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METHOL FERRE - DARCY RIBEIRO

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¿Podría hablarme sobre la Historia uruguaya y su relación con el Brasil?

                En el Uruguay rico de la post guerra, comenzaban los primeros síntomas de una crisis interna en el país. Entonces el mundo literario, histórico era muy poco político, es decir, cultura y política estaban como separados. La política era de los políticos y la cultura era una cosa muy ligada a sí misma, y a Europa. Y Nexo, esta revista hispano-americana que hicimos, era una mezcla de política y cultura, y se empezó a unificar esto. Se llamó Nexo. En nuestra visión, el ensamble del Uruguay con el imperio inglés había terminado. El imperio inglés había iniciado su gran retirada del Uruguay. No tanto en la Argentina, pero notoriamente más en el Uruguay desde fines de los años 40 y comienzos de los 50. El imperio inglés había sido el ensamble privilegiado rioplatense que, con un excedente agropecuario muy alto, habíamos tenido un estímulo muy alto para la exportación a Gran Bretaña y a Europa Occidental. Esto permitió acá una gran distribución a través del Estado y la formación de una gran clase media, en función de una democratización de la renta agraria. Una gran renta agraria, muy simple y muy fácil: con pocos peones se tenía un excedente enorme, con pasturas naturales, solamente con el refinamiento de las razas bovinas y ovinas. Eso permitió al Uruguay ser un gran exportador y sin cambiar la estructura agraria, se le hacía una quita al excedente y se redistribuía. Eso fue el Estado que construyó Batlle y Ordoñez desde los comienzos del siglo XX. Y es el Estado que agoniza hoy en el Uruguay. Hace 50 años que está agonizando. Pero es el Estado que era el fundamento de las clases medias urbanas. Al achicarse el excedente agrario, la renta se empezó a achicar, las clases medias empezaron a empobrecer y retroceder.
                En los años 50 es notoria la retirada inglesa, aunque eso fue oculto a la conciencia del Uruguay por el enorme excedente que tuvimos en la exportación de lanas, en ocasión de la guerra de Corea. Aquí hubo una prosperidad que ocultó la retirada inglesa. Entonces algunos nos dimos cuenta de eso, y nos dimos cuenta que los fundamentos del Uruguay antiguo, agro exportador hacia Inglaterra y Europa occidental era un ciclo cerrado, que el Uruguay se tenía que reorientar radicalmente.
                Ahí vino, con Reyes Abadie y Ares Pons la idea común de hacer Nexo, que fueron solo cinco números. Fueron pocos números, pero que tuvieron como una significación especial. Empezamos a unificar todo, Filosofía, Historia, Política, era un replanteo totalizante, y una idea central, el título Nexo, que era porque pensábamos que el Uruguay transatlántico estaba agotado. Que los EEUU no estaban interesados en nosotros, no eran un imperio sustitutivo del inglés. El inglés invertía en el Uruguay, estaba interesado en las exportaciones uruguayas porque él era el usufructuario mayor, por sus costos comparativos con el Uruguay.
                Pero para el Uruguay igual era un superávit inmenso. Era el rasgo de la zona pecuaria Australia, Nueva Zelandia, Uruguay y Argentina: el imperialismo en las zonas ganaderas no podía ser esquilmante, porque mataba la gallina de los huevos de oro. Éramos una periferia dependiente ganadera que tuvo óptimas condiciones y fue muy rica. Éramos una zona singularmente rica en la periferia del poder europeo. Aunque no Argentina en su conjunto porque el interior argentino hacia el norte estaba empobrecido. Media Argentina era pobre, la otra media Argentina extraordinariamente rica. Todo eso es un poco para que usted entienda a qué sitio vino.
                Yo ya soy suficientemente viejo y pertenezco a un pedazo de generación que sintió que Uruguay estaba cuestionado radicalmente y que se tenía que replantear todo. De eso surge Nexo. ¿Por qué el nombre? Como no teníamos más el destino en la prosperidad eurocéntrica, como había sido desde hacía más de medio siglo, había que regresar a América Latina. ¿Cuál era el regreso? El Uruguay era frontera entre Argentina y Brasil. Para nosotros eso significaba que el Uruguay debía ser un nexo entre Argentina y Brasil.
                Era el regreso a nuestra tierra americana. En el número 2 de Nexo año 1955, el centro de atención era “Brasil, nuestro vecino desconocido”, porque nadie sabía nada. El editorial escrito por mí, definía la atención, su sentido.
                Te leo algunas cosas:
                “La preocupación por la realidad brasileña no es más que un aspecto, una dimensión largo tiempo soslayada, de la pretensión de una radical asunción de nuestra propia realidad. Está en la médula de todo auténtico esfuerzo de reflexión y autoconciencia ´nacional´. Por el contrario, la historia oficial se asemeja al discurrir anecdótico de un empedernido solitario y es el fruto de la desintegración americana, su satisfecha consolidación en una utópica y raquítica ´nacionalidad´. Perseverar en tal visión sería índice de una irremediable postración colectiva, de una incapacidad social de reacción frente a la encrucijada que vive el país y de la consiguiente miopía refleja de la ´intelligentsia´ uruguaya. La Historia uruguaya no es una historia nacional como aún se enseña (a lo sumo es la historia de la constitución de un Estado). Lo fue en el proyecto vital de las generaciones anteriores a la nuestra, pero lo que entonces era ´ideal´ se nos aparece hoy como amenaza de frustración, o para ser más exactos, como tarea inconclusa, pues el horizonte que está a la altura de nuestras exigencias y las moviliza tiene la estatura de lo que aún es sombra: la unidad hispanoamericana. Y no es ésta una razón de prematuro desánimo ya que la historia del hombre es una persecución incesante de ausencias. Si, en otros tiempos el Uruguay fue erigido en algo así como una ´tierra de nadie´ destinada a separar al Brasil y a la Argentina, hoy, en el incipiente proceso unificador de Hispanoamérica, nuestro país debe cumplir un papel decisivo de enlace entre ambas repúblicas. Lo que antes fue un obstáculo (se nos ha llamado ´estado tapón´) se convierte por el cambio de las condiciones históricas en ubicación inmejorable para desempeñar el rol de una ineludible mediación, agente de unidad. Esa es quizás, nuestra principal tarea en la lucha por la unidad hispanoamericana que irá, en grado decisivo, en torno al entendimiento de Argentina y Brasil. No queremos oponer a un internacionalismo abstracto un regionalismo también abstracto que implique una óptica igualitaria, homogénea, de los núcleos de gravitación económico-política. Sería absurdo pensar en la integración y liberación nacional latinoamericana sin dar la debida jerarquía a esa pieza capital, a ese gran país que se halla en la primera línea de las realizaciones presentes y es el más rico en posibilidades de futuro.
Así, es de nuestros propios problemas que ya no se pueden resolver desde un enfoque exclusivamente uruguayo, que surge la necesidad de una comprensión de Brasil. Nuestra comunidad carece hoy, en rigor, de una política.[1]

¿Podría hablarme sobre el exilio brasileño en el Uruguay?

                Te sintetizo: el exilio brasilero para nosotros se insertó en los exilios latinoamericanos de América del Sur en el Uruguay. La ´Suiza de América´ era tierra de recepción de exilados. Era una parte más de la recepción habitual de los exiliados de América del Sur. Todavía Uruguay no había expulsado a su gente como lo hizo desde el golpe de 1973. Estamos 10 años antes. Conocí a Jango Goulart, conocí a Leonel Brizola, a Neiva Moreira, conocí a Schilling, a Darcy (lo conocí mucho). Nos invitaban a feijoadas los exiliados brasileros: había un médico de Maranhao, famoso, gran médico, hacía unas feijoadas extraordinarias. Había una gran cantidad de brasileños, se me olvidan los nombres porque estoy en la edad en que se olvidan los nombres.
                Es mi impresión que para ellos (para Darcy, para Schilling, Neiva), fue un descubrimiento el de América Latina, que lo empezaron a hacer acá. La generación del exilio brasilero es la primera generación que se latinoamericaniza, cosa que me parece muy importante. Porque antes había repercusiones lejanas latinoamericanas, pero no una generación brasilera latinoamericana. Porque el Brasil es grande, entonces el Brasil ocupaba al brasilero por completo, ´o Brasil é grande´, el resto eran añadiduras. Ésta es la generación que se da cuenta que el asunto es más rico, más complejo y empieza a interrogarse con otras cosas. Empieza a tener un horizonte más amplio, a ubicar a Brasil dentro de otra historia no tan sencilla como la que tenía la historia brasilerista ´pura´. No digo que la hayan revisado completamente, no se revisa cuando el país más o menos anda. Lamentablemente a veces…
                No conocí a Fernando Henrique Cardoso, pero también es un exiliado de esta generación que va a Chile y escribe su famosa obra sobre la ´dependencia´ con el conocido chileno Faletto. Antes de esta primera generación, brasileros que conocieran América del Sur, muy poquitos, el que más trascendía era Alceu Amoroso Lima (Tristao de Ataide), en los círculos cristianos de la América española, eso desde los años 30 para acá. Es el intelectual de índole política que más se conocía.
                De esta primera generación brasilera ´latinoamericana´ la mayor parte son intelectuales políticos o políticos intelectuales. Neiva es un político, por añadidura se preocupa por asuntos intelectuales, Darcy a la inversa, es un intelectual que se preocupa de la política. Descubren una nueva inserción, y se insertan en un contexto de Latinoamérica. Entonces Darcy está acá, lo conocí como conocí a casi todo el exilio brasileño. A los que más recuerdo es a Neiva, a Darcy y por su importancia a Goulart y Brizola.
                El primer vínculo de Darcy fue universitario. Él tuvo un gran arraigo en la Universidad de la República, influyó mucho en la Universidad. En ese sentido, es en el ámbito universitario donde puede encontrar mayores cosas, especialmente con Domingo Carlevaro, en la Universidad, que puede mostrar lo que fue la inserción de Darcy, en el mundo universitario, porque como él había creado la Universidad de Brasilia, tenía ideas sobre la Universidad. Él removió mucho el ambiente universitario acá. Después de él y dada su personalidad, me llamaba mucho una cosa de Darcy. Él era un hombre entusiasta, jovial, dinámico, con alegría de vivir y de ser. Soy un hombre en las ´antípodas´ de Darcy: soy religioso por agradecimiento, la vida es tan extraordinaria, un regalo tan extraordinario que eso me ha hecho religioso. A Darcy no, era agnóstico, pero él experimentaba una alegría de existir profunda, que suscitaba simpatías, una suerte de comunicación sencilla básica. Y tenía sus rumbos, sus pensamientos. Yo recuerdo que era la época en que sacábamos una revista, Víspera, con otros amigos, y hoy encontré antes que usted llegara, una interview a Darcy cuando él se va del Uruguay en el año 68. Entonces en vísperas de irse, le hicimos un interview. Lo que puedo hacer es prestárselo para fotocopiarlo, porque eso es cuando él se va de Uruguay.

¿Cuál es hoy su opinión sobre la generación de los exiliados brasileños?

                La generación del exilio es la que gobierna a Brasil hoy, Fernando Henrique Cardoso es un ejemplo de ello, pero hay otros más de la generación del exilio. Pero esa generación paradoxalmente, y a pesar suyo, deja a los brasileros encerrados en el Brasil, cuando lo que hay que hacer es salir. Ya salieron y no intentaron hacer salir a la generación siguiente, no han meditado la importancia de esto. Quieren hacer una política latinoamericana sin hacer que se llenen de brasileros las universidades sudamericanas, y de ´hispanos´ las brasileras. Esto no es ninguna originalidad. Lo aprendí en un ferrocarril en Europa. Iba en Europa, con alemanes, en un ferrocarril alemán, le hablé francés a un tipo, y el tipo entendía francés e italiano. Era un soldado que había estado en la ocupación alemana en Italia y en Francia. Empezó una conversación muy animada, y una chica intervino en francés, y ahí supe que las universidades alemanas organizan vacaciones de los estudiantes en Francia, en España, en Italia, en otros lados, y viceversa, los otros iban a Alemania. Ella era recibida por una familia en Normandía, vivía con una familia francesa, se ennovió con un francés y volvió a Alemania y se disponía a volver, y en ese momento se iba a casar.
                Eso nosotros no lo hacemos. Tenemos que ´entreverar´ nuestras respectivas juventudes. Eso es básico. Ésa es una política que necesita la intervención del Estado, porque la Universidad por lo general es la peor burocracia del cosmos. Con esto te quiero decir, que esa generación del exilio no tuvo sucesión: supo comenzar una política latinoamericana, pero de ese aprendizaje existencial no supo inventar los cauces existenciales para la juventud universitaria y se haya limitado puramente al mundo empresarial. El mercado va a funcionar mucho mejor si hay grandes políticas de la cultura.

¿Usted participó con Darcy en algunas publicaciones?

                Él publicó en una revista que sacábamos en el Uruguay, Víspera, eso solamente, y luego tuvimos vínculos. Nos encontramos después muchas veces en Santiago de Chile y en Lima. En Brasil, sólo una vez en Porto Alegre. A mí me llamó mucho la atención y fue un estímulo, el intento de Darcy de sintetizar una perspectiva del conjunto de América Latina: el título era Las Américas y la civilización.
                No lo comparto mucho, porque ´el pueblo nuevo´ es el conjunto de América Latina, es todo el conjunto, no es un tipo de pueblo, es la mayoría abrumadora de América Latina. Es el subsuelo básico común. Que haya algunas tribus ´testimonio´ todavía, pero ya cada día más insignificantes, puede ser. Pero un indio, por ser indio, no es un ´pueblo testimonio´, es un mestizo cultural completo. Ya no hay indios indios. Puede ser en el Amazonas que quede alguna tribu, pero los que están en general ya están transculturados, son ´nuevos´. El ´pueblo nuevo´ ocupa todo o casi todo, y dentro de 20 años no queda nadie, al fin.
                Yo digo siempre me interesan tanto los indios que quiero incorporarlos cuanto antes, pero ´indigenista´ no soy. No quiero conservar a ningún indio en ningún jardín zoológico para que lo fotografíen los turistas. No quiero observar a nadie como a un bicho raro. Que participen del mundo, de los problemas contemporáneos. Lo mejor que puedo hacer es ayudarlos a incorporarse a la época actual, no vivir una pseudo historia paleolítica o neolítica. Eso no interesa y al pobre lo convierte en un trabajador sin especialización, víctima absoluta.
                Y él hizo también, él estaba elaborando y yo escuché alguna conferencia sobre ese tema y luego lo publicó, una visión histórica mundial. Y no es común, que se intente pensar la Historia Universal desde América Latina. No es común. En general, en América Latina se repite lo pensado en los centros metropolitanos.

Montevideo, 22 de junio de 2002.

 



[1]METHOL FERRÉ, Alberto. In: Nexo, Montevideo, n.2., set-oct., p. 2-4, 1955.

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