DE LA SEPARACIÓN A LA INTEGRACIÓN. DE ALBERDI A PERÓN Y EL NUEVO ABC

A Perón, el Nuevo ABC

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Alberdi, tan cercano a las luchas por la Emancipación, mantuvo siempre una atención geopolítica al conjunto de América Latina. El corto e intenso tiempo de la Emancipación fue una tensión incesante entre Separación e Integración. Venció la Separación. Fue un proceso creciente e inexorable desde la segunda mitad del siglo XIX, ensimismado cada vez más en historias “nacionales” aparte. Luego de la Guerra de la Triple Alianza y del Pacífico, la Separación se asentó definitivamente. Solo importaban las cuestiones de cada uno en su casa. Europa y Estados Unidos se hicieron vecinos de ultramar y nuestros vecinos latinoamericanos cayeron en el olvido. Solo los “raros” podían entretenerse con cuestiones latinoamericanas.
La primera mitad del siglo XX fue el apogeo de la Separación, de la alienación europeísta y de la hegemonía norteamericana, objetivada en Chapultec y la OEA. Pero esto no significa que la Integración muriera. Por el contrario, había ido retomando paulatina fuerza desde la generación latinoamericana del 900, hasta culminar en la propuesta del Nuevo ABC de Perón en 1951. Esto marcará el regreso definitivo de la Integración como política central latinoamericana. Pero la recreación de Alberdi y su designio de desarrollo, vendría no de la exclusión de Brasil, sino por lo contrario: por hacer de la Integración de Argentina y Brasil el corazón y la base de la Integración latinoamericana.
Veremos sucintamente el renacimiento de la Integración en el siglo XX, que domina en esta apertura del siglo XXI con el Mercosur y la Comunidad Andina poniendo el escalón de una zona de libre comercio, para alcanzar la Unión Sudamericana. Vuelve más poderosa de sus crisis, la dinámica de la Integración.
Una síntesis de su itinerario. En el 900 el Ariel de Rodó marcó dos pautas. Una para los intelectuales y otra para los estudiantes universitarios. Con los primeros, fijó la gran tarea intelectual de recuperar la conciencia histórica de América Latina como conjunto rompiendo las fragmentaciones aldeanas, como necesidad urgente para responder al nuevo destino. Y esto porque la emergencia de los Estados Unidos como Estado Continental Industrial incontrastable fijaba el Nuevo Paradigma de toda posibilidad de protagonismo histórico. Los atrasados países latinoamericanos separados entre sí se condenaban a la impotencia. Enseguida del Ariel, Rodó decía que nuestra cuestión de la unidad nacional se parecía aunque en escala mayor a la de Italia: reunir las patrias chicas en una “Magna Patria”, de la unión continental. Esto se hizo la intuición fundamental de la generación del 900 que coincidía sin saberlo con la perspectiva simultánea de Federico Ratzel el geopolítico alemán que viendo la emergencia de los Estados Unidos anunciaba el fin de los estados nación importantes hasta entonces, y la apertura del siglo XX como la “era de los Estados Continentales” (“Industriales”) únicos capaces de protagonismo histórico por eso creía que las naciones de Europa si no alcanzaban la Unión Europea quedaban fuera de la historia y auguraba que quizás solo si la gigantesca Rusia aceleraba su despegue industrializador podría competir con Estados Unidos. Solo los Estados Continentales serán los creadores en delante de la historia de nuestro tiempo. Los demás solo podrán ser periferia. Periferia de lamento, furia o silencio.
Así, nuestros intelectuales alcanzaron por primera vez una visión histórica totalizante de América Latina: a través de Manuel Ugarte (“El porvenir de la América española”. 1910), del venezolano Blanco Fombona (“La evolución política y social de Hispanoamérica. 1911), del peruano García Calderón (“Las democracias latinas de América” y “La creación de un continente”. 1912 y 1913) así como la polifacética y vasta obra del mexicano Carlos Pereyra hasta los años 20. Así se alcanzó una visión integrada de América Latina en su historia, que es condición de toda lucha en serio por la Integración. Incluso aparece en 1919 la primera visión geopolítica global del español Carlos Badía Malagrida, seguidor de Ratzel, con su obra: “El factor geográfico en la política sudamericana” (1919).
En relación a la pauta con los estudiantes universitarios les fijó el horizonte latinoamericano como razón de sus nuevas empresas generacionales. Vinieron entonces las grandes agitaciones estudiantiles desde el Congreso de Montevideo de 1908 y de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918, que culminaron con la fundación del partido del APRA por Haya de la Torre.
Era ya la crisis de 1929 y el comienzo de una nueva época de América Latina: la lucha por superar las sociedades agro o minero exportadoras en la Sociedad Industrial. Haya de la Torre es el gran sintetizador de las nuevas exigencias, en sus tres dimensiones básicas: Democratización, Industrialización e Integración. Las tres se exigen recíprocamente, ninguna puede alcanzar su cumplimiento sin las otras dos. Esa es desde entonces, la gran batalla de nuestro tiempo latinoamericano. Lo intuía Alejandro Korn en 1925 cuando proponía hacer “Las Nuevas Bases”.
De los estudiantes se había pasado a los nuevos partidos “nacional populares” pero el viraje estratégico la verdadera creación de una política sudamericana vendría con la propuesta de Perón del Nuevo ABC. ¿Qué significa esto?
El Barón de Río Branco pensaba que en la América del Sur, a inicios del siglo XX no era posible ninguna Liga de todos nuestros países, pero con el fin superior de utilidad a todo el continente podía hacerse una alianza de poder efectivo más sencilla y eficaz para poner a recaudo nuestra herencia y asegurar el común derecho de trabajar y prosperar en paz. Y terminaba afirmando “y el día que no haya sino un pensamiento y una acción en toda cuestión internacional que afecte a todo el continente, no habrá osadía ni arbitrariedad bastante fuerte para imponernos una vejación. Cuando ya no sea cuestión de ocupar un puerto, sino de bloquear todo un continente entre dos océanos, las cosas cambiarán sustancialmente, no sólo para la seguridad, sino para el prestigio y el rango de Sudamérica” (Ver “El Brasil. Su vida. Su trabajo. Su futuro.” Buenos Aires 1908 de Luis Bernardez. Página 165-166).
En 1951 Perón retoma el ABC en otras condiciones históricas, ya no solo de agropecuarios sino en lucha por construir la sociedad industrial. Así la Integración se vuelve necesaria para constituir un mercado común de escala suficiente para las industrializaciones de Argentina, Chile y Brasil.
El mismo Perón resume así lo medular de su enfoque en un artículo firmado por Descartes en el diario La Democracia el 20 de diciembre de 1951, hecha ya su propuesta de Nuevo ABC al Brasil de Vargas y al Chile de Ibañez. Y que se titula “Confederaciones Continentales”. Lo más esencial dice así:
“Varios estudiosos del siglo XIX ya habían predicho que al siglo de la formación de las nacionalidades, como se llamó a este, debía seguir el de las Confederaciones Continentales”.
“América del Sur, moderno continente latino, está y estará cada día más en peligro. Sin embargo, no ha pronunciado aún su palabra de orden para unirse”.
            “La unidad comienza por la unión y ésta por la unificación de un núcleo básico de aglutinación.
El futuro mediato e inmediato, en un mundo altamente influido por el factor económico, impone la contemplación preferencial de este factor. Ninguna nación o grupo de naciones puede enfrentar la tarea que un tal destino impone sin unidad económica.
El signo de la Cruz del Sur puede ser la insignia de triunfo de los penates de la América del hemisferio austral. Ni Argentina, ni Brasil, ni Chile aisladas pueden soñar con la unidad económica indispensable para enfrentar un destino de grandeza. Unidas forman, sin embargo, la más formidable unidad a caballo sobre los dos océanos de la civilización moderna. Así podrían intentar desde aquí la unidad latinoamericana con una base operativa polifacética con inicial impulso indetenible.
Desde esa base podría construirse hacia el norte la Confederación Sudamericana, unificando en esa unión a todos los pueblos de raíz latina. ¿Cómo? Sería lo de menos, si realmente estamos decididos a hacerlo.
Si realmente esta confederación se espera para el año 2000, que mejor que adelantarnos, pensando que es preferible esperar en ella a que el tiempo nos este esperando a nosotros”.
“Unidos seremos inconquistables; separados, indefendibles. Si no estamos a la altura de nuestra misión, hombres y pueblos sufriremos el destino de los mediocres. La fortuna nos ha de tender la mano. Quiera Dios que atinemos a asirnos de ella. Cada hombre y cada pueblo tienen la hora de su destino”
Este texto de Perón es de claridad meridiana. Es de señalar que para Perón era muy importante la participación de Chile por la bioceanidad de la Alianza propuesta. Pero la esencia es la unidad de Brasil y Argentina: esta es la “base operativa, polifacética, con inicial impulso indetenible”.
Brasil es la mitad luso-mestiza de América del Sur y Argentina su principal país hispano-mestizo. Su alianza incluye necesariamente su frontera, que son Bolivia, Paraguay y Uruguay. La integración de América del Sur tiene ya su piedra fundamental.
El Nuevo ABC fue destruido por la oposición que llevó a Getulio Vargas a su trágico fin.
Por otra parte cabe señalar que hombre importante del Presidente Ibañez de Chile fue entonces Felipe Herrera, otro de los precursores de las “uniones regionales” como camino hacia los Estados Continentales, como ya la Europa con Francia y Alemania habían emprendido tal marcha.
Luego se volvió a la unidad básica de Brasil y Argentina a través de Alfonsín y Sarney, de Menem y Collor. El Mercosur es su realidad actual y su vocación la hizo explícita el Presidente Cardoso cuando en el 500 aniversario de Brasil invitó a los presidentes de las repúblicas hispanoamericanas de Sudamérica, inaugurando el camino hacia la Unión Sudamericana.
La fortaleza del Mercosur ha sido reafirmada por el consenso de Buenos Aires de los presidentes Lula y Kirchner.
Recapitulación final. Hemos visto las vastas perspectivas de Alberdi. Perón será su gran continuador. Trascendidas ya las Bases argentinas para la superación agropecuaria del desierto, Perón puso las Nuevas Bases para el nuevo tiempo de la lucha por la sociedad industrial moderna latinoamericana, su Integración y su más radical Democratización. Muchas Gracias.
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