconcelos, Sepich, Quiles, Calderao Beltrao, Hugo Wast, Jaime Eyzaguirre, Gallegos Roca Full, Richard Pattee, Hurtado, Damboriena, Bastos Ávila, Espinosa Polit, Félix Restrepo, entre otros.

(31) En un editorial de enero de 1954, se sintetizaba la situación del continente con estas lúcidas palabras: "Positivismo y materialismo se estrechan la mano (…) Examinemos la producción literaria de América Latina, o la actividad artística, o los movimientos sindicales, y podremos afirmar lo mismo que dijo Paul Claudel acerca de la literatura moderna en Francia: nadie advertía que un Dios había muerto crucificado en el Calvario. Pero nos queda un pueblo. El pueblo católico de América Latina que organiza fiestas religiosas suntuosas, que levanta templos y, sobre todo, que sufre con resignación las situaciones más desesperadas, es como un milagro viviente. Porque hace ya tiempo que este pueblo debería haber sucumbido en las manos de quien le ofrece paraísos artificiales, religiosos o políticos. La fidelidad de las masas latinoamericanas, que resulta incomprensible para el sociólogo, es una de las preguntas más angustiantes que se pueda formular el catolicismo en este continente. Ha llegado el momento de llevar seriamente a la acción el mandato de León XIII de ir hacia el pueblo. Si en esta mitad del siglo XX la Iglesia latinoamericana no se pone de parte del pueblo con decisión y audacia, nadie podrá prever las consecuencias".

(32) "La Iglesia tiene en la historia la misión de ser la defensora de los oprimidos en esta porción del globo. Si los fariseos llegan antes, habremos perdido la batalla del siglo" (Latinoamérica IV, pp. 1-3, 1952)

(33) Con la expresión «Consenso de Washington» (definición del economista americano John Williamson), se designa un complejo de políticas de ajuste estructural dirigidas a la apertura de las economías de los países beneficiados por las ayudas del Fondo Monetario Internacional. Se trata de políticas de carácter fiscal, financiero, que tratan en modo parejo las inversiones autóctonas y las extranjeras, de reducción del sector público de la economía, de máxima desregulación para garantizar el libre juego de la concurrencia entre las distintas fuerzas económicas, de refuerzo de la protección de la propiedad privada, de promoción de la liberalización de los intercambios al ritmo más sostenido posible, con el objetivo de disminuir las tarifas aduaneras al 10% anual.

(34) Hans Urs von Balthasar,El todo en el fragmento, Madrid, Encuentro.

(35) Henrique C. de Lima Vaz, Escritos de Filosofía VII. Raíces de modernidad, San Pablo, Loyola, 2002.

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