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LA INTEGRACION Y SUS DESAFIOS

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“El Mercosur es el germen de la posibilidad en América del Sur

 del surgimiento de un estado continental”

 

Entrevistar a Alberto Methol Ferré (70) es siempre un desafío a la inteligencia. En primer término no es posible encasillarlo. ¿Qué es Methol Ferré?¿Historiador, experto en geopolítica, analista, ensayista? Methol (Tucho, como lo llaman sus amigos) es un pensador, aunque suene un poco antiguo. La entrevista giró en torno a los desafíos que la integración latinoamericana presenta a las identidades de los países y a su concepción de los estados continentales categoría, en torno a la cual, girará la política internacional. Desafiante, agudo, a veces mordaz, recibió a la revista “Educar”, el 22 de Marzo en el “estudio” de su casa, atiborrado de libros y papeles, en un orden sólo descifrable para su dueño y con un estilo bohemio de la década del 50.

 

Educar: ¿El proceso de integración Mercosur es una forma de volver a las fronteras americanas para los países del cono sur?

 

Methol Ferré: Dice Halford Mackinder, uno de los iniciadores de la geopolítica, al iniciarse el siglo XX, que los dos mil años anteriores al Siglo XVI son dominados, en la isla continental que es Eurasia y África,  - núcleo fundamental de la tierra - , por las civilizaciones que están en los bordes. O sea: Europa Occidental; el mundo árabe y persa musulmán, como mundo intermedio la India, China y Japón más al Oriente, son las altas culturas del borde del enorme continente Euroasiático. Ahí ha ido transcurriendo la historia mundial y dice Mackinder que los dos mil años anteriores a Cristóbal Colón y Vasco da Gama, son dominados por los hombres de a caballo de las estepas del Asia Central, que están en un sitio estratégico, que pueden invadir y ocupar, en oleadas sucesivas, o la China o Europa Occidental o el mundo Persa y Árabe, o el mundo Hindú. Es decir, están ubicados estratégicamente en lo que él llama el “hinterland”, el corazón del mundo, o sea las estepas de Asia Central. Es el mundo de los jinetes, del caballo, que toma el control, en oleadas sucesivas, de las altas culturas.

 

Hasta que la historia gira y el barco comienza a tomar una movilidad oceánica sin igual. El océano ocupa tres veces más que la tierra. Lanzarse al océano es tener acceso, en cierto sentido, a todos los puntos de la tierra con una velocidad y una capacidad muy superior a la de los jinetes. Entonces se inicia, con Cristóbal Colón, la era oceánica de la política mundial iniciada por Castilla y Portugal, el Papa Alejandro I es quien traza en la Inter caetera la línea divisoria del globo terrestre, empieza la globalización o la mundialización, que genera además a América. La conquista de América se hace vertiginosamente, porque mientras que los indios se desplazaban a pie, lentamente, y van ocupando durante siglos este continente, desde Alaska a la Polinesia, los españoles, con la combinación del barco y el caballo, acceden a todos los puntos y en sólo 40 años se configura el mapa de todo el poder español en América. Es una cosa vertiginosa, alucinante, facilitada por el dominio oceánico y el andar del caballo. Pero la independencia es hecha solo por los hombres de a caballo.

 

E: No hay hombre de mar en América, no hay criollos del mar…

 

MF: No, hay sólo hombres con el antiguo instrumento de movilidad que era el caballo. Por lo tanto el mundo latinoamericano es un mundo sin marineros. El mar pertenece a los ingleses. Esta es una de las diferencias fundamentales entre el mundo de los Estados Unidos y nosotros. Porque el norte de los Estados Unidos, en Massachussetts, Boston, etc., está ligado a las pesquerías más enormes del mundo que están entre Canadá y Groenlandia, por ello siempre hubo grandes pescadores norteamericanos porque son los pescadores  los primeros hombres de mar. Cuando [vemos] quienes son hombres de mar, estos son ingleses o irlandeses. Son los Campbell, los Browm, etc., o los corsarios de Artigas que eran piratas norteamericanos, antiguos pescadores que se formaban en el norte. Cuando uno ve que a mitad del siglo pasado aparece la gran novela de Melville, Moby Dick, y que es una épica de los balleneros, se da cuenta que eso era cosa imposible en la literatura latinoamericana, que es, a su tiempo, de hombres a caballo, pero no de mar. El mar es inglés, el mar es anglosajón. Eso hace que nuestras economías sean de exportación, hacia el mar. Pero un mar en el que no entramos, un mar en que los importadores y exportadores también son ingleses, o francés, o alemanes, o norteamericanos, pero que no son criollos. Los criollos son almacenes al por mayor, pero no son los exportadores-importadores. Llegan al puerto, pero del puerto hacia fuera, el barco le pertenece a otros.

Sin embargo, es una América extrovertida totalmente, pero su debilidad es precisamente su extroversión total, que hace que dependa totalmente del comercio y de las manufacturas del centro europeo. Entonces, todas son economías hacia afuera, aunque el latinoamericano no es capaz de salir hacia afuera.

 

E: Por eso usted afirma que las naciones latinoamericanas son producto de las ciudades-estados portuarias.

 

Cuando se descompone el imperio español, que eran un imperio pre-industrial, una sociedad anterior a la Revolución Industrial, lo que hay en estos antiguos imperios es un conjunto de ciudades cuyos componentes son los comerciantes, los terratenientes y los artesanos; y luego los ilotas, que son los esclavos, los encomendados, los gauchos…Son, en cierto sentido, como las masas de ilotas alrededor de la ciudad antigua. Pero es una ciudad antigua que, a diferencia de Atenas, no sale al mar, no domina el mar, porque para dominar el mar le hacía falta el barco a vapor; necesita ser industrial, y no es industrial, el mar, el barco, es de los comerciantes ingleses o de otros países. Nosotros no salimos de nuestra casa, aunque toda la economía sea en función del océano exterior. Toda la economía es transoceánica, pero no la controlamos. Esa es la paradoja en que se rompe el mundo de los estados-ciudad que se generan en la independencia, en que cada ciudad arma su territorio, e intenta controlar un [espacio] agro-exportador.

[Este modelo], se empieza a romper desde la crisis mundial del capitalismo en el año 29, donde en una depreciación de las exportaciones de materias primas tan enorme que no nos permite comprar la manufactura en el exterior. Allí comienza el proceso de sustitución de importaciones, una industrialización de productos que no se podían comprar. Pero esto ocurre, excepto en el Brasil, en ámbitos con mercados internos muy pequeños, muy limitados, con industrias livianas, no competitivas con el exterior, con un alto proteccionismo, y apenas con un pequeño mercado interno. La misma Argentina, con un industrializador como era Perón, necesitó fortificar la capacidad adquisitiva de las masas de trabajadores y obreros. Por eso impulsó los sindicatos, porque el único modo que la industria encontrara un mercado comprador. Pero era una Argentina que no llegaba ni a veinte millones de personas, era un micro mercado insignificante. Perón se da cuenta que eso conduce a quedar “atrapado y sin salida”, e intenta inventar la alianza con Brasil y Chile en el año 51 y hacer el “Nuevo ABC” que es el anticipador del Mercosur. Perón intentaba que las industrias argentinas que él había impulsado, pero que no eran competitivas hacia fuera, adquirieran competitividad al alcanzar una escala en un mercado argentino, brasileño y chileno mucho más amplio. Eso era lo que le daba una salida a ese estar “atrapado y sin salida” de la mera sustitución de importaciones que, por supuesto, generó una sociedad mucho más compleja que la puramente agrario-exportadora, a la que no le hacía falta ingenieros, químicos, economistas, ni contadores; era muy rústica, muy simple. Al intentar generar industria, comienza una complejización y una modernización de la sociedad, pero que se va a encontrar atrapada.

 

Al Uruguay le ocurre esto mucho antes que a otros. Luis Batlle y Gabriel Terra – que son del mismo mundo – reflejan ese intento de industrialización en un micro mercado. Pero cuando entra en crisis la sustitución de importaciones, ésta genera el derrocamiento del batllismo, en el ’58. Porque con un micro mercado, aquello era una industrialización parasitaria, que no pudo mantener un autodesarrollo sostenido.

 

Entonces, comienzan distintas formas de liberalización. Pero el Uruguay pierde sus referencias del mercado inglés y europeo y queda en consecuencia, antes que la Argentina, “atrapado y sin salida”. También Argentina queda “atrapada y sin salida” pero va a colapsar en el 1989, mientras que aquí empieza a colapsar en los años 60, porque nuestras posibilidades eran ínfimas. Entonces Uruguay no encuentra ruta, y a la larga Argentina tampoco la encuentra. Brasil es el que más posibilidades de desarrollo de mercado interno tenía, y es el que menos sufre el “atrapado y sin salida”. Pero finalmente, aquello que en 1951 había sido idea y urgencia de un argentino – Perón -, ahora también le toca a Brasil. Y Brasil se interesa en ampliar las bases humanas y culturales para el desarrollo de una tecnificación moderna. Eso da sentido económico al Mercosur.

 

Además, el Mercosur forma una red de ciudades, a la que llamaría “la medialuna de las tierras fértiles, es decir, un triángulo o un cono, en que está en una punta Brasilia, en la otra Santiago de Chile en la mitad Santa Cruz, Asunción…Y que tiene como eje básico a Buenos Aires y San Pablo. Allí está la red de ciudades y mercados más apta culturalmente para realizar la revolución científico-tecnológica-empresarial que ponga en el mundo a esta red, que es la zona óptima de América Latina, la zona templada o subtropical. No lo es la ecuatorial, que parte en dos a América del Sur con la “olla amazónica” que la incomunica. Con el Mercosur se pone en funcionamiento una nueva estructura de ciudades donde está la más alta acumulación intelectual y económica de América Latina entera, entre Brasilia, Río, San Pablo, Porto Alegre, Santa Cruz, Asunción, Montevideo, Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Santiago; es una red – con muchas otras ciudades importantes – de universidades, mercados, ciencias, y capacidad intelectual, que no tiene igual en América Latina entera. Y están aquí las únicas bases posibles de una gigantesca sociedad industrial. Es el único sitio donde [existen] una multiplicidad y una convergencia de posibilidades en todo el ámbito de la cultura latinoamericana.

 

E: Esto pone en tensión terrible los estados nacionales.

 

MF: Por supuesto. Porque esa red ya no se puede pensar más en términos nacionales fatalmente. Por ejemplo, en la Argentina y Brasil empiezan a operar los estados federales del Brasil o las provincias federales de la Argentina y ¡realizan acuerdos entre sí! Y, por ejemplo, va el Gobernador de Córdoba a San Pablo o a Santa Catarina, a Río Grande con sus empresarios, etc., y de Misiones, viene al Uruguay el Gobernador y habla directamente con el Banco Central, etc. Es un mundo tan complejo que se empieza a vincular en un solo “hinterland” inmenso. Eso desborda la diplomacia convencional anterior, que no puede estar en los arreglos de los municipios en cada punto de la frontera, entre Uruguay, Brasil, Argentina, Paraguay. ¡Es impresionante! Eso escapa al Gobierno Central y se genera un proceso mucho más amplio que el del Estado unitario que representa a los cuatro Estados que forman el Mercosur y a sus dos estados asociados.

 

E: ¿Este proceso no genera enemigos? Los intereses bonaerenses, los de Montevideo, los de Santiago, pierden poder.

MF: Siempre hay cambios de poder, sin embargo hay matices…

 

E: Pensando en un resurgimiento ultranacionalista ante este proceso, ¿qué somos los uruguayos, qué son los paraguayos entonces?

 

MF: No es lo mismo el Uruguay que el Paraguay. Por ejemplo, la épica, la formación del Paraguay, está en el gran holocausto, el gran asesinato histórico que hacen Brasil, Argentina Uruguay contra el Paraguay en la guerra de la Triple Alianza. Entonces sus mitos fundamentales se acuñan en el drama de la Triple Alianza. Cuando en el año ’35 el Paraguay vence a Bolivia en la Guerra del Chaco, esa victoria a lo pirro en una lucha de los dos países más pobres de América del Sur, hace que el Paraguay lleve a López al panteón nacional. La mini-victoria sobre Bolivia le da el sentido de reafirmación, como para recuperar la época de la tragedia, que se concentra fundamentalmente en el Partido Colorado, que es un poco el partido de la nación paraguaya de posguerra del Chaco, y se constituye la conciencia nacional actual del Paraguay. Pero el Mercosur es la inserción del Paraguay en la alianza con los que lo mataron y su épica, en cierto sentido, se convierte en un cuestionamiento a sus aliados actuales, que le dan sentido a la nueva historia. Por ello el Paraguay se encuentra en una crisis terrible de sus mitos fundamentales. Porque al hacerse la “cuádruple alianza”, el mito de la Triple Alianza se convierte en el contrario a lo que tienen que hacer como tarea concreta.

 

Este drama convierte al Paraguay hoy en un batiburillo de aldea inaudito. El Partido Colorado vence, se divide, enjuician al Presidente…A Oviedo, que es el caudillo más popular, lo quieren encarcelar los demócratas, un caos psíquico que refleja el caos del Paraguay en la nueva historia que entra, para la que no está preparado. Todas sus formas de identidad se ponen en cuestión y necesitan ser recreadas. Al punto tal que hace muy poquito vi un reportaje al mayor novelista del Paraguay, Roa Bastos, un hombre ya muy anciano, y que para mi sorpresa dice – no para mal sino como un destino natural – que él piensa que el futuro del Paraguay será asemejarse a una provincia brasileña.

 

Este es un ejemplo de la reidentificación que exige el Mercosur a todos sus participantes, los dramas que esto encierra y los desafíos, porque el Paraguay sin el Mercosur carece de viabilidad, pero sus mitos antiguos ya estaban hechos para el Paraguay solo contra todos sus vecinos, porque de alguna forma nuestra polis, nuestros estados-ciudad se auto afirman con la depreciación radical de sus vecinos.

 

E: Percibo una larga tradición en su pensamiento referido al concepto de la viabilidad, en el sentido de la reinterpretación histórica y del revisionismo histórico. ¿Qué ocurre con el Uruguay en este proceso?

 

MF: El Uruguay cumple un rol de nexo. Es decir que Uruguay y Río Grande del Sur están un poco en el corazón del Atlántico del Mercosur. Hay otros corazones del Mercosur, no es el único, porque esta toda la salida del Pacífico que tiene que pasar por Asunción, por Formosa, por el Chaco, por Salta; o por San Pablo, Buenos Aires, Santiago. Esto hace que nosotros estemos un poco en la “cruz de los caminos”. Estamos en el camino de las dos ciudades, las dos urbes fundamentales del Mercosur, las más ricas como acumulación intelectual, industrial, etc., que son San Pablo y Buenos Aires. El cortocircuito entre esas dos urbes, que es el verdadero cortocircuito argentino-brasileño, está Montevideo y el puente Colonia-Buenos Aires. Estamos en la mediación interior de ese cortocircuito con nuestros puentes sobre el río Uruguay. Por el otro lado somos una de las salidas, no la única salida, de la hidrovía que viene, en cierto sentido desde Santa Cruz de la Sierra por el Paraguay y por el Paraná. De manera que nosotros estamos en un área de desarrollo posible óptimo que es la mejor cuenca hidroeléctrica y energética de América del Sur entera, por que la del Amazonas – que es superior – es relativamente inhabitable hoy.

 

E: Entonces este proceso no nos obliga a redefinirnos tanto como al Paraguay.

 

MF: Menos. Las circunstancias históricas del Uruguay no le plantean dilema tan antinómico como al Paraguay. Además el Uruguay se puede autoconcebir como la frontera viviente de Argentina y Brasil, la más intensa, y en consecuencia hay un nuevo rol de las élites intelectuales y pedagógicas del Uruguay, que es tener un pensamiento abarcador de los dos polos. No sé si la aldea uruguaya tendrá agallas de trascender su “aldeanismo” para abrazar a la vez la historia de Brasil y Argentina. Esa es su tarea fundamental, como le pasa a todos los hombres de la frontera. La frontera es el sitio del encuentro, o sea de la guerra o la solidaridad. Nosotros tenemos que ser la vanguardia del pensamiento solidario del Mercosur.

 

E: ¿El Mercosur trasciende su propia institucionalidad? Suele decirse que en verdad es sólo un acuerdo comercial.

 

MF: No. Es mucho más que eso. El Mercosur es el germen de la posibilidad en América del Sur del surgimiento de un Estado continental, apto para participar en el concierto mundial que solo podrá ser de grandes estados continentales que organicen la globalización del siglo XXI.

 

E: Estados continentales son Estados Unidos, Rusia, China.

 

MF: Estados continentales son Estados Unidos, China, Rusia, la India, intenta serlo la Unión Europea.

 

E: ¿Son estados continentales que a su vez representan civilizaciones?

 

MF: Hasta cierto punto. Por ejemplo, lo que se llama convencionalmente la cultura occidental, son las esferas culturales de base cristiana. Son ámbitos históricos culturales cuyo sello fundamental ha sido o es aún el cristianismo y ahí los ateos son ateos del Dios del cristianismo y en el mundo musulmán son ateos de Alá, que no es lo mismo.

 

Entonces, esos círculos históricos culturales del Occidente están, de alguna forma, diversificados en cuatro áreas principales: una es la europea que conjuga singularmente o intenta conjugar, un área germana, una latina y otra eslava. Alemania, Francia, Polonia, intentan de algún modo la unidad de la multiplicidad europea, una especie de solución austríaca, que contiene los tres elementos: germano, latino y eslavo. La Europa continental es una mezcla católico-protestante. Este sería un círculo. Otro círculo sería el mundo principalmente eslavo ruso que es ortodoxo con algunos ingredientes católicos, pero cuyo sello es ortodoxo; otra sería la esfera anglosajona de los Estados Unidos y el Canadá en la que, aunque individualmente la iglesia católica es la más importante, el sello del conjunto cultural es el protestantismo; y otro círculo está en América Latina, cuyo sello principal es de origen católico aunque hay desarrollo, especialmente en estos últimos años, del protestantismo o el agnosticismo del siglo pasado.

 

E: Así que hay una cierta relación civilización, cultura y estados continentales, y esos pueden tener diversas formas de organizarse como estados únicos o confederaciones.

 

MF: Lo lógico es pensar que los estados continentales se formarían como confederaciones, ya que un estado federal es una forma mucho más unificada. Por ejemplo, los Estados Unidos comenzó por ser un estado confederado. Esta interpretación comenzó a discutirse, ya que los del Norte sostenían que era un estado federal y otros, los del Sur decían que no, que dependía de la soberanía de cada uno de los estados participantes, o sea, que era una confederación. Por ello sobrevino la Guerra Civil en 1860 que se dirimió esta cuestión, vencieron los federales y se unificó mucho más el Estado. Uno supone que para el Mercosur la tendencia es a generar un estado confederal. Lo mismo que para Europa, ya que de hecho un mercado común, con moneda común, etc., genera un estado confederado.

 

E: En esta relación, pienso en Huntington, porque en esta perspectiva aparecen “estados desgarrados” como México, por ejemplo. ¿México pertenece al sur o al norte, se norteamericaniza, o esto no es así?

 

MF: Por ejemplo, es un símbolo muy interesante que en el Sínodo de las Américas en que la Iglesia Católica se apronta a festejar el fin del segundo milenio, con representantes de la Iglesia de los Estados Unidos y Canadá incluidos, que la Virgen de la Guadalupe fuera el símbolo de todas las Américas. Se da el fenómeno singular que la simbólica religiosa típicamente mexicana y latinoamericana es aceptada por el conjunto de la iglesia de Canadá y Estados Unidos. Es entonces un elemento de transculturación que ayuda al mundo de la migración latinoamericana sobre Estados Unidos, es decir no anglifica más, sino que en cierto sentido latinoamericaniza más, aunque no sea esa la intención. Reflejan una subterránea lucha simbólica.

 

E: ¿Cuál es el destino del África en este contexto? ¿Es la marginación?

 

MF: Sólo si nos referimos a los estados del África subsahariana. Está el África musulmana en el norte con Argelia, Túnez, Egipto, que es otro problema, porque el Sahara como el Amazonas divide África en dos. Parecería que los estados nucleares posibles del África hoy por hoy sean, o Sudáfrica – si el experimento tiene éxito-, o Nigeria. Parecería que son los dos polos que más capacidad tienen de nuclear, uno en el sur, y otro en el norte subsahariano, de ser germen de un estado continental. Pero, en cierto sentido, es el continente que más difícilmente pueda dar un salto histórico completo en este siglo, porque mientras la colonización de América Latina y la conquista hispano-portuguesa terminó generando ciudades mediterráneas en América del Sur, en África lo que hay es la lucha de las tribus y de los clanes que intentan el difícil tránsito a una nación. Por otra parte, el elemento nacional en América Latina, la identidad de la nación, es anterior a la particularización de los estados-nación, que necesitaban convertir a sus vecinos en el “malo”, de tan parecidos que eran.

 

E: ¿Es la vuelta de la famosa Patria Grande?

 

MF: Es irremediable. El Mercosur es la instrumentalización económica de la gran oleada latinoamericanista que comenzó en el Uruguay con Rodó, no es sólo con su Ariel sino con su ensayo sobre Bolívar y sobre El Mirador de Próspero. Rodó, Ugarte, Haya de la Torre integran una vasta tradición que se comienza a objetivar ahora en una unión aduanera rumbo a un mercado común que irremediablemente nos lleva hacia un estado confederado continental cuyo núcleo fundamental es el argentino-brasileño. En el que Brasil es todo el rostro luso-mestizo y Argentina es la promesa de representación de todo el conjunto hispano-mestizo de América del Sur que en términos de población, recursos, producto bruto interno, etc. son equivalentes. Es decir, si uno toma la masa continental de América Latina, sus dos rostros ejes que hacen que se llame América Latina, que son el brasileño y el hispano-mestizo, son equivalentes en sus capacidades económicas, culturales, demográficas, etc., o sea que en conjunto hay un igualdad virtual.

 

E: Tendríamos una nación bifronte…

 

MF: Bifronte pero igualitaria, y Brasil en cierto sentido está condenado a una política fraternal para poder entenderse con su vecindad. Porque para política de dominación hay otros, y él no puede pretender competir en este aspecto. Sólo puede competir como política de fraternidad. Esto genera un círculo virtuoso, en que a Brasil le conviene el desarrollo de la Argentina, de Chile, del Uruguay. Y a nosotros nos conviene el desarrollo del Brasil. Es un interés mutuo, porque sino Brasil queda aislado de su vecindad. Huntington equipara a Brasil con la situación de Irán en el mundo árabe. Él dice que en realidad, Irán está limitado por no ser semita, es indoeuropeo y es chíita, y no es sunnita como el resto del mundo árabe, y esto hace que sea difícil una conjugación que permita aunar esos mundos. El paralelismo Brasil-Irán que Huntington cita no es tan así. Primero, dentro de América Latina existe una afinidad nacional infinitamente más intensa que entre iraníes y árabes; segundo, no hay aquí nada parecido a una división entre chiítas y sunnitas; tercero, que ambas “mitades” del continente hablan una lengua hondamente afín. Las expresiones luso-mestizo e hispano-mestizo son dos rostros de un mismo mundo cultural, mucho más afín y cercano a la propia Unión Europea que es de una complejidad inmensa. Las condiciones de unidad son las más simples y sencillas de nuestra historia.

 

E: Finalmente, ¿por qué no se menciona a la geopolítica como una ciencia? ¿Hacemos geopolítica en esta zona del mundo?

 

MF: Geopolítica hacemos todos. Un diputado va a los arrozales y tiene que hablar un léxico de un espacio agrario que tiene determinadas características, determinados oficios, determinados hombres, que es diferente a las zonas ganaderas o a otras zonas. Naturalmente, nosotros somos animales terrestres, o sea espaciales. Es un error terrible hacer historia sin espacio, la historia siempre es una historia espacial. Entonces, naturalmente, el hombre es un animal geopolítico. Pero la tentación de los países no importantes es construir una historia temporal, sin espacio. Eso es característico de los mundos dependientes que no tienen los horizontes de acción de los amplios espacios.

 

Mientras tanto, la geopolítica es inevitable en los países que protagonizan el dinamismo histórico fundamental. Winston Churchill abría sus ojos y no se encontraba con la bella Inglaterra, se encontraba con la bella Inglaterra, con la India, con Sudáfrica…Lo normal de su mundo era mirar un imperio universal, mundial. Era naturalmente geopolítico. Pero un uruguayo, un peruano, un argentino, tienen una geopolítica de barrio, geopolítica de aldea, pero que no trasciende hacia el mundo.

 

Inevitablemente, si América del Sur, a través de su alianza argentino-brasileña, busca un protagonismo para co-participar en el concierto mundial de potencias del siglo XXI, tiene que aprender la estructura del mundo para operar en él. Y tiene que auto-conocerse íntimamente, geopolíticamente, de forma tal que un uruguayo no quede encerrado en Montevideo, sino que mire naturalmente el Amazonas, el Océano Pacífico y los Andes como una parte de sí mismo. Eso implica una revolución intelectual, cultural, económica gigantesca que recién estamos empezando. Pero es la condición de una nueva conciencia histórica mucho más amplia que nos va a poner como copartícipes de un protagonismo histórico en el siglo XXI y no solamente como aldeas en las márgenes de los centros viajantes para imitar, repetir y copiar a lo que esos centros dicen. 

 

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