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ESTAMOS EN LAS VÍSPERAS DE LA BATALLA POR LA RELIGIÓN UNIVERSAL

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Empecemos por abordar el debate presente y futuro entre las religiones.

            El deslinde entre religiones de Dios revelado y religiones de Dios escondido es un poco el epicentro de mi óptica. Para mí hay dos ámbitos básicos. Uno, a partir de San Pablo, en una dialéctica judío-pagana, dice que el cristiano es un poco la asunción y la superación de las dos puntas. En cierto sentido, el mundo pagano es un mundo de Dios escondido, de la inmanencia o de una especie de panteísmo que oscila de suyo con el politeísmo. Y, por otro lado, el mundo de Abraham, que es la irrupción histórica del monoteísmo. Aunque haya habido en culturas primitivas ciertas religiones con subsuelo de un “Diosteísmo”, de un Dios último, pero con el que no había ningún vínculo profundo. Preferían hierofanías más cercanas. Entonces, el judaísmo es la gran matriz del monoteísmo viable históricamente, no los monoteísmos que hubo por ahí, pero que no generaron un fin histórico dinámico.
            Ya desde el comienzo, en el conflicto con los gnósticos, la Iglesia reafirmó su herencia judía. Los gnósticos decían que el Nuevo Testamento era el fundamento del amor, y el Antiguo Testamento era repudiable porque en él había un Dios celoso y duro. La Iglesia rechazó eso formalmente y asumió la continuidad de los dos Testamentos en su interpretación. Y fue un intento de catolicidad, de universalidad. Nuevo Israel porque ella se consideraba no una etnia sino un pueblo universal que abarcaba a griegos, escitas, a judíos, a todos los pueblos. Era un pueblo que se iba a configurar de todos los pueblos. Además, la originalidad que pretendía era ser la novedad definitiva, en cuanto Jesucristo era el Hijo de Dios. Es decir, la culminación absoluta de toda religiosidad posible era que Dios mismo se hiciera hombre de historia.

            Luego, hay otro monoteísmo-abrahámico también- de enorme importancia, que es el Islam. Desde el ángulo cristiano, es como una revancha deuterotestamentaria sobre el Cristianismo. Mahoma inscribe a Jesucristo en la línea de los profetas, pero no acepta que el Otro Absoluto que es Dios haya hecho a otro, y él se considera el último profeta. En ese sentido, en mi interpretación, el Corán es la otra forma de universalización de Israel. O sea, Israel monoteísta -Yahvé- pero no Dios unitrino encarnado en el Hijo del Hombre y en el Hijo de Dios, Jesucristo. Entonces, en cierto sentido el Corán es la ruptura de la etnia, de la particularidad de un pueblo, pero universalizado, ofrecido en principio a todos los pueblos. Son, en cierto sentido, la Iglesia Católica y el Islam, las dos posibilidades básicas de la relación histórica del monoteísmo judío.

            Pero había una tensión entre esas dos derivaciones del monoteísmo original.

            Sí. La presencia musulmana en el Cercano Oriente era sólo parte, porque, en realidad, lo que rodeaba Europa en el fondo era musulmán. Porque los tártaros también se hicieron musulmanes. Desde Alejandro Nevsky también se mezclaba Islam con Rusia. Era como un cerco que hace que Europa, a fines del siglo XV salga por el Océano.

            Hasta ahora venimos hablando del Dios revelado, monoteísta…

            El otro punto es el Extremo Oriente. Para mí el Extremo Oriente es la continuidad de las tradiciones paganas anteriores al mundo judío, cristiano y musulmán. Pero desarrolladas, desplegadas y enriquecidas históricamente. Si el genio del monoteísmo fue Israel, el genio del paganismo fue la India. Las culturas paganas del Lejano Oriente -entendiendo por éste India, China, Japón y Corea- no tuvieron un vínculo íntimo con el mundo cristiano. Lo tuvieron más con el Islam, pero era donde más difícil resultaba el diálogo. Porque Islam es la afirmación radical de la trascendencia absoluta, es mucho más radical que el Cristianismo. El Cristianismo, aun en sus versiones más austeras, para ser cristiano tiene que admitir que por lo menos hay una teofanía encarnada en la historia que es Jesucristo. Aunque sea una tiene que admitir. Como el calvinismo, que borraba todas las mediaciones distintas. Entonces, digamos, hay una relación de hostilidad profunda entre la cristiandad y el Islam, que en el fondo se mantiene hasta ahora.

            ¿Siempre está el desafío musulmán?

            El mundo árabe es rico en los países más diminutos y débiles, y en los países más o menos con cierta potencialidad popular es pobre. Yo veo al mundo musulmán, en lo político, desasistido históricamente.
            Además, por su propia índole, Mahoma es un reformador religioso, un fundador religioso y, a la vez, un fundador político. Es ambas cosas. Uno de los líos fundamentales del Islam es asumir la herencia de la secularidad que deviene del carácter político de Mahoma.
            Entre los católicos es diferente por la separación radical cristiana entre el César y la Iglesia, la separación radical entre el Estado y la Iglesia. Aunque se mantuvieron juntos muchos siglos -por los hábitos paganos sobre los que ese mundo se instauró- esa vecindad se fue horadando tanto que finalmente terminó rompiendo la fusión Estado-Iglesia, aun contra la Iglesia misma, que no sabía reconocer su propio fruto. Pero eso, para mí, acaece no por azar en el mundo cristiano. La separación radical de Iglesia y Estado no podía ocurrir ni en el mundo judío ni en el islámico. La tendencia de los dos es la unificación porque el pueblo secular y el pueblo sacro son lo mismo, mientras que en la Iglesia no. Eso me parece que es básico.
            Hay algunos indicios favorables en los intentos de terminar el conflicto entre Israel y el mundo árabe. Me parece que es una condición muy importante para el inicio de una relación diferente incluso del mundo cristiano con el mundo árabe. Es una cosa muy importante. Europa siente como un peligro con el fundamentalismo musulmán, que está en las antípodas del escepticismo posmodernista que rige en Europa.
            Pero nosotros, en América Latina, es el asunto que nos toca menos. América Latina carece de experiencia sobre el Islam, nada más que como el recuerdo de los conquistadores que hacían que los indios representaran obras teatrales contra los moros, y esas cosas, pero no tuvo realidad. El mundo musulmán en América no tuvo realidad, salvo en algunos sectores de origen negro que venían de las zonas africanas “musulmanizadas”, pero que se ubicaron en el norte del Brasil o en Estados Unidos: los yorubas. Pero entre nosotros, esos sectores eran bantúes, eran paganos, no musulmanes.
            Mientras que para Europa el Extremo Oriente es más lejano que el Islam, con el que tuvo siglos de líos, creo que para nosotros es mucho más fácil una presencia del Extremo Oriente que una presencia del mundo musulmán. Y de hecho creo que está ocurriendo así.

            ¿Y cómo se plantea esa relación entre el cristianismo americano y el extremo Oriente?

            El asunto de la relación mundial de las religiones entre sí no se empezó a plantear realmente hasta ahora. Antes el problema que se planteaba era Iglesia, secularización y ateísmo. Pero no con las otras religiones. ¿Por qué? Porque el polo era la existencia de una sociedad atea secular oficializada como potencia mundial, que era la URSS: la originalidad de un ateísmo mesiánico, cosa que no había ocurrido en la historia nunca. Todos los ateísmos que habían existido antes eran ateísmos libertinos, pero no mesiánicos.
            El hundimiento de la URSS generó una interrogación eje: un enemigo ha desaparecido de golpe, pero la historia es una dialéctica fundamental amigo-enemigo. Como cristiano pienso que justamente ahí está la originalidad central de Cristo, que no fue el amor al prójimo, fue el amor al enemigo: pidió que amaran al enemigo. Me parece que es la originalidad más esencial, en el sentido de que la dialéctica amigo-enemigo en términos cristianos no es el aniquilamiento del enemigo, sino el recuperarlo como amigo.
            Sin embargo, todo el Evangelio se funda en la idea de que Satán es príncipe de este mundo, o sea que el enemigo es el que ordena el mundo. La contradicción, la enemistad está en el centro del mundo, y eso es lo que hay que desarraigar del mundo. En los otros y en unos mismo.

            Políticamente ¿cómo se proyecta eso?

            Para mí, la URSS, al sucumbir, me lleva a interrogarme acerca de quién es el enemigo sucesor, porque sé que habrá enemigos hasta el último día.
            ¿Cuál va a ser ese enemigo? Entonces, ahí empecé por lo más cercano. Pensé que el enemigo iba a ser la forma más primigenia del ateísmo occidental, o sea el ateísmo libertino. Pensé eso, con ingenuidad: el ateísmo libertino, la primera forma de ateísmo en Occidente, cuando en las primeras guerras de religión los cristianos se asesinan y, entonces, hay sectores de la aristocracia que se vuelven escépticos: no creen más en ese Dios por el que se mata. El escepticismo se liga rápidamente al libertinismo: vivre au jour le jour, acercarse a las cosas más vulgares. Y eso se objetiva en el mito de Don Juan. Tirso objetiva lo que está pasando en gran parte de la aristocracia europea en los siglos XVI y XVII. La palabra “libertino” es inventada por Calvino. Eso va tomando importancia y va a culminar en la sociedad cortesana del siglo XVIII: su apogeo es Sade, “el divino marqués”, como decía Valle Inclán. Eso era el agotamiento de un ateísmo aristocrático: cuando Robespierre habla de ateísmo dice “el ateísmo es de los aristócratas. La Revolución es teísta”.

            ¿Por qué señalaba que se confundió al pensar eso?

            Porque yo pensé que la fase del capitalismo apoyada, no sobre el trabajo productivo ante todo, sino sobre los consumidores, había implicado en los años 60 el renacimiento del surrealismo, de Sade, de digamos todos los mitos sumamente consumistas, porque Sade es el ateísmo libertino puramente consumidor, es un mundo sumamente ocioso. Sancho Panza, las clases bajas, no son ateas y libertinas: serán cristianos pecadores, pero no ateos libertinos. Esto último son las clases altas. Se daba la singularidad, en los años 60, con la expansión mundial máxima del capitalismo, con un éxito sin precedentes en la historia, llevaba a democratizar las formas del ateísmo libertino, entonces está el cine porno, los destapes, las estrellas como Madonna…

            Sin embargo, después de la caída de la URSS en realidad lo que se ve es una proliferación de cultos.

            Pero yo pensé, al comienzo, que lo que quedaba era el “destape” universal. Sin embargo, ahí empecé a ver la expansión simultánea del yoga, de las formas de las comidas, del zen, de las artes marciales, que generalmente son coreanas y japonesas pero hijas del zen o de formas del budismo, porque Buda no es de los brahmanes, es de la aristocracia. Es una religión oriunda de la clase aristocrática hindú, no de la sacerdotal. Y empecé a pensar: ¿Y el budismo por qué? Y pensé que en realidad el budismo es el otro rostro, el rostro inverso, del ateísmo libertino. Es decir que es el anti-deseo, mientras que Sade es la exacerbación infinita del deseo. Buda es la eliminación absoluta del deseo, la serenidad, el Nirvana.
            Pero pienso que la exacerbación del deseo genera la antípoda, que es el control y el exorcismo absoluto del deseo. Entonces escribí un articulito en el 90, diciendo que Buda era el otro rostro de Sade, pero no había percibido que lo que unificaba a los dos era el hinduismo. Eso lo veo en la New Age.

            ¿Pero la New Age no tiene también una dosis de asimilación de conceptos occidentales?

            Obviamente, es una mezcla. Pero hay un deseo de irse de Occidente judeo-cristiano en dirección al Oriente. ¿Qué significa Oriente? Allí me cae el asunto New Age, porque yo empiezo a ver la explosión editorial New Age, recorriendo las librerías, en México, en Buenos Aires, acá. ¿Qué es lo que está pasando? Porque yo nunca había visto una cosa semejante.
            Ahí empecé a percibir, a juntar, porque mi natural modo de pensar es político, religioso, cultural. No soy abstracto en mi manera de pensar: entonces, estaba todo el asunto del poder de Japón. Cómo los Estados Unidos tenían su competencia con Japón, en los tigres asiáticos. Leí a Capra y leí La Era de Acuario, y ahí me empecé a dar cuenta de que el asunto venía de muy hondo, porque los tipos eran de la generación hippie. Eran los hijos de los 60 que empezaban a escribir. Era el otoño de Zabriskie Point, yo dije “¡Adónde han ido a dar los hijos de Zabriskie Point! Han ido a dar a Buda y a todas estas cosas, y a la era de Acuario”. Yo pensaba que Zabriskie Point terminaba en Sade, pero era un error mío.

            ¿Vincula esto al fenómeno económico de traslado del eje económico mundial del Atlántico al Pacífico?

            Sin duda. Porque el Cristianismo, para mí, mató la forma del paganismo helenístico, en la ecúmene helenística, al gnosticismo helenista, al maniqueísmo, a las distintas religiones mistéricas: lo convirtió en literatura. Para los cristianos eso era la liquidación absoluta del paganismo, pero no era así. Esa ilusión se mantuvo porque, luego, los cristianos se encontraron con formas del paganismo que no estaban a la altura cultural de ellos, como el mundo azteca, el mundo inca, los aborígenes, etc. Era tal el desfasaje entre las culturas relativamente primitivas indoamericanas y el mundo europeo, en cuanto a niveles culturales, que no hubo verdadero diálogo entre las formas del paganismo indígena americano y el mundo europeo. Tampoco hubo diálogo con el mundo africano negro, no musulmán. Eran los mismos curas o misioneros quienes investigaban lo que pensaban los aborígenes. Pero en cambio no penetraron en los núcleos centrales hindú, la China y el Japón, que es donde las formas del paganismo continuaron históricamente elaborándose, enriqueciéndose. Y el mundo europeo sólo accede a eso realmente en el siglo XIX. El encuentro con el Extremo Oriente es reciente. No es de hace dos mil años, es de ahora.

            Hablaba del hinduismo como una síntesis…

            En realidad hinduismo es una palabra muy ambigua, porque hay varias religiones posibles allí dentro. Es un nombre abarcativo de varias religiones distintas, varias espiritualidades distintas, formas de religiosidad diferentes. Es un nombre muy genérico, ambiguo y confuso, pero que designa un subsuelo panteístico fundamental. Y eso no ha sido recreado por el mundo cristiano, eso está pendiente. Me parece que la originalidad del asunto es que este encuentro entre Occidente y Extremo Oriente se da junto con el pasaje del centro del poder mundial desde el Atlántico Norte hacia el Pacífico. Se ha trasladado el poder de los Estados Unidos del Este, los peregrinos del My Flower y los negros hacia los asiáticos y mexicanos de California. El asunto está en Los Ángeles, y en el Silicon Valley. Todo eso sale del mundo californiano. Los Estados Unidos se han desbalanceado. El mundo hegemónico pasó a California que es el lugar del encuentro con el Oriente. Y de ahí viene el New Age.

            ¿Qué piensa sobre el futuro de la New Age?

            En cuanto a mi impresión sobre el New Age, me he encontrado con que Osvaldo Spengler tiene una percepción muy extraordinaria sobre estos hechos que venimos comentando. Yo pensé por qué se le ocurrió a Spengler este enfoque de La decadencia del Occidente que está escrita en los años de la belle èpoque, una minisociedad de consumo augural. Es como un augurio de la futura sociedad de consumo. Él allí dice que el mundo del materialismo fáustico reduce el mundo a una física en su sistema -en función a una estructuración matemática- que sólo sirve si logra realizaciones tecnológicas efectivas. La verificación de la teorética físico-matemática es la tecnología eficaz, pero eso no da sentido a más nada. Genera instrumentos, pero no genera sentidos. En consecuencia, todo el campo del sentido de las cosas se hace asfixiante. Como el materialismo llega a su apogeo, agrega, en su victoria total necesita distenderse un poco, concederse cosas raras, extraordinarias, prodigios, sorpresas, exotismo. Esa distracción de la razón instrumental -porque el mundo se le hace un poco inhabitable- empieza a generar lo que él llama “una segunda religiosidad”, cuyo comienzo es la descomposición del vacío racionalista, la muerte del materialismo fáustico. El vacío es tal que empiezan los remedos religiosos, un budismo de salón, espiritismo. En las élites se empieza a jugar a la religión, se empieza como un juego en que en el fondo no se cree. No creen pero juegan, porque sienten la necesidad de un sentido que no surge de la mera eficiencia tecnológica. Es, dice Spengler, como una especie de pseudoreligiosidad que está ocultando una necesidad real. Esa necesidad va a dar pie a la segunda religiosidad, que es una religiosidad no de élites sino de masas. Los rasgos de la segunda religiosidad, en las grandes urbes, la decadencia de las civilizaciones, son las religiosidades, los mitos primitivos, se reformulan pero no como forma viviente. A la gente la demostración racional ya no le sirve para nada, no le da sentido a más nada. Hay como un derrumbe del racionalismo científico en las masas, pero hay una religiosidad que él define como ahistórica. Porque para él las religiosidades primitivas son ahistóricas.

            ¿Por qué ahistóricas?

            En el fondo Spengler dice que la civilización fáustica es la que nace con el gótico. Y el rasgo es el infinito: el hombre lanzado hacia el infinito. Es la cultura histórica por antonomasia, cuyas metas están en una especie de historia infinita pero que avanza, un progresismo o una escatología hacia la que se va. Mientras que la segunda religiosidad es una religión estancada, es decir, ya no cree que vaya a ningún lado; es una religiosidad mágica de supersticiones. No tiene un impulso dinámico hacia una meta prometida como eran las corrientes mesiánicas.

            ¿Cuál es la predicción que puede hacer en el debate religioso del próximo siglo?

            Yo creo que viene una era de un sincretismo muy grande. De una amorficidad muy grande, que ya existe, pero va a continuar unos años más.

            La Iglesia ha sido, en algunos episodios históricos similares, bastante tolerante.

            Claro. Creo que hay que tolerar, que tiene que asimilar mucho, tiene que exponerse. Claro que el sincretismo puro es la autodisolución, pero de alguna forma sólo se sintetiza si te has expuesto a los peligros sincréticos. No se sintetiza en un salto, sino con experiencias sincréticas, incompletas, dificultadas, con insuficiencia. Me parece que hay un gran desafío a las formas del Cristianismo, de parte del hinduismo y de algunas ramas del budismo. El desafío trata sobre cuál de las religiones ostenta la universalidad más abarcante realmente. Es decir, si de alguna forma la Iglesia no logra asumir desde sí misma elementos esenciales del hinduismo, del budismo, y no los sabe reasumir en una reformulación incorporada a su tradición de catolicidad, su catolicidad es un fracaso. Está desafiada a ser más católica que nunca, católica en el sentido universal. Y creo que frente al budismo, o la New Age, o el grupo que sea, tendrá que generar una respuesta religiosa con una universalidad que incluya y no que extirpe.

            O sea que la batalla es por la religión universal.

            Eso es lo que está en vísperas. La aldea total necesita una religión que asuma todas las tradiciones religiosas mundiales. Y el debate de los cristianos lo veo más con los paganos que con el Islam.

            El verdadero dilema católico es incorporar estas formas religiosas a una forma de Dios revelado monoteísta.

            Exacto. 

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ALBERTO METHOL FERRÉ

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